Alejandro de Miguel: “Hago vestidos mediáticos, pero también visto guapísimas a novias y madrinas de mi pueblo”

El taller de Alejandro de Miguel, al final de la calle Comandante Franco de Miguel Esteban, Toledo, a hora y media de autovía de Madrid, es una nave blanquísima y diáfana donde docenas de costureras se afanan dando puntadas con hilo de todos los colores tanto con máquina de coser como con dedal, aguja e hilo. Entre sus manos, sobre maniquíes de pruebas, y colgados en barras corridas, relucen docenas de vestidos en distinto grado de ejecución en espera del visto bueno final del jefe y de la clienta. En femenino y en singular, sí, porque, por cada una de esas prendas, hay en algún lugar una mujer nerviosa e ilusionada por lucirla en uno de los días más importantes de su vida. A tal fin, Alejandro de Miguel presume de haber conseguido que acuda cada semana un goteo de forasteras a este pueblo manchego rodeado de viñas y gigantescas cubas de vino. La cuna de sus mayores, y la de él mismo, donde, después de posar, presumido, para las fotos, nos convida a comer en el restaurante Labriego, de su amigo Santiago, un espectacular menú manchego pasado por la modernidad de la alta cocina. Eso sí, al final, paga y se va pitando de regreso al taller donde le aguarda una madrina para la última prueba del vestido de la boda de su hijo. Estamos a jueves y la boda es el sábado.

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MIGUELETE DE MIGUEL

A los nacidos en Miguel Esteban (Toledo) se les llama migueletes y migueletas. Alejando de Miguel (Miguel Esteba, Toledo, 45 años) está tan orgulloso de serlo que decidió casi desde el principio poner el nombre de su pueblo natal en su firma de diseñador de vestidos de ceremonia. De Miguel, que empezó cosiendo a oscuras en el taller de sus padres, viste hoy a algunas de las luminarias españolas. Desde la Reina Sofía en la reciente visita del Papa, a Chenoa o Cristina Pardo en las últimas campanadas de Nochevieja, pasando por celebridades de alfombra roja y cientos de mujeres anónimas que eligen sus vestidos para lucir en los días más importantes de su vida. Alejandro, al mando de 30 costureras, que se considera más artesano que artista, factura unos 3.000 vestidos al año entre madrinas (60%), novias (25%), invitadas y señoras que quieren ir divinas a cualquier tipo de evento o ceremonia. El fin de semana del 20 y 21 de junio es, según el diseñador, en el que más modelos suyos pisarán los salones.

 El costurero, de 45 años, firma desde trajes históricos de la reina Sofía a modelazos de presentadoras de las campanadas de Nochevieja sin salir de Miguel Esteban, su pueblo manchego. Este fin de semana, ha despachado “cientos” de trajes a medida para bodas por toda España  

El taller de Alejandro de Miguel, al final de la calle Comandante Franco de Miguel Esteban, Toledo, a hora y media de autovía de Madrid, es una nave blanquísima y diáfana donde docenas de costureras se afanan dando puntadas con hilo de todos los colores tanto con máquina de coser como con dedal, aguja e hilo. Entre sus manos, sobre maniquíes de pruebas, y colgados en barras corridas, relucen docenas de vestidos en distinto grado de ejecución en espera del visto bueno final del jefe y de la clienta. En femenino y en singular, sí, porque, por cada una de esas prendas, hay en algún lugar una mujer nerviosa e ilusionada por lucirla en uno de los días más importantes de su vida. A tal fin, Alejandro de Miguel presume de haber conseguido que acuda cada semana un goteo de forasteras a este pueblo manchego rodeado de viñas y gigantescas cubas de vino. La cuna de sus mayores, y la de él mismo, donde, después de posar, presumido, para las fotos, nos convida a comer en el restaurante Labriego, de su amigo Santiago, un espectacular menú manchego pasado por la modernidad de la alta cocina. Eso sí, al final, paga y se va pitando de regreso al taller donde le aguarda una madrina para la última prueba del vestido de la boda de su hijo. Estamos a jueves y la boda es el sábado.

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MIGUELETE DE MIGUEL

A los nacidos en Miguel Esteban (Toledo) se les llama migueletes y migueletas. Alejando de Miguel (Miguel Esteba, Toledo, 45 años) está tan orgulloso de serlo que decidió casi desde el principio poner el nombre de su pueblo natal en su firma de diseñador de vestidos de ceremonia. De Miguel, que empezó cosiendo a oscuras en el taller de sus padres, viste hoy a algunas de las luminarias españolas. Desde la Reina Sofía en la reciente visita del Papa, a Chenoa o Cristina Pardo en las últimas campanadas de Nochevieja, pasando por celebridades de alfombra roja y cientos de mujeres anónimas que eligen sus vestidos para lucir en los días más importantes de su vida. Alejandro, al mando de 30 costureras, que se considera más artesano que artista, factura unos 3.000 vestidos al año entre madrinas (60%), novias (25%), invitadas y señoras que quieren ir divinas a cualquier tipo de evento o ceremonia. El fin de semana del 20 y 21 de junio es, según el diseñador, en el que más modelos suyos pisarán los salones.

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