Los pesimistas ya no tienen quien les escriba. Nos referimos a los culés, evidentemente. Está en un plan el Barça de Flick que no hay pegas que merezcan reseña. El grupo blaugrana ha empezado la temporada como un cohete. En Mestalla, antigua olla de presión hoy volcada sobre sí misma, dio la impresión de ganar antes de empezar en cuanto se supo la alineación. Rodri y Lamine Yamal, titulares. El mejor jugador del último Mundial y una de las irrupciones más alucinantes que se recuerdan de un futbolista joven.
Los pesimistas ya no tienen quien les escriba. Nos referimos a los culés, evidentemente. Está en un plan el Barça de Flick que no hay pegas que merezcan reseña. El grupo blaugrana ha empezado la temporada como un cohete. En Mestalla, antigua olla de presión hoy volcada sobre sí misma, dio la impresión de ganar antes de empezar en cuanto se supo la alineación. Rodri y Lamine Yamal, titulares. El mejor jugador del último Mundial y una de las irrupciones más alucinantes que se recuerdan de un futbolista joven.Seguir leyendo…
Los pesimistas ya no tienen quien les escriba. Nos referimos a los culés, evidentemente. Está en un plan el Barça de Flick que no hay pegas que merezcan reseña. El grupo blaugrana ha empezado la temporada como un cohete. En Mestalla, antigua olla de presión hoy volcada sobre sí misma, dio la impresión de ganar antes de empezar en cuanto se supo la alineación. Rodri y Lamine Yamal, titulares. El mejor jugador del último Mundial y una de las irrupciones más alucinantes que se recuerdan de un futbolista joven.
Si solo fuera eso.
Cuando se anuncia que Rodri y Lamine son titulares se hace difícil pensar que el Barça no ganará
El Barça ha llegado a un punto en el que a esos nombres intimidantes para cualquiera añade un equipo que lleva dos años esculpiéndose para sentirse preparado para todo. Ahora lo está. Plantilla amplia para jugar dos partidos por semana (hay una veintena de titulares potenciales), entrenador con poder total en el vestuario y cobertura aérea en el palco, y una idea futbolística cada vez más pulida que no ha perdido por el camino su intención original: el vértigo, la defensa adelantada y el sometimiento al adversario. Sucede que ahora todos los movimientos están más ajustados y los riesgos, en consecuencia, más controlados. Con pelota el Barça ataca con todo y con todos a una velocidad endiablada. Por televisión es un gozo pero para los oponentes, una pesadilla. Las combinaciones de Lamine Yamal, Raphinha, Gordon y Fermín en la frontal o ya dentro del área son muy difíciles de intuir, en especial cuando se ejecutan al primer toque. Triángulos, cuadrados y paredes. Geometría. Fermín está como poseído. No disputar el Mundial le ha convertido en un futbolista voraz, como si le debieran algo.

Si solo fuera eso.
No disputar el Mundial ha convertido a Fermín en un futbolista voraz, como si le debieran algo
Cuando el Barça pierde la pelota se organiza de memoria. Ocupa los espacios designados para asfixiar a sus rivales con pequeñas pero intensas carreras colectivas. El orden se ha acentuado en ese sentido con la entrada de Rodri, un jugador-jefe. Pedri es su escudero ahora, que es como tener de mano derecha a un primer ministro. Los balones recuperados en las botas de estos dos tipos son terciopelo. No se rifa uno.
Si solo fuera eso.
En la retaguardia de todo este montaje está la defensa catalana , que no es un movimiento de ajedrez sino Joan Garcia, Eric Garcia, Cubarsí, Gerard Martín y Xavi Espart juntos. Es un hecho del que presumir y que acentúa la excepcionalidad de este equipo, ya que a la excelencia de su juego añade acento de proximidad. Es decir, orgullo de pertenencia. A parte de eso, defienden fabulosamente, que de eso se trata.
El único miedo en València era que a Gordon le diera una lipotimia bajo ese calor abrasador. Y no sucedió.
Todo lo descrito sobre este Barcelona sirve, por contraste, para definir al Valencia. Lo que les sobra a unos, no lo catan hace años los otros. Ya nos lo advertía Salvador Enguix en un demoledor artículo titulado “El hundimiento del Valencia”, radiografía atinada de una crisis profunda social, económica y es obvio que deportiva.
Mientras repartían las alineaciones con la primera titularidad de Rodri, en las gradas ya se escuchaba el “Peter vete ya” dirigido al propietario del club, Peter Lim. Todos los pesimistas del mundo están en València.
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