Los cinco pasos del Gobierno para desincentivar el intento de cruce masivo que frenó Rabat

El Gobierno comenzó a principios de semana a tomarse en serio, tras las alertas de los servicios de información que se habían logrado camuflar en grupos de redes sociales, la posibilidad del intento de cruce masivo en Ceuta, que terminó frenando ayer Marruecos. Los distintos ministerios a los que salpica la cuestión migratoria pusieron en marcha la maquinaria para lanzar el mensaje, a sabiendas de que es imposible de cumplir, de que todo aquel que entra irregularmente en España será expulsado. Una semana intensa, con un carrusel de ministros visitando Ceuta, en la que Moncloa ha elevado su tono en materia de migración, con malabares para no molestar a Marruecos. Los objetivos del plan, resumidos en cinco puntos: que no se repita la avalancha de finales de julio (logrado ayer) y que salgan el mayor número de inmigrantes que quedan en Ceuta (aún por conseguir).

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 Los distintos ministerios implicados pusieron en marcha la maquinaria para lanzar el mensaje, a sabiendas de que es imposible de cumplir, de que todo aquel que entra irregularmente en España será expulsado  

El Gobierno comenzó a principios de semana a tomarse en serio, tras las alertas de los servicios de información que se habían logrado camuflar en grupos de redes sociales, la posibilidad del intento de cruce masivo en Ceuta, que terminó frenando ayer Marruecos. Los distintos ministerios a los que salpica la cuestión migratoria pusieron en marcha la maquinaria para lanzar el mensaje, a sabiendas de que es imposible de cumplir, de que todo aquel que entra irregularmente en España será expulsado. Una semana intensa, con un carrusel de ministros visitando Ceuta, en la que Moncloa ha elevado su tono en materia de migración, con malabares para no molestar a Marruecos. Los objetivos del plan, resumidos en cinco puntos: que no se repita la avalancha de finales de julio (logrado ayer) y que salgan el mayor número de inmigrantes que quedan en Ceuta (aún por conseguir).

1. Subir el tono del discurso

Dos pesos pesados del ala socialista del Gobierno elevaron a comienzos de semana el tono del discurso migratorio: los ministros de Exteriores y Justicia, José Manuel Albares y Félix Bolaños, respectivamente. El más contundente fue el jefe de la diplomacia española quien aseguró que “hasta la última persona” que entró irregularmente en España volvería a Marruecos al ser la “voluntad expresa” de Rabat. Sus declaraciones, que causaron estupor en otros departamentos como Interior, Migraciones y Juventud e Infancia, obviaban que en las repatriaciones de menores debe primar el interés superior del menor por encima del de ambos países. También ignoró que los migrantes subsaharianos, que representan un buen número de las personas que continúan en Ceuta, está en su derecho de pedir protección internacional. La mera admisión a trámite de la solicitud de asilo conlleva, según la legislación vigente, la autorización de entrada y la permanencia provisional en España de la persona solicitante.

2. No molestar a Marruecos

El Gobierno ha continuado con su línea diplomática de no molestar a Marruecos ni por su permisividad en la frontera durante el salto masivo por el que entraron más de 70.000 personas ni por la recuperación de sus reivindicaciones soberanistas sobre Ceuta y Melilla. No solo porque el reino alauí tiene la llave del grifo de las entradas irregulares, sino porque la prioridad del Ejecutivo, según fuentes ministeriales, sigue siendo el retorno del máximo número de migrantes que permanecen en la ciudad autónoma. Y esto solo es posible si Rabat, como desde el pasado 31 de julio, mantiene abierta la puerta de regreso a su territorio en el control fronterizo, por la que la Policía sigue devolviendo una media de 200 personas por día. Una cifra que se vio superada con creces el miércoles, cuando los agentes custodiaron hasta la frontera a 345 marroquíes mayores de edad.

Las fuerzas de Seguridad de Marruecos vigilan este sábado a decenas de migrantes subsaharianos que vinieron a las afueras de la urbe fronteriza de Castillejos.
Las fuerzas de Seguridad de Marruecos vigilan este sábado a decenas de migrantes subsaharianos que vinieron a las afueras de la urbe fronteriza de Castillejos.Mohamed Siali / EFE

3. No hablar de traslados de menores a las Comunidades Autónomas

La polémica por el reparto de menores migrantes entre comunidades autónomas pasó a un segundo plano después de que el Gobierno, a través del ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, asegurase que la “prioridad” era la reagrupación familiar, como también dice preferir Marruecos. Detrás de este giro del argumentario se esconde, según advierten las mismas fuentes, la “necesidad” de evitar que se propagara la idea de que los migrantes acabarán cruzando a la Península, distribuyéndose entre regiones. Es decir, se pretendía neutralizar un posible efecto llamada en ciernes de una nueva intentona de cruce masivo. Sin embargo, tanto en Política Territorial como en Juventud e Infancia saben que la opción más viable para aliviar el sistema de acogida de menores en Ceuta, como ya sucedió en Canarias, es la distribución obligatoria, que ambos ministerios se esforzaron en aprobar por ley.

4. Contrarrestar los bulos en las redes sociales, como no se hizo antes

A toro pasado, en el Gobierno admiten que los bulos que corrieron como la pólvora sobre la sentencia del Tribunal Supremo que determinó que no se permiten las devoluciones en caliente de los inmigrantes interceptados en el mar y sobre la regularización extraordinaria no fueron contrarrestados por voces oficiales antes del salto masivo. La Moncloa dio por aprendida la lección. Durante esta semana desde canales como el perfil en X de la embajada española en Marruecos se han lanzado sucesivos mensajes con “información verificada”, en los que se difundía que “entrar irregularmente en Ceuta o Melilla no da derecho a permanecer en España ni a acceder al resto de Europa”. “Toda información en sentido contrario es FALSA”, añadían. Incluso la Guardia Civil, en mensajes en tres idiomas, se unió a 24 horas de la convocatoria del 15 de agosto con un “si te lanzas al mar, probablemente morirás. Si logras cruzar, habrás accedido ilegalmente y te devolverán”.

5. No confrontar con el presidente de Ceuta

El Gobierno tampoco ha entrado en la confrontación con el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, del Partido Popular, quien en sus llamamientos desesperados de ayuda para evitar otra “invasión” ha lanzado propuestas que en cualquier otro momento hubiesen levantado una enorme polvareda en la Moncloa. Vivas ha pedido la construcción de un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) temporal para encerrar a las personas que entraron irregularmente o incluso suspender el derecho al asilo, invitando implícitamente al Gobierno a saltarse la legislación nacional y los tratados internacionales.

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