El fenómeno de Javi Hoyos y Núria Marín en las redes: ‘salseo’ para los jóvenes, siete millones de seguidores y 15.000 euros por ‘post’

Los periodistas Javi Hoyos y Núria Marín, el 18 de mayo en Madrid. 

“Sígueme para más salseo”. “Hoy en royal salseo…”. “Not found”. “We love”. Si tiene hijos o sobrinos de entre 13 y 29 años, es probable que haya oído alguna de estas expresiones. Son las frases de cabecera de Javi Hoyos (Santander, 35 años) y Núria Marín (Lleida, 44 años), los dos periodistas que a golpe de vídeos virales en las redes sociales han conseguido que la generación Z se interese por las noticias del corazón, un género en vías de extinción en la televisión desde la cancelación de Sálvame en el verano de 2023. Juntos, suman cinco millones de seguidores en TikTok y otros dos millones en Instagram y consiguen más de 300 millones de visualizaciones mensuales. No compiten entre ellos, sino que se disputan el jugoso negocio de las exclusivas del cuore (y sus audiencias) con la tele lineal y las grandes cabeceras del papel cuché como ¡Hola!, Lecturas o Semana.

Seguir leyendo

La marca personal de Javi Hoyos es el tono amable. Su especialidad son los bamboleos sentimentales de las 'influencers' y los futbolistas. Núria Marín tiene un tono más gamberro. Su especialidad es la realeza española y europea, los juguetes rotos de Hollywood y las familias ricas y desgraciadas.Javi Hoyos y Nuría Marín se han convertido también en personajes, con seguidores que les esperan en las puertas de sus casas. Los periodistas lideran el jugoso negocio de comentar las noticias del corazón en TikTok e Instagram. Tienen una legión de fans entre la generación Z y muchos imitadores en la profesión, pero mantienen los pies en el suelo. “Hemos visto a mucha gente de la tele que ha terminado en la ruina. Algo hemos aprendido”, aseguran  

“Sígueme para más salseo”. “Hoy en royal salseo…”. “Not found”. “We love”. Si tiene hijos o sobrinos de entre 13 y 29 años, es probable que haya oído alguna de estas expresiones. Son las frases de cabecera de Javi Hoyos (Santander, 35 años) y Núria Marín (Lleida, 44 años), los dos periodistas que a golpe de vídeos virales en las redes sociales han conseguido que la generación Z se interese por las noticias del corazón, un género en vías de extinción en la televisión desde la cancelación de Sálvame en el verano de 2023. Juntos, suman cinco millones de seguidores en TikTok y otros dos millones en Instagram y consiguen más de 300 millones de visualizaciones mensuales. No compiten entre ellos, sino que se disputan el jugoso negocio de las exclusivas del cuore (y sus audiencias) con la tele lineal y las grandes cabeceras del papel cuché como ¡Hola!, Lecturas o Semana.

“Yo creo que hasta mi suegra está un poco cansada de la prensa rosa tradicional. La gente quiere historias y caras nuevas”, explica Hoyos, que cursó Comunicación Audiovisual en la Universidad del País Vasco y un máster de Periodismo en la Nebrija, y con 21 años empezó a trabajar en Informativos Telecinco, en Bilbao. “Los contenidos de Javi y los míos son distintos y complementarios. Y cuando hablamos de lo mismo, lo abordamos de forma diferente”, apunta Marín, que estudió Periodismo en la Universidad Ramon Llull de Barcelona y dio sus primeros pasos profesionales con 22 años en una televisión local catalana, para saltar luego a la revista Súper Pop y, más tarde, al universo de La Fábrica de la Tele (Sálvame, Cazamariposas, Socialité).

La especialidad de él son los bamboleos sentimentales de las influencers y los futbolistas. Su marca personal es el tono amable. “Los famosos están hartos de que la prensa del corazón los trate mal”, dice. Su fórmula funciona. Hoyos publica una media de 20 vídeos diarios y tiene más de 200 millones de visualizaciones mensuales en sus redes. Su post más visto es uno en el que hablaba de los 10 mandamientos de Shakira para convertirse en una loba tras su ruptura con Gerard Piqué; consiguió más de 10 millones de visualizaciones. El futbolista del Barça Lamine Yamal también le funciona muy bien.

