El diálogo entre el poder y la oposición venezolana arranca sin María Corina Machado

Venezuela ha retomado la vía del diálogo para buscar una salida a la crisis política que ha consumido buena parte del siglo veintiuno y que se agravó con el fraude electoral de julio del 2024. La mesa de conversaciones iniciada formalmente este jueves 6 de agosto arrancó impulsada por la diplomacia de Estados Unidos y centrada en la reestructuración del Consejo Nacional Electoral como piedra angular para una eventual transición democrática.

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 Impulsada por Estados Unidos, la mesa deja a un lado a la líder opositora con más respaldo y legitimidad  

Venezuela ha retomado la vía del diálogo para buscar una salida a la crisis política que ha consumido buena parte del siglo veintiuno y que se agravó con el fraude electoral de julio del 2024. La mesa de conversaciones iniciada formalmente este jueves 6 de agosto arrancó impulsada por la diplomacia de Estados Unidos y centrada en la reestructuración del Consejo Nacional Electoral como piedra angular para una eventual transición democrática.

Las delegaciones del oficialismo y, representando a la oposición, de la Asamblea Nacional 2015 se sentaron para iniciar un proceso de conversaciones que echa a andar sobre un terreno minado por el escepticismo social, la división de las fuerzas opositoras, el pragmatismo táctico de la cúpula oficialista y un tutelaje norteamericano que, después del 3 de enero, se ha mostrado cómodo con la relación que ha construido con las autoridades interinas que heredaron el poder tras la extracción de Nicolás Maduro con la bendición de Donald Trump.

El nuevo esquema de diálogo tiene como interlocutores principales al presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, en representación del Ejecutivo chavista, y a la exdiputada Dinorah Figuera, al frente de un sector de la oposición vinculada a la Asamblea Nacional electa en el 2015, que según el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, es la última institución democráticamente elegida por los venezolanos que Washington reconoce, y esto sirve para justificar que la facción de María Corina Machado no forme parte de la mesa.

Así, la reactivación del espacio de encuentro se produzca en medio de tensiones internas en la oposición, que mantiene posiciones divergentes sobre la estrategia para una eventual transición. “Estoy asumiendo una invitación que me hace el Departamento de Estado para abordar todos estos desafíos en los términos de tener un Consejo Nacional Electoral creíble”, declaró Figuera, marcando como prioridad el diseño de reglas institucionales duraderas antes del ansiado cronograma electoral que el Acuerdo de Panamá había fijado como la única prioridad opositora.

Tanto gobierno como oposición ya acordaron una agenda que incluye la atención a las víctimas de los recientes terremotos, el “fortalecimiento” de la democracia y los derechos y garantías políticas. Estados Unidos asegura que sólo tiene “un rol de acompañamiento” en este proceso, aunque nadie duda que su papel en estas negociaciones es el de una parte interesada que necesita resultados concretos para ofrecer garantías a los potenciales inversores en territorio venezolano.

Mientras tanto, cualquier análisis sobre la viabilidad de un proceso de transición en Venezuela choca con la ausencia de María Corina Machado, la figura política que sigue teniendo el mayor respaldo y legitimidad popular de la oposición. La premio Nobel de la Paz ha manifestado públicamente que no formará parte directa de estas conversaciones con el chavismo, aunque ha aclarado que su sector “no será un obstáculo” si el proceso genera resultados tangibles y verificables.

“Debe ser una negociación que sea luego sometida al país, al pueblo de Venezuela. La transición viene y es con la gente, por la gente y con nuestras propias manos”, argumentó Machado.

Analistas sostienen que la marginación de la líder opositora entraña un riesgo estructural para el diálogo, ya que un acuerdo sellado por sectores moderados o desvinculados de la corriente principal del voto opositor adolece de un déficit de representatividad que podría convertirlo en papel mojado si la ciudadanía percibe que se ignora la correlación real de fuerzas políticas. Otros analistas consideran que la marginación en esta mesa de diálogo le da la oportunidad de no enlodarse con una negociación con destino incierto.

Para buena parte de la población venezolana, la palabra “diálogo” evoca otros ciclos inútiles de tácticas dilatorias empleadas en el pasado para ganar tiempo. El recuerdo de los fallidos intentos de negociación de Santo Domingo, Oslo, Barbados, México y otros que comenzaron en el 2003 pesa como una losa y el ciudadano refleja el temor fundado de estar presenciando otra puesta en escena sin resultados.

Sin embargo, el rol de Estados Unidos podría hacer que este nuevo capítulo de diálogo sea algo diferente. Jorge Rodríguez llega a esta mesa forzado por los Estados Unidos, y el Departamento de Estado ha insistido en que este intento busca “reconstruir el sistema electoral y avanzar hacia una transición con garantías duraderas para la participación política” . Aunque ha dicho que los resultados no se verán en años sino en meses y semanas, también ha recordado que el proceso “va a requerir algo de constancia y un poco de paciencia” .

Algunos analistas, como Edgard Gutiérrez, son muy cautos y temen que este intercambio entre gobierno y oposición no sea más que un simulacro. En todo caso, las dos partes debían evaluar ayer miércoles los avances para definir los siguientes ciclos de la negociación, y el interrogante es si la presión se mantendrá para que el espacio llegue a resultados concretos y este nuevo esfuerzo logra convertirse en el canal definitivo hacia la transición democrática o si todo acabará archivado como otro capítulo de expectativas frustradas

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