El cruce de misiles entre Irán e Israel es solo un eco lejano entre las montañas que rodean Tammun, al norte de la Cisjordania ocupada, donde se vive otra tipo de guerra. Ayman Bani Oude recorre el lugar donde, hace dos noches, fue asesinada su hermana Waad, junto a su marido Ali y dos de sus hijos; Mohammed, de 4 años, y Othman, de 7.
Dos niños y sus padres son asesinados en Cisjordania por el Ejército israelí en un control cuando volvían de comprar dulces durante la festividad del Ramadán
El cruce de misiles entre Irán e Israel es solo un eco lejano entre las montañas que rodean Tammun, al norte de la Cisjordania ocupada, donde se vive otra tipo de guerra. Ayman Bani Oude recorre el lugar donde, hace dos noches, fue asesinada su hermana Waad, junto a su marido Ali y dos de sus hijos; Mohammed, de 4 años, y Othman, de 7.
“Waad había preparado el iftar -rotura del ayuno durante el mes de ramadán- en la casa familiar”, narra. “Más tarde, decidieron ir a un pueblo cercano y llevar a los niños a comer dulces. De regreso a casa, giraron por esta esquina y se encontraron con un grupo de policía israelíes”. Los militares abrieron fuego directo contra el vehículo. Un gran número de balas destrozaron el rostro de los cuatro miembros de la familia que iban sentados delante.
Tan sólo los dos hijos mayores, Khaled, de 12 y Mostafa, de 9, sobrevivieron a la ráfaga, ya que viajaban en los asientos de detrás. Según explican los hermanos, la policía los sacó del coche y los empujó contra la pared, al grito de “hemos matado perros”. La ambulancia tuvo que esperar más de media hora para retirar los cuerpos. “Sólo yo vi el cuerpo de mi hermana”, dice Ayman, quien pidió a los forenses del hospital que realicen radiografías para certificar el número de impactos.

Desde que estalló la guerra con Irán, el pasado 28 de febrero, al menos 13 personas han muerto en ataques de colonos o del Ejército israelí en Cisjordania. Otras 26 en la franja de Gaza. Las víctimas por los bombardeos de Irán en Israel durante el mismo periodo ascienden a 12.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) aseguraron en un comunicado que los policías -de los que se desconoce su identidad- participaban en una operación en Tammun para detener a palestinos buscados por presuntas actividades “terroristas”.
“Durante la operación, un vehículo aceleró hacia las fuerzas, que percibieron una amenaza inmediata para su seguridad y respondieron con disparos. Como resultado, cuatro palestinos que estaban en el vehículo murieron”, indicó el Ejército, y añadió que las circunstancias del incidente están siendo investigadas.
“Es imposible que el coche fuera tan rápido”, dice Ayman, mientras señala la pronunciada curva de entrada a la calle y los socavones, ahora cubiertos de cristales. No es la primera vez que pierde un familiar en una redada. “En total, 55 miembros de la familia Bani Oude han sido asesinados”, explica.
La costumbre a la violencia se refleja a la perfección en el rostro de su madre, Najiye, que recibe en el mismo salón del iftar a todas las mujeres del pueblo que han acudido a darle el pésame. Recibe con entereza a sus vecinas, que llenan por el momento las estancias que después estarán demasiado vacías. “Todo lo que hay en mi casa me recuerda a ella. Incluso la lavadora, ella venía y me hacía la colada aquí. No soy capaz de asimilar lo que ha pasado. Digo: “esto es mentira”. ¿Cómo que ha muerto? Si ayer mismo mi hija estuvo aquí”, declara.

Al corrillo de mujeres se suma una delegación femenina de las fuerzas especiales de la policía palestina. Una de las oficiales inicia un discurso en el que describe a las víctimas como “mártires de la ocupación”. Sin embargo, Ayman recela de sus propias fuerzas del orden. “Cuando viene el Ejército a Tammun, los policías palestinos se esconden en el cuartel”. Responde a posibilidad de “justicia” únicamente con una mueca de desdén.
Ahora, el centro de la investigación de algunas organizaciones como B’Tselem, dedicado a los derechos humanos en los territorios ocupados, es el testimonio de Mostafa y Khaled, los únicos testigos del ataque. Junto a un grupo de periodistas, los especialistas piden al mayor de los hermanos que recree la escena con la policía. “¿Cómo te sientes?”, pregunta una reportera. “Creo que lo que pasa en Gaza es mucho peor”, responde el niño, sin padres para dar consentimiento a la entrevista.
En Cisjordania, no se libra una guerra por el petróleo, las rutas marítimas: allí, los misiles balísticos son simples estelas en el cielo que siempre pasan de largo. “Lo que quieren los israelíes es la tierra, al menos 20.000 dunams -2.000 hectáreas- del terreno fértil de Tammun”, explica Ayman. Mantiene la compostura mientras atiende a la prensa. Sin embargo, su mano pasa frenéticamente las cuentas de su tasbih (el equivalente a un rosario musulmán) hasta que se rompe y decenas de esferas se esparcen por la escena del crimen. En su otra palma aprieta tres casquillos de balas: “lo único que deseo es que se recuerde lo que le pasó a mi familia”.
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