En ‘American Mother’, la madre de James Foley, el periodista decapitado por Daesh en 2018, y coautora del libro habla de su hijo y qué lo llevó a Siria. También cuenta los encuentros que ella tuvo en prisión con Alexanda Kotei, uno de los terroristas Leer En ‘American Mother’, la madre de James Foley, el periodista decapitado por Daesh en 2018, y coautora del libro habla de su hijo y qué lo llevó a Siria. También cuenta los encuentros que ella tuvo en prisión con Alexanda Kotei, uno de los terroristas Leer
En medio del texto de American Mother, de Diane Foley y Colum McCann (Albada Editorial) aparece una imagen, la foto de un papel pautado con líneas, como los que usan los niños para escribir. La hoja está escrita con una letra pulcra y lleva el encabezamiento de una carta: «Dear Ms. Foley». Si se observa con cuidado, se leen frases escritas en un inglés tan de Inglaterra que parece una broma con sus cortesías y sus condicionales: «I am deeply appretiative for the patience». Aprecio profundamente su paciencia. Abajo, en la última línea, aparece la firma legible: «Sincereley, Alexanda Kotei«.
Alexanda Kotei, londinense, hijo de ghanés y de griega, antiguo traficante de barrio y converso al islam, fue unos de los Yihad Beatles, los tres (quizá cuatro) ingleses alistados en Daesh que se hicieron siniestramente famosos por torturar a los rehenes europeos y estadounidenses de su ejército en Siria y por dirigirse a sus enemigos con un acento que parecía sacado de la BBC. Respecto a la Ms. Foley del encabezado, es Diane Foley, la coautora del libro, la madre del periodista estadounidense Jim Foley. El 18 de agosto de 2014, Jim Foley murió decapitado por uno de los compañeros de Kotei. La ejecución fue grabada y divulgada por el mundo.
Y Kotei escribió el mensaje que Foley leyó antes de morir. Con esas mismas manos, siete años después, le envió la carta de American Mother a Diane. En ella, el terrorista le preguntaba por su familia, le decía que rezaba por ella y también por Jim, amagaba con expresar arrepentimiento y sondeaba a Ms. Foley. Quizá, una recomendación suya podría ayudarle a conseguir mejores condiciones en la cárcel. Diane Foley había conocido a Kotei un año antes, en dos sesiones de justicia restaurativa en un presidio de Washington D.C. No sabía qué había buscado en esas entrevistas. Sintió compasión por las hijas de Kotei y estuvo a punto de apiadarse de él. Hubo otra entrevista más tarde. Kotei fue amable y volvió a ponerse al borde del arrepentimiento pero, en un fleco de la conversación, sonó arrogante. Y ahí se acabó el contacto.
«Sé que está en una cárcel de máxima seguridad, creo que en Colorado. No sé más», explica Foley, al final de la semana que ha pasado en Asturias junto al periodista de EL MUNDO Javier Espinosa, compañero de cautiverio de su hijo en Siria. ¿Fue buena idea conocer a Kotei en su cautiverio? «Sí. Creo en la justicia restaurativa. Fui consciente de la humanidad de Kotei, vi que también sufre por sus crímenes… Se hizo cargo de sus actos y asumió las consecuencias. Estará en la cárcel el resto de su vida, nunca volverá a su país ni vivirá con su familia. Cuando odiamos, todos sufrimos. Hay algo de sanación en dejar de odiar«.
-¿Es usted una persona más pesimista respecto a la condición humana que en 2014?
-No. Al contrario. Cuando murió Jim recibimos muchísimo amor.
La religiosidad pesa mucho en American Mother. La religiosidad de Diane, la de su hijo y la de Kotei, un converso cuya fe quizá fuera dudosa.
-A mí me pareció que sí que tenía una fe muy sólida. ¿A usted no?
-Lo que entendí es que no se radicalizó porque creyera mucho en Dios, sino porque en la mezquita encontró amistad y certezas.
-Sí, es absolutamente cierto. Pero creo que acabó por creer de verdad. Yo tengo un conocimiento limitado sobre Alexanda, lo he visto tres veces. Me pareció un hombre que buscaba respuestas en la vida y las encontraba en la fe. Me pareció una persona introspectiva que intentaba creer.
El texto de American Mother tiene dos mitades: una está narrada en tercera persona y se intuye en sus páginas la mano de Colum McCann (autor de Que el vasto mundo siga girando y la reciente Twist). Es casi minimalista y cuenta los encuentros de Foley y Kotei en prisión. En la otra mitad, el texto es más íntimo. Diane Foley, una enfermera retirada, católica, madre de cinco hijos, básicamente feliz, cuenta quién fue su hijo y que lo llevó a Siria.
¿Cómo era Jim? «Era una persona común que se volvió extraordinaria. Incluso en su cautiverio fue extraordinario. Se convirtió en una de esas personas que se preocupan de verdad por los otros, en una persona profundamente buena. Era el mayor de nuestros cinco hijos. Era un crío muy curioso, le encantaba leer. Devoraba los libros de mitología, sobre vikingos y culturas antiguas… También era una persona muy sociable. Le gustaba la gente y era bueno escuchando. Y era un bromista».
Según American Mother, Jim Foley no nació para el periodismo sino que se encontró con el oficio por el que entregó su vida a través de un camino largo. «Estudió Historia y Español. Fue profesor y probó con la literatura. Y en la literatura descubrió que quería contar historias reales, historias verdaderas».
En 2011 Foley estuvo en Libia, en la caída de Gadaffi. Fue apresado y vio morir a un colega checo. En 2014 llegó a Siria. ¿Por qué insistió en el riesgo, por qué fue imprudente? «Cuando hay una guerra, los grandes medios van y luego se vuelven. Entonces quedan los periodistas independientes, que no tienen la protección de sus diarios y sus agencias y que tienen que arriesgar más, cada vez más para que la gente no dé la espalda a esa guerra. No creo que Jim fuese imprudente. Creo que tenía curiosidad, que sentía que el mundo necesitaba saber lo que él podía contar. Javier Espinosa tiene ese mismo instinto. Se necesita valentía física, pero aún más se necesita valentía moral«.
Cuando Jim cayó preso, Katei envió a su hermano un correo: «hola. tenemos a james. queremos negociar. está bien: es nuestro amigo» [sin mayúsculas]. Diane Foley narra en American Mother la orfandad que sintió entonces. El Gobierno de Obama le envió a un funcionario patoso, le anunció que Estados Unidos no negocia y que sería procesada si lo hacía por su cuenta, le dio largas y le contó medias verdades. Cuando su hijo murió, el presidente la recibió. Diane le dijo que no estaba satisfecha. Obama no se disculpó, pero empezó a cambiar la política respecto a los secuestros, a hacerla menos rígida.
En resumen, American Mother sostiene que tiene que haber un punto intermedio entre esa frase, «Estados Unidos no negocia», y el miedo a que los gobiernos sean cajeros automáticos para los secuestradores. «Ahora estamos abiertos a la negociación. Más de 250 estadounidenses han regresado a casa. Y es verdad: países que no son grupos terroristas se aprovechan. Rusia, China, Irán… Sin embargo, los gobiernos deben preocuparse por sus ciudadanos ¿no? Si tenemos ciudadanos valientes que salen al mundo para informarnos, como Javier, por ejemplo, como Manu Brabo, como muchos periodistas valientes, los gobiernos deberían buscar la manera de cuidarlos».
-¿Cómo está su familia? ¿llevan una vida relativamente buena?
-Quizá sí.
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