Tras el éxito de ‘La vida cañón’, la banda lanza su segundo disco, ‘Dejémoslo como estaba’, con Goya como referente y prepara su primer Movistar Arena Leer Tras el éxito de ‘La vida cañón’, la banda lanza su segundo disco, ‘Dejémoslo como estaba’, con Goya como referente y prepara su primer Movistar Arena Leer
En La riña en la Venta Nueva, más allá de los focos de pelea, Goya esboza el caos de lo cotidiano. El perro que ladra. Los zapatos y la capa tirados sobre el terreno. La baraja cayendo de la mesa. La espada en la que nadie repara. El amasijo de cuerpos en plena trifulca. Y lo que era válido para 1777, tres siglos después, aún lo es. No hay venta ni pelea, pero en esta habitación de un piso en el barrio madrileño de Malasaña hay caos. Y mucho. Unas bolsas del Five Guys descansan sobre la mesa con unos gurruños de papel de plata con manchurrones de kétchup y mostaza. El cenicero no admite una colilla más. Y cuatro tíos –a falta de la única mujer que conforma el quinteto– están desperdigados por sofás, sillas y butacones. Es la paz de Alcalá Norte.
Frente a un tapiz con esa obra –donde ya se dejan ver más de 40 años antes detalles de Duelo a garrotazos–, en el Monasterio del Escorial, y escuchando a sus compañeros ensayar La vida cañón, Álvaro Rivas empezó a idear la que sería la canción que cierra el segundo disco de la banda, Dejémoslo como estaba. «Son escenas campestres y bonitas, pero ya está el terror de la violencia, los desastres de la guerra. Es el tapiz que muestra la estupidez ante la violencia y el delirio de las masas en pelea». Y ese es un material inigualable para la música de un grupo que transita el post-punk, el rock alternativo y el indie rock; que tan pronto hace referencias a Cristiano Ronaldo como tres versos después incluye al Arzobispo de Cos, y que, en la disertación filosófica, va dando garrotazos al mundo que nos rodea. Como Goya.
El pintor aragonés es la referencia principal, entre una decena de filósofos, urbanistas e intelectuales, del segundo álbum de Alcalá Norte, esos cinco chavales que parecen encantados en el caos de esta habitación. Las letras y la voz las pone Rivas, cruzado de piernas sobre un butacón. Laura de Diego y Pablo Prieto –para el inflamable mundo tuitero Admin–, los encargados del teclado y el bajo, están tirados sobre un sofá. Carlos Elías, el guitarrista, aguarda en otro. Jaime Barbosa, batería y maestro de ceremonias, se sienta en una silla de plástico sin soltar la riñonera. Y lo cotidiano brota en lo goyesco que da título al disco.
Dejémoslo como estaba –Esto degemoslo como estaba es el título original– es uno de los dibujos del Cuaderno C del pintor en el que aparecen dos monjes. Los que el artista Carlos Naide ha convertido en tres en la portada del álbum de los madrileños. Tres figuras rezando ante el monolito de Arturo Soria –el barrio de Rivas y Barbosa– con el urbanista desnudo encaramado a lo alto y, al fondo, la oscuridad. «Con todo esto de la IA mola lo de tener como portada un puto cuadro pintado como toda la vida», dice Barbosa. Y va ahora Rivas:«Nos asusta la crueldad y aún más los asesinatos en masa. Por eso, muchas de las canciones del disco hablan de la muerte. Menos Arturo Soria, todas, diría. Nos movemos entre la violencia y la muerte».
En Claudia cantan: «Me he despertado con hambre, ayer no cené / Estuve viendo vídeos de genocidios hasta las seis / Hoy hay fútbol temprano; me viene debuti para comer algo». En El contador de Muertes: «Mira cómo crece el contador de muertes / ¿Será esta la matanza de mi era? / A ver si el SAMUR no llega…». Y en En Valmy: «En el Campo de la Luna toda una masa flota / Las balas hunden el barro y éste salpica a la tropa». La muerte y la destrucción más crudas como uno de los hilos que van tejiendo la madeja de temáticas que cruzan el álbum.
–Nos sale solo, tío. Eso ya estaba en el primer disco. Si es que somos heavys. No nos dimos cuenta de que en todas las canciones, menos en Arturo Soria, había muerte hasta hace dos semanas. Yo que sé, nos mola el rollo tétrico– arranca Barbosa.
–Y que todo ahí fuera es horroroso y sería un poco extraño que nosotros estuviéramos aquí de buen rollo– comenta Laura, que llega con la conversación iniciada.