Marín tiene un tono más gamberro. Su especialidad es la realeza española y europea, los juguetes rotos de Hollywood y las familias ricas y desgraciadas. “Mi primer royal salseo fue explicando por qué la vida de la princesa Leonor es una mierda y funcionó increíble”, recuerda. Tiene 125 millones de visualizaciones mensuales en sus redes. Su vídeo más visto ha sido uno en el que desmentía el romance de Leonor de Borbón y el hijo de Mohamed VI de Marruecos. Ese post alcanzó 24 millones de visualizaciones en pocos días. Los vaivenes de la dinastía Beckham también le suelen dar muchas alegrías.

La edad media de los compradores y lectores de revistas de crónica social y corazón en España, como ¡Hola! o Lecturas, se sitúa principalmente en la franja de los 35 a los 64 años, concentrando su mayor núcleo de público a partir de los 45. Hoyos y Marín llegan precisamente a donde las cabeceras tradicionales no llegan. El público medio que sigue a Javi está en torno a los 20 años y muy repartido entre hombres y mujeres. La edad de sus seguidores es cada vez más baja. “Hay niños de ocho años viéndome. A raíz de eso, he empezado a ser más responsable con el contenido que subo. Quiero que tengan ejemplos buenos. No hablo de relaciones tóxicas y busco el lado positivo de las noticias”, explica el periodista, que compagina su trabajo de creador de contenido con el de copresentador de DCorazón, el histórico programa rosa de La 1 de TVE los fines de semana.

Hoyos se ha convertido en el Jaime Peñafiel de las Pombo y las Lola Lolita de la vida. Es su periodista de cabecera. “Algunos me llaman pelota por decir esto, pero las admiro. Detrás hay personas que trabajan duro y luchan contra el algoritmo. Cuando las critican, siempre digo: ‘Es el público quien decide consumir eso’. Si hay influencers, es porque hay gente siguiéndolas”, señala. Marín, en cambio, es más reticente a la hora de hablar sobre las vidas de las creadoras de contenido: “Soy muy conservadora con esto, un poco vieja escuela. Para mí las influencers no son personajes, son como yo. Se pusieron a hacer vídeos y les funcionó. Todavía no tienen glamour, no las admiro como puedo admirar a Victoria Beckham”.

El 85% de los seguidores de Núria son mujeres de 25 a 45 años. En su caso, la edad media de su público sube. “Dicen que las redes son algo solo para los jóvenes y no es verdad. Hay mucha gente de mediana y tercera edad consumiendo muchísimo contenido. Es un medio muy transversal”, explica. Cada vez tiene más público en Latinoamérica, donde las noticias de la realeza española y europea despiertan pasiones. “Acabo de volver de Costa Rica y me reconocían por la calle. Quedé flipada”.

Cada uno tiene un tono bien definido y crea contenidos con un sello muy personal. “Lo que tenemos en común es que trabajamos mucho y tenemos los pies en el suelo, aunque últimamente Javi lleve mucho tacón”, dice la periodista catalana entre risas. “Hemos empezado desde muy abajo y hemos sufrido mucho”, añade él. Trabajaron juntos en Socialité, el programa de corazón de Telecinco, y empezaron más o menos al mismo tiempo a generar contenido “rosa” para las redes. Ahora, el papel cuché se hace eco de sus noticias y muchos periodistas de medios convencionales empiezan a imitarlos. “A mí me lo han dicho abiertamente: ‘Te estoy copiando”, reconoce Marín. “Cuando empecé con esto en las redes, muchos me decían que estaba haciendo el freaki. Ahora están haciendo lo mismo que yo. Estoy orgulloso de no haberles hecho caso”, dice Hoyos.

Otros periodistas los están copiando en TikTok e Instagram porque han visto que informar sobre el salseo en redes es un negocio muy rentable. “Los sueldos en la tele o en una redacción son muy bajos y hay que hacer muchas horas. Aquí trabajamos mucho, pero el trabajo se ve bien recompensado”, explica Hoyos. “¿Volver a una redacción? Tendrían que cerrar Instagram y TikTok”, admite Marín. Hoy pueden llegar a cobrar entre 15.000 y 20.000 por un post patrocinado por una marca. Por ese fee, hacen el desarrollo íntegro de una campaña digital, desde la idea creativa hasta la ejecución. “A mí me costó mucho creerme que mi contenido podía valer tanto dinero. Y me sigue costando. A veces tengo el síndrome del impostor”, confiesa ella. “Yo no tengo ningún síndrome. Los contenidos tienen que tener repercusión e impacto para que las marcas apuesten por uno. Vivir de esto es muy complicado, pero las cifras validan que lo que hacemos tiene un valor”, señala él.

