El expresidente golpista de Corea del Sur, Yoon Suk Yeol, ha sido condenado a cinco años de cárcel, este viernes en Seúl, por obstrucción a la justicia. Se trata de la primera sentencia relacionada con su declaración de la ley marcial, en diciembre de 2024. Por aquellos hechos y por los que le siguieron, Yoon afronta siete imputaciones, que en el peor de los casos podrían acarrearle la pena de muerte.
Se trata de la más leve de las imputaciones ya que el fiscal ha solicitado la pena capital por las más graves
El expresidente golpista de Corea del Sur, Yoon Suk Yeol, ha sido condenado a cinco años de cárcel, este viernes en Seúl, por obstrucción a la justicia. Se trata de la primera sentencia relacionada con su declaración de la ley marcial, en diciembre de 2024. Por aquellos hechos y por los que le siguieron, Yoon afronta siete imputaciones, que en el peor de los casos podrían acarrearle la pena de muerte.
Hoy se juzgaba su atrincheramiento en la residencia presidencial, que él decidió trasladar, desde el inicio de su mandato, a las instalaciones del Ministerio de Defensa, junto a la residencia oficial de los generales de más alta graduación. La condena de hoy Los magistrados han señalado la gravedad de utilizar en beneficio personal y contra las autoridades del estado, a la guardia presidencial que le había sido asignada. PAra evitar derramamiento de sangre, la policía tuvo que renunciar en un primer intento a entregar la orden judicial de detención, en enero pasado. De todos modos, la sentencia -que puede ser recurrida en los próximos siete días- reduce a la mitad los diez años de cárcel solicitados por la fiscalía.
Se trata, en cualquier caso, de una de las imputaciones menos graves, del total de siete. La más seria de todas es la de liderar una insurrección, por la que los fiscales solicitaron, el martes pasado, cuando concluyeron las vistas, nada menos que la pena capital. Cabe señalar, de todos modos, que en Corea del Sur hay una moratoria sobre la pena de muerte desde mediados de los noventa, cuando esta mitad de Corea se convirtió en una democracia plena.
El veredicto del Tribunal del Distrito Central de Seúl considera probado que el expresidente destruyó además pruebas incriminatorias y valora negativamente la ausencia de gestos de arrepentimiento. De hecho, a principios de semana Yoon hizo un intento desesperado de revocar a los magistrados, aunque horas después cambió de opinión.
La lectura de la sentencia ha sido televisada en directo, mostrando a un Yoon Suk Yeol desmejorado, tras casi un año de prisión preventiva. El exmandatario derechista aparece más delgado y frágil y con el pelo canoso. Cabe decir que hace apenas ocho años, el propio Yoon se encontraba en el otro lado de la barrera, como fiscal general del estado, y que su papel fue decisivo para llevar a la cárcel a la presidenta Park Geun Hye, hija del dictador militar Park Chung Hi.
Su actuación fue tan convincente que llegó a engañar al sucesor de esta, Mun Jae In, que le nombró fiscal general. Desde dicha posición, Yoon Suk Yeol dio el salto a la política. Inesperadamente, desde el mismo partido de la expresidenta caída en desgracia (que para entonces ya había sido indultada).
Tras imponerse por los pelos a su contrincante del Partido Democrático, Yoon se reveló como un presidente reaccionario. Sin embargo, su línea dura con Corea del Norte le bastó para ganarse a la embajada de Estados Unidos, que sigue siendo un poder fáctico en Seúl.
Hoy, sin embargo, es su detestado Lee Jae Myung, nuevo líder del Partido Democrático, quien ostenta la presidencia de la República de Corea (tras haber sobrevivido a años de hostigamiento legal y a un acuchillamiento). Tras ganar las elecciones anticipadas de abril pasado, Lee ha supuesto un bálsamo para las relaciones con China y ha apaciguado la tensión con Pyongyang. Todo ellos, sin cuestionar el vínculo con Estados Unidos, ni empeorar la relación con Japón. En una especie de venganza servida fría, la primera de las sentencias contra Yoon Suk Yeol, llega inmediatamente después de una exitosa gira de Lee por China y Japón, en la que ha estrechado lazos con los mandatarios Xi Jinping y Sanae Takaichi.
El próximo miércoles se leerá la sentencia de quien era primer ministro de Yoon en el momento de la insurrección, Han Duck Soo. En días venideros, recibirán sentencia su ministro de Defensa, para el que la fiscalía solicita cadena perpetua, así como el jefe de policía que aquella noche rodeó la Asamblea Nacional y el general que comandó las Fuerzas Especiales que secuestraron a los representantes de la soberanía popular. Aquella noche devolvió a Corea del Sur a los años ochenta, para incredulidad de la mayor parte del país. De hecho, el torpe argumentario anticomunista que leyó Yoon Suk Yeol para justificar la ley marcial estaba sacado, palabra por palabra, del que leyó el general Chun Du Hwan en 1980.
Ahora se ha sabido, además, que Yoon Suk Yeol ordenó sobrevolar Pyongyang con drones a fin de provocar una reacción armada del régimen norcoreano que justificara su ley marcial.
Para mayor desdoro del expresidente, apenas un centenar de seguidores acérrimos se acercaron este viernes al juzgado para jalear su nombre, ondeando las banderas de Corea del Sur y de los Estados Unidos, con el lema, Only Yoon. Un agudo contraste con los cientos de miles de personas, de toda condición y de todas las edades, que hace poco más de un año salieron a la calle durante varios días seguidos para proteger la democracia de quien debería haberla protegido.
Internacional