–¿No dicen que las cucarachas son las que sobreviven en casos de Apocalipsis? Pues ahí estamos nosotros– aporta Rivas.
–Desde el primer día somos una panda de cucarachas que están dispuestas a sobrevivir a cualquier apocalipsis– resume Barbosa.
Y, ante el comentario, una carcajada llena la estancia.
«Somos discutidores, peleones y un coñazo viviente. A nosotros no nos aguantaría ninguna discográfica»
Laura de Diego, teclista de Alcalá Norte
Ese recorrido de lo trascendental a lo más nimio es lo que inunda la música de un grupo que llegó al público mayoritario con un hit que creó hasta una categoría, La vida cañón, a la que cualquiera querría subirse y con un primer trabajo tan rudimentario como cáustico con el nombre de la propia banda por título. Con él recorrieron todas las salitas y los festivales de España para levantar una legión de chavales que berrean cual poseídos sus temas. En el segundo, lo rudimentario ha mutado en unos arreglos más pulidos, pero sus letras aún queman al mínimo contacto. «Tenemos comentarios de peña que dice que hacemos discos para gente culta. Si te lo quieres tomar así y ofenderte porque no lo entiendes, es tu puto problema. Nosotros hacemos discos para gente con curiosidad que quiere aprender lo que no conoce. La gente que se china porque no nos entiende se retrata a sí misma. Puedes ponerte otra música sin problema», zanja Barbosa. «El estilo es lo más guapo que tiene una banda y se ve que ahora estamos explorando cosillas nuevas sin salir del nuestro», agrega Pablo. Y concluye Carlos: «Nos molaba que hubiera eventos comunes, que hubiera una forma de tocar… Es verdad que hemos pegado un acelerón brutal en diseño y en arreglos, que la banda ha evolucionado, pero todo te orienta a los lugares que ya conoces nuestros».
–Intentando mantener el estilo, ¿se corre el riesgo de caer en lo repetitivo? Sobre todo, cuando uno tiene un tema muy exitoso de inicio como es La vida cañón, ¿el riesgo de buscar repetirlo está aunque sea de forma inconsciente?–, les preguntamos.
–Mira, mientras yo veía el tapiz de Goya sonaba La vida cañón que la estaban practicando porque tocábamos en El Escorial. La venta nueva la saqué del mismo lugar que La vida cañón, fui a la banda y se lo conté. Y me dijeron: «Vale, nos la suda, este va a ser un viaje más tranquilito porque no es ese rollo»– inicia Rivas.
–No hemos hecho búsqueda de La vida cañón en ningún caso. No hemos buscado nada. No ha habido esa búsqueda de un super hitazo. Si viene, como ese, que venga, pero nunca hemos querido hacerlo–, continúa Barbosa la conversación.
–A mí me parece que sería de frikis y de pardillos ponernos a repetir La vida cañón porque ya sabemos que funciona. No va a salir nada igual y tampoco nos interesa porque eso ya está hecho. Me parecería muy triste no tener nada que decir y vivir en ese pasado. Ahora hemos hecho otras cosas que se parecen porque por algo este disco se llama Dejémoslo como estaba. No teníamos ningún interés en revolucionar el panorama y hacer otra movida. Era coger los ingredientes y hacer otro menú reutilizando el material del primer disco– aporta Laura en un diálogo que será a tres.
–Pero que puede salir otra Vida cañón en cualquier momento y si la gente lo dice, fenomenal. Lo único que ahora no estamos tanto en ese rollo de juerguita, ahora estamos en lo épico. Nos llama esa movida y no hemos estado dos años trabajando para repetir una canción– apunta el cantante.
–Eso sería lo que te dijera un sello que tienes que hacer, es decir, un coñazo. A mí me parece profundamente triste como artista– remarca ella.
–Me fliparía tener seis Calle elfo y tres Vida cañón. Y saldrán cosas parecidas porque es nuestro puto rollo, pero no hemos buscado repetir. Si a la gente le suenan otras canciones a esas, está guay porque significa que ahí está nuestra identidad– concluye Rivas.
