Vuelvo a la Luna

Mientras tú haces tus cosas, Artemis II le ha pegado dos vueltas a la Tierra sobre tu cabeza y avanza ya hacia la Luna. Y lo has visto. En la tele. Y en tu móvil, sentado en la taza del váter. Somos un animal protésico. Hemos inventado prótesis para todos los sentidos y miembros del cuerpo, para así ver más lejos, para caminar más rápido, para volar incluso. Somos tecnoanimales. Somos sorprendentes.

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 Mientras tú haces tus cosas, Artemis II le ha pegado dos vueltas a la Tierra sobre tu cabeza y avanza ya hacia la Luna. Y lo has visto. En la tele. Y en tu móvil, sentado en la taza del váter. Somos un animal protésico. Hemos inventado prótesis para todos los sentidos y miembros del cuerpo, para así ver más lejos, para caminar más rápido, para volar incluso. Somos tecnoanimales. Somos sorprendentes.Seguir leyendo…  

Mientras tú haces tus cosas, Artemis II le ha pegado dos vueltas a la Tierra sobre tu cabeza y avanza ya hacia la Luna. Y lo has visto. En la tele. Y en tu móvil, sentado en la taza del váter. Somos un animal protésico. Hemos inventado prótesis para todos los sentidos y miembros del cuerpo, para así ver más lejos, para caminar más rápido, para volar incluso. Somos tecnoanimales. Somos sorprendentes.

Tu móvil, digo. Tu móvil tiene hoy más potencia de la que tenían todos los ordenadores de la NASA en el verano de 1969, cuando hicimos por primera vez esto de llegar a la Luna. Fue milagroso y ahora lo entendemos, nos digan lo que nos digan terraplanistas y conspiranoicos, que necesitan siempre doblar el misterio que tienen ya ante sus narices. Kennedy, encarnación de lo mejor de Estados Unidos, prometió en 1960 que su país llegaría a la Luna antes de finalizar la década. Y así fue. Hoy la NASA trabaja contra Trump, encarnación de lo peor. Nada nos frenará.

En la pantalla de tu móvil, sentado en la taza del váter, te acercas a la Luna, como en 1969, para orbitarla un rato

Un hombre pisó la Luna en 1969, como Cyrano de Bergerac había soñado, y todos los vimos. Que todos viésemos a un hombre pisar la Luna fue casi tan milagroso como pisar la Luna. Yo lo vi. Tenía ocho años, a punto de los nueve, y tenía la nariz pegada al televisor aquella noche, pantalla en blanco y negro en casa de mi tío José, en la Trinitat Vella. Uno recuerda siempre qué televisor miraba la noche en que el hombre subió a la Luna y el mediodía en que cayeron las Torres Gemelas.

Ahora he visto el despegue de Artemis II en la pantalla de mi móvil –sentado en la taza del váter– porque una señora desconocida que sobrevolaba Florida en un avión de aerolínea ha grabado desde su ventanilla el despegue y la ascensión del cohete. La pantalla del móvil ha sido prótesis de mi vista mientras aquí, por una ventana, me observa un bosque de encinas milenario y un peñasco de millones de años, dorado por el mismo sol que platea la Luna.

Hay más tecnología protésica en ese avión, ese móvil de la señora desconocida, el cohete espacial y mi móvil que la que soñaron juntos Cyrano de Bergerac, Julio Verne y Federico García Lorca. La inteligencia artificial es solo otra prótesis del animal que somos, bestia que sueña. Hasta hemos soñado la Luna y que la orbitaríamos un rato, no fuese a creer la Luna que solo ella iba a poder orbitarnos. – @amelanovela

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