En mitad de la tormenta apareció un aliado sorpresa para Carlos Alcaraz. Se trata del zumo de pepinillos. Un remedio casero, casi de vestuario clásico, que su equipo le suministró para paliar los calambres musculares y que ayudó a que el español se mantuviera sobre la cancha junto a la hidratación habitual.
En mitad de la tormenta apareció un aliado sorpresa para Carlos Alcaraz. Se trata del zumo de pepinillos. Un remedio casero, casi de vestuario clásico, que su equipo le suministró para paliar los calambres musculares y que ayudó a que el español se mantuviera sobre la cancha junto a la hidratación habitual.Seguir leyendo…
En mitad de la tormenta apareció un aliado sorpresa para Carlos Alcaraz. Se trata del zumo de pepinillos. Un remedio casero, casi de vestuario clásico, que su equipo le suministró para paliar los calambres musculares y que ayudó a que el español se mantuviera sobre la cancha junto a la hidratación habitual.
No es algo improvisado. Ya había recurrido a él en circunstancias semejantes, por ejemplo en las semifinales de Roland Garros del 2024, frente a Jannik Sinner, cuando su cuerpo volvió a emitir síntomas de alarma. Es un recurso que se suele utilizar para deportes de mucho esfuerzo como el triatlón, el maratón o el ciclismo.
“Es el líquido ácido /( y salado) que acompaña a los pepinillos en vinagre, aunque también existe en otros encurtidos y suplementos específicos de nutrición deportiva. Este producto considerado ergogénico con sabor es ácido, amargo y salado, si se realizan enjuagues en la boca mínimo unos 15 segundos provoca que los sensores bucales conecten rápidamente con el cerebro fatigado, y mejoren la respuesta neuromuscular, facilitando la relajación de los músculos”, explica a este diario Mireia Porta, nutricionista, tecnóloga alimentaria, responsable del departamento de nutrición del FC Barcelona y profesora asociada de la UAB.
Lo cierto es que poco a poco la respuesta de las piernas del murciano fue mejorando. Hace unos años en Roland Garros tuvo que ceder en semifinales ante Djokovic porque los nervios y la tensión habían hecho que su cuerpo se acalambrara.
Esta vez supo esperar. Quien más quien menos lo veía perdido. Quizás todos menos él, esperando siempre que la magia se juntara con el coraje en la cabeza de su raqueta. Lo logró en otro triunfo inverosímil. Una victoria que va a parar a su colección de triunfos increíbles junto a la última final de Roland Garros cuando le levantó dos sets a una máquina como Sinner. Su carisma es inmenso, su manera de empatizar con la grada, también. Es un hombre que conecta con las masas, por el que vale la pena presentarse en una pista de tenis o levantarse a las cinco de la mañana para seguirlo por televisión. Una derrota en las condiciones de esta semifinal no habría sido decepcionante. Nadie hubiera podido decir que no se había partido los cuernos hasta la última gota de sudor, pero no perdió, sino que volteó el guion que se estaba escribiendo. Demuestra el murciano que no es solamente talento y muñeca. La profesionalidad, la mentalidad y el carácter marcan la diferencia. Que se lo pregunten a Djokovic.
Deportes
