Como celebra su cumpleaños un presidente de Estados Unidos, y más si es una de esas fechas señaladas, dice mucho de la persona que ocupa ese cargo.
El presidente cumple 80 años con peleas de UFC en la Casa Blanca, mala popularidad y la idea del deterioro de su salud
Como celebra su cumpleaños un presidente de Estados Unidos, y más si es una de esas fechas señaladas, dice mucho de la persona que ocupa ese cargo.
Cuentan que Jimmy Carter lo consideraba un día laboral más, salvo porque se regalaba un pastel de pistacho. Barack Obama prefería jugar a baloncesto con sus amigos. Ronald Reagan festejó los 75 años con una gran fiesta en la residencia presidencial, mientras que la conmemoración por los 45 de John F. Kennedy, en una gala recaudatoria celebrada el 19 de mayo de 1962 en el Madison Square Garden de Nueva York, aún se recuerda por la icónica interpretación de Marilyn Monroe del Happy birthday Mr. President .
La comparación es mucho más ilustrativa si se vinculan el actual mandatario estadounidense y el anterior. Joe Biden fue el primer presidente en la historia de EE.UU.que cumplió 80 años en el ejercicio del cargo. Lo hizo de manera discreta, con su familia. El horno no estaba para alardes puesto que aquel 20 de noviembre de noviembre del 2022 ya arreciaban las denuncias por su deterioro físico.
Precisamente será Donald Trump el que le acompañará en ese exclusivo club de dos a partir de este domingo 14 de junio.
¿Cómo celebra los 80? Lo suyo se ha definido como “un circo de luz y sangre” (si la meteorología no se lo estropea).
Para la ocasión se ha construido un octágono iluminado de color azul con un escenario portátil de 28 metros de altura con cubierta, conocido como Claw (la zarpa), en el jardín sur de la Casa Blanca, y un coste de 60 millones de dólares. En las tribunas de asientos el presidente y 4.300 espectadores verán hoy a hombres semidesnudos golpearse brutalmente entre sí, en uno de esos combates de UFC que mezcla artes marciales, boxeo y bajos instintos.
Este club de la lucha de Trump no es solo por su cumpleaños. Forma parte oficialmente de las celebraciones por el 250.º aniversario de Estados Unidos (el 4 de julio), pero todo consiste en su ensalzamiento.
Trump sugiere dejar el octógono de lucha libre de forma permanente como si fuera la torre Eiffel
En sus sueños imperiales, los mismos con que amenaza invadir Groenlandia o México, que se refiere a Canadá como el estado 51, que envía a sus Navy Seal a Venezuela a secuestrar al entonces presidente Nicolás Maduro y que tiene Cuba en su punto de mira, Trump comparó el Claw con la Torre Eiffel al señalar que el monumento de París fue levantado temporalmente en 1889 para una Exposición Universal, y se quedó.
“Hemos construido frente a la Casa Blanca algo muy atractivo para muchos, posiblemente nunca la deberíamos derribar”, afirmó esta semana en un vídeo en TikTok. No es más que el ejemplo de su proyecto de vanidad y de trascender con su legado, incluidos un arco de triunfo, un salón de baile o su nombre en todos los edificios oficiales.
Para los críticos, sin embargo, esa jaula de lucha equivale a un espectáculo sangriento vinculado a las corrientes más lamentables de la hipermasculinidad.
Según el entorno de Trump, ese espectáculo es una manera de transmitir una imagen de fuerza. Qué mejor que una pelea en el patio de su hogar para intentar aplacar la corriente rampante de que su estado de salud no es bueno, con los tobillos abotargados, las manos con moratones, ojeras pronunciadas, un andar en ocasiones desorientado y durmiéndose en cualquier sitio. La imagen siesteando en el palco vip del Garden durante el partido de la final de la NBA se ha hecho viral.
Hace poco lo sometieron a una revisión médica y los resultados fueron excelentes, según la versión oficial. Su médico, Sean Barbarella, aseguró que la edad cardiaca no correspondía a una persona en vísperas de cumplir los 80, sino de 65 años.
Incluso T he Wall Street Journal publicó un editorial el pasado miércoles en el que defendía los resultados de esa revisión, cuestionados por numerosos especialistas por la ausencia de información relevante, y remarcó que “el presidente es de lejos más visible y vigoroso de lo que era Joe Biden”.
Pero sus digresiones al responder preguntas –le cuestionan por la guerra en Irán y diserta sobre la reparación del estanque reflectante del National Mall en Washington–, suscitan sospechas psiquiátricas por “signos crecientes de demencia y narcisismo maligno”.
Una encuesta indica que una elevada mayoría de estadounidenses está insatisfecha con el país
Su conversión en octogenario llega cuando su guerra en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz, no ha hecho más que hundir más su popularidad, por los suelos.
Los ciudadanos se quejan de una economía que perjudica a sus bolsillos, pero enriquece al propio presidente y su corte de aduladores. “Me encanta la inflación”, respondió el miércoles tras conocerse que los precios habían subió un 4,2% en el valor anual, el nivel más alto desde el 2022, frase que provocó el sentimiento de que algo le falla.
En una encuesta del Pew Research Center publicada este viernes, la mayoría de las personas recalcaron que están insatisfechas con la situación en EE.UU. (69%) y que creen que los mejores días del país han quedado atrás (59%).
Trump está cada vez más encerrado en su burbuja, rodeado de asesores que solo le dicen lo que quiere oír, obsesionado por su sed de venganza contra sus detractores. En su agenda hay un retroceso notable de sus viajes y de reuniones cerradas de “tiempo ejecutivo”, muestra de su mengua de condiciones.
Sus partidarios ven a un presidente cuya energía sigue siendo notable, aunque a veces impredecible. Un hombre que, al igual que parecía un gran empresario pese a que varias veces se salvo in extremis de la quiebra, trabaja jornadas agotadoras, más que otros con la mitad de su edad. Sus detractores ven las señales inevitables del envejecimiento de un líder que puede luchar contra todo, menos contra el paso del tiempo.
“Los más llamativo no es cuánto ha cambiado Trump, sino cuánto ha permanecido invariable. Los agravios, la teatralidad, el deseo de atención y la determinación de poner su nombre en todo continúan intactos”, remarcó The Times .
Aunque se ha montado la gran fiesta de la UFC, Trump declaró que no le hacen gracia sus 80 años. “No tienes que desearme feliz cumpleaños porque no estoy feliz”, replicó. “Es un número en el que nunca pensé demasiado”, apostilló.
Pese a su resistencia, el Kennedy Center retira del pórtico el nombre del presidente por orden del juez
Su arrogancia recibió un castigo la víspera de sus cumpleaños. El juez obligó a retirar su nombre del pórtico del Kennedy Center. Trump luchó hasta última hora. Al fin el Gobierno comunicó al juzgado este sábado que había cumplido la orden. Pero la fachada se mantenía tapada, ante la expectación de muchos ciudadanos que querían ver para esconder la vergüenza. El regalo indeseado.
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