Monty Hall fue un famoso presentador de televisión conocido por el popular programa de concursos estadounidense Let’s Make a Deal o Trato hecho . Su nombre bautizó el famoso “dilema de Monty Hall” que técnicamente es una paradoja matemática de lo más aplicable. Deben elegir entre tres puertas: detrás de una de ellas hay un coche (el éxito) y detrás de las otras dos hay cabras (el fracaso). Tras la elección inicial del concursante, Monty abre una de las puertas restantes para mostrar una cabra. En ese momento, ofrece al jugador la oportunidad de cambiar su elección inicial por la otra puerta cerrada. La matemática demuestra que cambiar de puerta duplica las probabilidades de ganar (pasa de 1/3 a 2/3), porque la acción del presentador traslada toda la probabilidad de fallo original al último casillero disponible. ¿La paradoja? La mente humana cree, sin embargo, que la probabilidad es 50/50. Error. ¿La realidad? El cambio de contexto altera siempre las probabilidades estadísticas.
Monty Hall fue un famoso presentador de televisión conocido por el popular programa de concursos estadounidense Let’s Make a Deal o Trato hecho . Su nombre bautizó el famoso “dilema de Monty Hall” que técnicamente es una paradoja matemática de lo más aplicable. Deben elegir entre tres puertas: detrás de una de ellas hay un coche (el éxito) y detrás de las otras dos hay cabras (el fracaso). Tras la elección inicial del concursante, Monty abre una de las puertas restantes para mostrar una cabra. En ese momento, ofrece al jugador la oportunidad de cambiar su elección inicial por la otra puerta cerrada. La matemática demuestra que cambiar de puerta duplica las probabilidades de ganar (pasa de 1/3 a 2/3), porque la acción del presentador traslada toda la probabilidad de fallo original al último casillero disponible. ¿La paradoja? La mente humana cree, sin embargo, que la probabilidad es 50/50. Error. ¿La realidad? El cambio de contexto altera siempre las probabilidades estadísticas.Seguir leyendo…
Monty Hall fue un famoso presentador de televisión conocido por el popular programa de concursos estadounidense Let’s Make a Deal o Trato hecho . Su nombre bautizó el famoso “dilema de Monty Hall” que técnicamente es una paradoja matemática de lo más aplicable. Deben elegir entre tres puertas: detrás de una de ellas hay un coche (el éxito) y detrás de las otras dos hay cabras (el fracaso). Tras la elección inicial del concursante, Monty abre una de las puertas restantes para mostrar una cabra. En ese momento, ofrece al jugador la oportunidad de cambiar su elección inicial por la otra puerta cerrada. La matemática demuestra que cambiar de puerta duplica las probabilidades de ganar (pasa de 1/3 a 2/3), porque la acción del presentador traslada toda la probabilidad de fallo original al último casillero disponible. ¿La paradoja? La mente humana cree, sin embargo, que la probabilidad es 50/50. Error. ¿La realidad? El cambio de contexto altera siempre las probabilidades estadísticas.
En 1990, un lector del consultorio de la matemática Marilyn vos Savant , sobre acertijos de lógica y ciencia en la revista Parade , le preguntó si había que cambiar de puerta en el concurso de Monty Hall. Marilyn contestó que siempre se debía cambiar de puerta para subir la probabilidad a 2/3. Se armó una polémica enorme entre académicos. Ridiculizándola. Marilyn no se acobardó y en sus siguientes columnas explicó la solución utilizando tablas de probabilidad visuales muy sencillas, retando a las escuelas de todo el país a simular el juego en clase. Los experimentos escolares y las simulaciones por ordenador demostraron que tenía razón, obligando a decenas de eminencias a redactar cartas públicas de disculpa.
Dicen que la izquierda no ganará las elecciones generales y municipales; ¿por qué no?
Por tanto, el “dilema de Monty Hall” existe y, más aún, en la política. Nosotros mismos lo hemos aplicado con éxito muchas veces. Si se fijan en la política española, el presidente Pedro Sánchez actúa habitualmente como el concursante que siempre cambia de puerta, mientras que el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo , se comporta como el jugador convencional que se aferra a su elección inicial por prudencia. ¿Es así o no? Sánchez: 1) la moción de censura: cambió la puerta del liderazgo de la oposición por una carambola parlamentaria improbable; 2) el adelanto electoral: tras la derrota en las autonómicas, no se quedó a defender esa posición defensiva; abriendo una nueva puerta de inmediato; 3) los indultos o la amnistía: reconfiguró el tablero político asumiendo el coste del cambio para asegurar otro nuevo contexto: el del reencuentro total que conectó con otra nueva etapa. La lección estratégica: Sánchez entiende perfectamente que cuando el presentador (el contexto político o demoscópico) te muestra que una opción está muerta, aferrarse a la posición inicial por “coherencia” es perder. Él siempre cambia de puerta porque sabe que el movimiento genera nueva información y mayor probabilidad de sobrevivir y avanzar.
Feijóo, por su parte, opera bajo la estrategia del concursante clásico: cree que cambiar de opinión es síntoma de debilidad o deshonestidad, ignorando que las probabilidades del tablero político han mutado. Repasemos: 1) las elecciones generales: apostó todo a una victoria por inercia basándose en encuestas iniciales; 2) la resistencia al cambio: cuando el contexto mostró que los bloques parlamentarios eliminaban su mayoría, se mantuvo estático con aquello de que no es presidente porque no quiere; 3) los pactos autonómicos: se aferró a adelantos electorales en los caucus de la derecha para llegar al mismo punto con coaliciones rígidas entre PP-Vox que limitan su margen de maniobra nacional. La lección estratégica: Feijóo asume que el juego es estático y que su 33% de probabilidad inicial se mantiene hasta el final. Al no pivotar con rapidez cuando las realidades numéricas periféricas se revelan, deja que Sánchez se quede con la puerta que acumula el 66% de las probabilidades de éxito.

Por tanto, aunque dicen que no habrá nuevo Consejo de ministros. ¿Por qué no? También que no habrá presupuestos sociales. ¿Por qué no? Y que la izquierda no ganará las elecciones municipales y generales. ¿Por qué no? Todo es más probable si se cambia de puerta. Es el cambio de variable. Hay, de hecho, un 66% de probabilidades. La paradoja es válida para todos los partidos en el Congreso. En política, como en el “dilema de Monty Hall”, no se trata de tener razón sino éxito.
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