España tiene cierta tendencia a las fronteras atípicas. El término municipal de Llívia o la frontera por turnos —seis meses francesa, seis española— de la Isla de los Faisanes, entre Irún y Hendaya son dos buenos ejemplos. En esta línea, la geografía española tiene el curioso honor de albergar la frontera más breve del mundo. Son apenas 85 metros de arena que separan España y Marruecos en tierra africana por la posesión española del Peñón de Vélez de la Gomera.
Un fenómeno natural unió el Peñón a África, dando pie años después a una frontera entre España y Marruecos que es la más pequeña del mundo
España tiene cierta tendencia a las fronteras atípicas. El término municipal de Llívia o la frontera por turnos —seis meses francesa, seis española— de la Isla de los Faisanes, entre Irún y Hendaya son dos buenos ejemplos. En esta línea, la geografía española tiene el curioso honor de albergar la frontera más breve del mundo. Son apenas 85 metros de arena que separan España y Marruecos en tierra africana por la posesión española del Peñón de Vélez de la Gomera.
El punto y final al Protectorado de Marruecos, firmado y ejecutado en la primavera de 1956, no supuso el fin de todas las posesiones españolas en el norte de África, sino solo de aquellas que formaban parte del Protectorado. Ceuta y Melilla, incorporadas a la Corona española en los siglos XVII y XV; respectivamente, quedaban fuera de la unidad política del Protectorado, como otros territorios asumidos por conquista o que, simplemente, fueron ocupados al estar deshabitados. Es el caso de Alhucemas, las islas Chafarinas o, en última instancia, el propio Peñón de Vélez de la Gomera.
El enclave tuvo valor en el siglo XVI como punto desde el que emboscar a los corsarios del Mediterráneo
El valor del Peñón en el siglo XVI era estratégicamente alto. En un Mediterráneo anterior a la Batalla de Lepanto, la roca permitía emboscar a corsarios y proteger los intereses españoles en las cercanías del Estrecho. Conquistado en 1508, fue definitivamente tomado para España en 1564, en una expedición ordenada por Felipe II para controlar el norte de África.
Y así, desde entonces, el Peñón de Vélez de la Gomera vivió como peñón… hasta que un día se despertó como península.
Que no se tenga certeza de cómo cambió el peñón su estatus de accidente geográfico es explicativo de la pérdida de relevancia a la que le condenó el paso de los años. Un terremoto, o quizá una tormenta, de entre 1930 y 1934 provocó un desplazamiento de rocas, tierra y arena que creó un istmo entre el Peñón de Vélez y la costa del norte de África. La lengua de tierra de entre 85 y 88 metros de ancho —en función de la marea— en su base no tuvo relevancia alguna hasta que el acuerdo entre Marruecos y España de 1956 obligó a dibujar una frontera. El istmo que apenas 30 años antes no existía se convirtió así en la frontera más breve del mundo.
Además de la geografía física y política, la geografía humana también jugó un papel en la necesidad de establecer una límite territorial. A pesar de su aspecto inhóspito, en la década de 1950 el Peñón de Vélez de la Gomera estaba habitado. El censo de 1950 cuenta a 24 varones y nueve mujeres, un número muy alejado de los 400 y 398 habitantes censados en 1910 y 1920, según los datos recogidos por el historiador Francisco Quirós Linares. La población volvió a aumentar considerablemente en los años siguientes a 1956, coincidiendo con la retirada española del Protectorado de Marruecos. En 1960 el Peñón contaba con 152 habitantes, 139 de ellos hombres, debido al reacuartelamiento producido en los territorios españoles del norte de África.
Hoy, el Peñón de Vélez y sus 19.000 metros cuadrados albergan a un destacamento militar, un faro, un helipuerto, un equipo telemédico y restos de viejas edificaciones y murallas. Desde el fin del Protectorado apenas se han dado dos conflictos internacionales —por 85 metros, sí, pero internacionales— menores entre Rabat y Madrid por el enclave. Uno en 1958, cuando Marruecos cerró la exigua frontera del Peñón para dejarlo sin suministros. La situación se resolvió en cuatro días. El segundo fue el 29 de agosto de 2012: siete activistas desplegaron cuatro banderas marroquíes en la roca. El conflicto se cerro en unas horas.
Por lo demás, no queda rastro alguno ni de viejos corsarios… Ni de actuales migrantes.
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