Un vídeo publicado por Mehr News, agencia de noticias semioficial iraní, parece confirmar que un ataque aéreo estadounidense fue el responsable de la masacre en la escuela de Minab, donde fallecieron cerca de 175 personas, muchas de ellas niñas. Las imágenes muestran un misil de crucero Tomahawk dirigiéndose hacia una base naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), colindante con el centro educativo.
Las imágenes contradicen la versión de Trump, quien responsabilizó a Irán del incidente
Un vídeo publicado por Mehr News, agencia de noticias semioficial iraní, parece confirmar que un ataque aéreo estadounidense fue el responsable de la masacre en la escuela de Minab, donde fallecieron cerca de 175 personas, muchas de ellas niñas. Las imágenes muestran un misil de crucero Tomahawk dirigiéndose hacia una base naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), colindante con el centro educativo.
Esta evidencia audiovisual se suma a un conjunto de pruebas que contradicen frontalmente las afirmaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien había culpado a Irán de la tragedia. “Son muy imprecisos con sus municiones. No tienen ninguna precisión en absoluto; fue obra de Irán”, aseguró el mandatario tras el suceso. Sin embargo, el análisis técnico de las imágenes cuenta una historia distinta.

En la grabación se observa un proyectil compatible con un misil de ataque terrestre estadounidense BGM/UGM-109 Tomahawk antes de impactar contra las instalaciones de la Guardia Revolucionaria. Según los expertos consultados, la Marina de EE. UU. es la principal operadora de estos misiles, que lanza desde buques de superficie y submarinos, mientras que Israel no cuenta con este armamento en su inventario.
Jeffrey Lewis, profesor de seguridad global en el Middlebury College, ha señalado a la emisora NPR que el proyectil que aparece en el vídeo no coincide con los diseños conocidos de los misiles de crucero de fabricación iraní. Los analistas subrayan que los Tomahawk se utilizan habitualmente en las andanadas iniciales de un conflicto para lograr la supremacía aérea mediante la destrucción de defensas costeras y centros de mando.
Una investigación del Pentágono, todavía en curso, ya califica como “probable” la responsabilidad de las fuerzas estadounidenses en el bombardeo. Según los avances de la auditoría, la tragedia pudo deberse a un fallo de inteligencia o al uso de cartografía de objetivos obsoleta. El centro educativo y una clínica médica adyacente fueron construidos sobre los terrenos de una antigua base naval de la Guardia Revolucionaria que la inteligencia de Washington todavía consideraba como un objetivo militar activo.
Las Naciones Unidas han reiterado que los hechos serán investigados bajo la premisa de un posible crimen de guerra, dado el desproporcionado impacto sobre la población civil.
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