Cook frente a su significado: Nueva Zelanda discute nombrar un ferry en homenaje al colonizador de las islas

Durante siglos, Cristóbal Colón fue reconocido como el descubridor de América, hasta que su figura empezó a ser rechazada como la del responsable de la cruenta colonización —de algún apellido tenía que venir el verbo— de lo que él siempre creyó que eran las Indias. George Washington ganó la independencia para Estados Unidos y fue el primer presidente del país, pero hoy la historia no puede mencionarle sin asociarle a la posesión de esclavos. Y sin el genio naval James Cook el mundo no habría incluido en el mapa a Australia y Nueva Zelanda, pero actualmente su nombre se asocia a la crueldad hacia los aborígenes de Oceanía.

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 La posibilidad de que uno de los barcos lleve el nombre del capitán británico prolonga el dolor de la imposición colonial y el sufrimiento de los pueblos indígenas, afirman los detractores  

Durante siglos, Cristóbal Colón fue reconocido como el descubridor de América, hasta que su figura empezó a ser rechazada como la del responsable de la cruenta colonización —de algún apellido tenía que venir el verbo— de lo que él siempre creyó que eran las Indias. George Washington ganó la independencia para Estados Unidos y fue el primer presidente del país, pero hoy la historia no puede mencionarle sin asociarle a la posesión de esclavos. Y sin el genio naval James Cook el mundo no habría incluido en el mapa a Australia y Nueva Zelanda, pero actualmente su nombre se asocia a la crueldad hacia los aborígenes de Oceanía.

Esta última cuestión es la que defendían numerosos grupos en Nueva Zelanda cuando el Gobierno anunció la construcción de dos nuevos ferris que unirán, a partir de 2029, las islas norte y sur del país. La posibilidad de que uno de ellos llevara el nombre de James Cook prolongaba, decían, el dolor de la imposición colonial y el sufrimiento de los pueblos indígenas.

Peters, ministro de Exteriores, cargó contra los contrarios a Cook calificándolos de “quejicas” y “llorones ‘woke’”

En consecuencia, el Gobierno de Nueva Zelanda, presidido por el conservador Christopher Luxon, del Partido Nacional, ha decidido que uno de los ferris se llame… Capitán Cook. Winston Peters, ministro de Exteriores, dio ante el Parlamento las razones de la decisión. Por un lado, pidió a quienes catalogan al oficial de la Marina Real británica y explorador como un “precursor de la colonización” que “no huyan de su historia”. “Un país serio no vandaliza su memoria para satisfacer la última moda de la política de los quejicas”, dijo, para añadir que a los “llorones woke” [“snivelling wokesters”] no les queda otra que aceptar la decisión.

El tono no precisamente conciliador de Peters pretendía ser suavizado por el nombre que recibirá el segundo ferry que unirá las islas norte y sur de Nueva Zelanda, cruzando el Estrecho de Cook —cuyo nombre, al menos de momento, no representa un problema para nadie—. La pareja del ferry Capitán Cook será el ferry Kupe, que en la tradición maorí fue el descubridor de la actual Nueva Zelanda.

Estatua del explorador James Cook
Estatua del explorador James Cook
EFE

Esta política de equilibrio, de una de cal y una de arena en el nomenclátor de los buques y que Peters atribuyó a la participación de las comunidades maoríes en el proyecto, tampoco satisfizo a los críticos. Sobre todo cuando el titular de Exteriores fue incapaz de explicar quién y cómo habían escogido los nombres, o qué comunidades habían sido consultadas.

Por si fuera poco, la comunidad de historiadores también ha saltado sobre el Gobierno neozelandés. Tony Ballantyne, profesor de Historia de la Universidad de Otago, que es además uno de los historiadores más reconocidos del país y ha publicado recientemente un libro sobre Cook, apropiadamente titulado Captain Cook and the Unsettled Afterlives of Empire (El capitán Cook y los legados aún no resueltos del Imperio), publicó un artículo al poco de conocerse la decisión en el que señalaba como una injusticia histórica la equiparación de las figuras de Kupe y Cook. El paralelismo, sostuvo en un artículo publicado por The Conversation, “pasa por alto las diferencias muy reales que existen entre el ‘descubrimiento’ de islas deshabitadas y el ‘redescubrimiento’ de tierras ya habitadas en el contexto de la construcción de un imperio”.

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Ballantyne, además, recordó que la decisión del Gobierno rompe una tradición, inaugurada en 1960, de nombrar los ferris con nombres maoríes usando el prefijo Ara, que significa camino, una alusión a su misión como puente entre las islas Norte y Sur de Nueva Zelanda.

En medio de este magma, quizá quien ha reaccionado con más tibieza ha sido la oposición neozelandesa. El Partido Laborista ve esta polémica sobre los nombres como algo “secundario”. El portavoz Tangi Utikere, denunció que esta nueva línea de ferris, desmantela el programa iReX de transportes del Gobierno laborista, en una decisión que “ha desperdiciado años y millones de dólares”. 

La pareja del ferry Capitán Cook será el ferry Kupe, que en la tradición maorí fue el descubridor de la actual Nueva Zelanda

El laborismo neozelandés quizá recuerda que fue un gobierno conservador el que cambió el nombre del Monte Cook por el doble nombre Aoraki/Mount Cook, en 1998. O que el actual Gobierno de Luxon retiró en 2025 el nombre de Monte Egmont para rebautizarlo con el nombre maorí de Taranaki Maunga.

James Cook, desde luego, no fue un ángel. Ninguno lo somos. Pero, dada la severidad con que el presente juzga el pasado, conviene plantearse qué figuras públicas aclamadas hoy por su bondad serán juzgadas, en el futuro, por actos en los que los vivos del mundo presente no vemos maldad.

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