Los dos viven de esto y ya ganan más en las redes que en la televisión. De hecho, les va tan bien que se pueden permitir el lujo de rechazar ofertas. “Nos ofrecen todo el rato hacer campañas para casinos y tanto Núria como yo decimos que no”. “La industria del juego y de las apuestas y el mundo cryptobro pagan una pasta, pero preferimos no meternos ahí”, confirma ella. Marín también rechaza muchas propuestas para promocionar productos para adelgazar o tratamientos en centros de estética: “El día que quiera hacerme una liposucción para quitarme las cartucheras, me la pagaré yo”.

Pero triunfar en las redes sociales tiene un precio. Tienen que estar conectados las 24 horas del día, los siete días de la semana. Hoyos cuenta que a veces tiene que salir del cine en medio de una película para publicar una exclusiva o una última noticia. Marín publica contenidos incluso cuando está de vacaciones en Formentera. “A nivel horarios, no tenemos vida”, dice. “Antes tampoco teníamos vida”, aclara él.

El sacrificio les compensa. Son sus propios jefes en un negocio que les da mucho dinero y reconocimiento público. Los dos se han convertido en personajes. Les invitan a alfombras rojas y photocalls y a veces tienen fans esperándoles fuera de sus casas. “A mí me encanta que me paren por la calle y me pidan fotos. Tengo mogollón de conversaciones con mis seguidores por privado. Me ayudan en muchas cosas”, explica Marín. Hoyos también recibe “soplos” de sus seguidores. Pero hay determinadas cosas que ya no pueden hacer, como ver un concierto de Aitana en pista, discutir con sus parejas en público o cotillear con amigos durante una cena. “Yo tengo mucho cuidado de no rajar cuando estoy en un restaurante. Nunca sabes si alguien en otra mesa puede estar grabándote”, dice la periodista.

Tienen una legión de admiradores, pero también muchos haters. Lo que peor lleva él son los comentarios homófobos. Ella, los ideológicos. “Se nota de qué pie cojeo en algunas cosas y hay una voluntad organizada para silenciarme. Eso me molesta”, denuncia.

A su manera, son estrellas de las redes, pero no tienen amigos famosos. “Las influencers me invitan a sus fiestas y eventos, pero soy consciente de que estoy haciendo un trabajo y que ellas están haciendo el suyo. Mis amigos están fuera de este universo”, dice él. “Yo no soy amiga de doña Letizia ni de Leonor y Sofía. Tengo muy buena relación con algunos personajes, pero no son mis amigos. Si les dejas entrar en tu vida, van a intentar controlar la narrativa de lo que cuentas”, puntualiza ella.

Aunque ya no necesitan trabajar en la televisión lineal, siguen vinculados a ella. Además de copresentar DCorazón en La 1, Hoyos conduce Teleplanistas en RTVE Play.Marín presenta el magazín de cultura popLo que pasó, pasó en RTVE Play y trabaja en la cadena autonómica catalana TV3. Ambos se criaron con la tele convencional y siguen soñando con ella. Él fantasea con conducir un concurso tipo Pasapalabra o un talent show como Operación Triunfo. A ella le gustaría presentar un late night y entrevistar a Begoña Gómez, la mujer de Pedro Sánchez.

El éxito en las redes puede ser efímero y son conscientes de ello. “Nos ha costado mucho llegar hasta aquí y todo puede perderse con una simple cancelación. La única manera de mantenerse es trabajando y actualizándonos cada día”, reflexiona Hoyos. “Javi, no hay engagement malo. Hemos visto a tanta gente volver de una cancelación…”, opina Marín. “Pero es verdad que no sabemos cuánto puede durar esto. Yo, por las dudas, sigo viviendo por debajo de mis posibilidades actuales”. Los dos se han comprado sus casas y coches y se permiten caprichos como llevar a sus sobrinos a Disneyland París o escaparse a Londres para ver un musical en el West End. Pero Núria Marín aclara que no son “unos flipados”: “Hemos visto a mucha gente de la tele flipada que ha terminado en la ruina. Llevamos muchos años en esto y algo hemos aprendido”.

 Gente en EL PAÍS

Noticias Similares