No cuesta encontrar reminiscencias de Calle Elfo, ese canto por la vivienda que se ha convertido en icono de una generación sin apenas acceso a ella, en los 11 temas que conforman el nuevo álbum. En una de las estrofas que más resuena de La venta nueva, Rivas canta: «Las camas son de todos en los días del avión». Poco más hace falta decir. «Claro que hay canciones que hablan de la vivienda, pero en nuestra línea de hacer pensar a la peña. Que nadie espere un manifiesto, ni que le digamos cómo debería ser esto. El prisma es hacer pensar a la gente porque estamos perdiendo la oportunidad de hacer pensamiento crítico», afirma Carlos. Y se confiesa Rivas: «Yo te voy a decir la verdad, a mí me asusta que el debate público esté lleno de insultos. Me da cierta vergüenza cuando yo, que soy muy impulsivo, irrumpo en el debate público con insultos. Luego me asusto fácil y pienso en esconder la zarpa, pero esto no copaba los titulares cuando lo escribí».
«O eres una máquina brutal de hacer dinero en plan Justin Bieber o buena suerte no siendo independiente en la música»
Álvaro Rivas, cantante de Alcalá Norte
Mientras llega la salida de su Dejémoslo como estaba, este viernes, los cinco miembros de Alcalá Norte están también preparando el que será su primer Movistar Arena el próximo 20 de febrero y que servirá de inicio de la gira del álbum. Los chavales que hicieron una gira inaugural por salas de 100, 200 y 300 personas asaltando un recinto de 15.000. «Estamos con eso en la cabeza todo el rato y yo creo que va a estar guapísimo. El otro día estuve allí viendo a Fontaines D. C. y era el mismo formato que el nuestro, pero el nuestro más guapo. La única duda es si vamos a colocar una pasarela. Depende de la pasta que cueste. Seguro que mucha. Así que no creo que haya pasarela. Lo del Movistar no es más que una increíble demostración de fuerza.», asegura Rivas. Y también lo tiene claro Pablo: «También te digo que si hay que volver a La Riviera no pasa nada. Nosotros hicimos una primera gira en salas muy chiquititas, entre 100 y 300 personas. Para nosotros duplicar o triplicar eso ya sería un éxito. Que parece que ahora si no metes 60.000 tíos en Santiago, eres un mierda».
–Quién les iba a decir que iban a acabar en el Movistar Arena citando a Nietzsche, a Heráclito, a Aristóteles, a Julián Marías…–, les planteamos.
–A ver es nuestra vida es así. Rivas escribe como habla. Intercala un bro y un dabuti con sus citas célebres. Esa es su forma de expresarse. Si solo lo hiciéramos para las canciones, sería una pedantería absurda. Nosotros tampoco tenemos ningún interés didáctico ni le decimos a la gente ‘venga, ponte a estudiar’. No es un manual para hacerte un examen, es un aperitivo para que te sumerjas en nuestro terreno y explores. No hay moralejas ni movidas, proponemos historias dentro de unos campos temáticos con un vocabulario concreto. Y si no te mola o te parecemos unos petardos, probablemente tengas razón– detalla, en primer lugar, Laura.
–A mí es que me molan estas movidas, tío, y siempre recuerdo una cosa que dijo un colega, el Vila, cuando escuchó las primeras letras. Que eran el Rivas hablando de lo que siempre habla. Cocina de masas, tío. Un pollo para dos, pues ahora un pollo para 200. El Rivas lleva toda la vida mezclando sus filosofías con Cristiano Ronaldo y ahora lo hace con canciones. Y yo hago las mismas tonterías de siempre. Siempre me ha gustado Torrente, El día de la bestia, El milagro de P. Tinto, el heavy metal y la cerveza– aporta Barbosa.
–Y desde que nos conocemos siempre me ha gustado Jünger. No ha cambiado nada en ese sentido. Es lo de siempre, pero ahora lo hacemos para que lo escuchen otros– culmina Rivas.
«Si piensas que hacemos música para gente culta o te ofendes porque no nos entiendes, es tu puto problema»
Jaime Barbosa, batería de Alcalá Norte
No hay posibilidad de negociación en esa línea. Y, en parte, por eso tienen claro los integrantes de Alcalá Norte que su carrera debe fluir por lo independiente, fuera de discográficas. «Muchas discográficas no nos aguantarían por lo pesados que somos. Somos un coñazo viviente, unos discutidores y unos peleones», lanza Laura. Y templa Barbosa: «Hombre, algunos peores habrá que nosotros». «Y somos muy malos con los negocios, bro, necesitamos que haya un equipo de gente involucrada remando. Dejar de ser independientes no te garantiza eso. O eres una máquina brutal de hacer dinero en plan Justin Bieber o buena suerte no siendo independiente. Pero tú pon que somos un tíos de puta madre», bromea Rivas.
Ahí queda. Entre el caos de lo cotidiano. Como el de Goya en La riña en la Venta Nueva.
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