Un párroco dando misa, dependientes en la Gran Vía y otros miles de trabajadores que se perdieron el eclipse: “Atendemos siempre a quien venga”

Cuando los ojos de toda España no se apartaron del horizonte, los de Jesús Gil Sáez se mantuvieron mirando a la flor de luz que entra por las ventanas de la iglesia de San Juan del Hospital en Valencia. Entre los meses de abril y septiembre, cuenta, se produce un efecto visual “precioso” conforme el Sol asciende sobre el rosetón del ábside de la cúpula del templo. El párroco, que se dice aficionado a los fenómenos astronómicos, no pudo ver el eclipse solar de este 12 de agosto por sus labores eclesiásticas. “Mientras todo el mundo estuvo mirando el cielo, yo estuve uniendo la tierra con el cielo en la Eucaristía”, relata.

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 Aunque millones de personas en España se volcaron para presenciar el primer fenómeno de este tipo en más de un siglo en la Península, muchos se lo perdieron por sus obligaciones laborales  

Cuando los ojos de toda España no se apartaron del horizonte, los de Jesús Gil Sáez se mantuvieron mirando a la flor de luz que entra por las ventanas de la iglesia de San Juan del Hospital en Valencia. Entre los meses de abril y septiembre, cuenta, se produce un efecto visual “precioso” conforme el Sol asciende sobre el rosetón del ábside de la cúpula del templo. El párroco, que se dice aficionado a los fenómenos astronómicos, no pudo ver el eclipse solar de este 12 de agosto por sus labores eclesiásticas. “Mientras todo el mundo estuvo mirando el cielo, yo estuve uniendo la tierra con el cielo en la Eucaristía”, relata.

La Luna cubrió al Sol a las 20.32 de este miércoles en la Comunidad Valenciana y, por unos breves segundos, se vivió la noche en pleno día. La franja de totalidad —donde la Luna ocultó por completo el Sol durante un máximo de casi dos minutos— abarcó cerca del 40% del territorio español. Miles de personas viajaron a diferentes sitios dentro de esta banda para presenciar el primer fenómeno de este tipo en más de un siglo en la Península. Sin embargo, hubo otros tantos que, debido a sus trabajos, se perdieron la oportunidad de presenciar el ocultamiento del Sol poco antes del atardecer.

La última misa del día que Jesús Gil presidió terminó a las 20.00, pero la iglesia se mantuvo abierta una hora más. “Nos comprometemos a atender siempre a quien venga”, insiste el padre. Durante la tarde, al menos 20 personas llegaron a la iglesia a confesarse, según Gil. Los últimos dos, sobre las 20.25, le dijeron al párroco que desde el ras de la calle se podía observar. Y salió por un segundo, en el cruce de La Paz, detrás de la torre de Santa Catalina, alcanzó a ver a la Luna morder al Sol. Reconoció que “es un fenómeno que no deja de ser admirable”. De regreso mandó al sacristán a contemplar el Sol.

Del otro lado de España —un par de minutos más temprano—, Galicia fue la primera autonomía en presenciar el eclipse solar total. Al tiempo que miles de personas admiraban al cielo con asombro, en las terrazas y los bares, los trabajadores del servicio de hostelería apretaron en una de las jornadas más pesadas de este verano. “[Era] uno de los días más complicados de la temporada. Una jornada dura, en la cual se tuvo que contratar personal eventual”, adelantó Juan Zas, secretario de Acción Sindical de CC OO en Galicia.

Los sindicatos (CIG y UGT, además de Comisiones) habían convocado una huelga en el sector de la restauración, en parte, por la gran afluencia de comensales por el eclipse, en unas condiciones de trabajo que no habían cambiado en los últimos dos años. La revisión del convenio colectivo de trabajo, ante la amenaza de dejar sin personal uno de los días más importantes del verano, se extendió hasta el fin de la tarde del martes. A decir Zas, se logró llegar a un acuerdo para mejorar los salarios que perciben alrededor de 20.000 trabajadores y así “nadie pidió permiso para no asistir a trabajar”, reconoce Saz.

En Madrid, la expectación tampoco parecía ser mayor, al menos no para los dependientes de la Gran Vía. Ya sea porque en la capital española no se vería el eclipse solar total —solo el 99,95%— o porque no había opción de dejar de trabajar. Es el caso de Antonio, un trabajador de la tienda Ale-hop que omitió brindar su apellido por confidencialidad, quien asegura que el fenómeno no le llama la atención, ni a sus compañeros. “No tengo gafas ni nada, si acaso me asomaré por la puerta un poco”.

Más allá de la falta de interés, el miedo también se abrió espacio en la conversación. Ren Abad, dependienta de la tienda Dekorazon, comenta que aunque se enteró con cierta antelación de que trabajaría ese miércoles, no le molestó debido a que “todo lo del eclipse me genera como incertidumbre, dicen que pasan cosas malas”. Del lado contrario de la conversación, hay quien incluso se alegró por tener que trabajar, según María Díaz, cajera de un supermercado Dia, el eclipse significaría menos personas en la calle, es decir, menos clientes por atender.

La respuesta sencilla es no. Pero existía más de una posibilidad de ausentarse del empleo para disfrutar del hito astronómico. La abogada laboralista Virginia López explica que en el Estatuto de los Trabajadores no se especifica ningún permiso de ausencia por “atender a un eclipse”. Sin embargo, señala que una opción era pedir un día de asuntos propios en caso de trabajar en el sector público. Para los empleados privados, se podía solicitar un día de vacaciones, ajustes de horarios, un permiso no retribuido o incluso pactar la recuperación de las horas perdidas en otro momento. Todo lo anterior a expensas del convenio o contrato al que estén sujetos los trabajadores.

Adrián Hernanz, también jurista laboralista, matiza que la razón para pedir ausentarse tenía que ir más allá de la observación del eclipse. “Si alguien argumentase que por alguna razón necesitaba ver el eclipse, tal vez algo espiritual o religioso era posible. Siempre que, como empleado, actúes de buena fe y hagas las cosas con antelación, es posible contraargumentar y obtener estos permisos”, concluye. En el caso de Jesús Gil en la iglesia de Valencia, la autorización corría por cuenta divina.

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