Trump dice que Londres ha cometido una estupidez al devolver las Chagos

Una teoría educativa moderna muy en boga sostiene que con los niños no hay que utilizar la palabra no , sustituyendo las prohibiciones expresas por enunciados positivos y el autoritarismo por una comunicación clara y respetuosa que explique los porqué de las cosas, prime la empatía sobre la obediencia y estimule la autoestima de las criaturas. Es la misma técnica que el primer ministro británico, Keir Starmer, utiliza con Donald Trump, aunque hay que decir que por el momento con resultados poco convincentes.

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Una teoría educativa moderna muy en boga sostiene que con los niños no hay que utilizar la palabra no , sustituyendo las prohibiciones expresas por enunciados positivos y el autoritarismo por una comunicación clara y respetuosa que explique los porqué de las cosas, prime la empatía sobre la obediencia y estimule la autoestima de las criaturas. Es la misma técnica que el primer ministro británico, Keir Starmer, utiliza con Donald Trump, aunque hay que decir que por el momento con resultados poco convincentes.

Por mucho que se esfuerce en tener contento al mandatario estadounidense, siempre se lleva un coscorrón, cuando no una bofetada. La última es la afirmación de que la devolución del archipiélago de las Chagos a Mauricio “es una estupidez y una muestra de debilidad, y además sin razón alguna, sin que se lo pidiera nadie”. Puesto a buscar razones por las que engullir Groenlandia, Trump ha recurrido a que le fuera negado el premio Nobel de la Paz, y a que Londres se haya desprendido de su excolonia en el Índico (4.200 habitantes).

Una vez más, la respuesta de Starmer ha sido poner la otra mejilla, afirmar que lo importante es “una desescalada en la retórica de los últimos días”, y que Gran Bretaña no contempla la imposición de aranceles a Washington como respuesta a los anunciados por la Casa Blanca contra varios países europeos si Groenlandia no le es entregada pronto en bandeja.

Trump se enfureció por el envío de una delegación militar a Groenlandia de la que formaba parte un observador británico –solo uno–, y ha dicho que castigará a su principal aliado con unas tarifas adicionales del 10%, susceptibles de ser elevadas al 25%, que podrían hacer entrar al país en recesión. “Creo que el presidente recibió la información incorrecta, el objetivo de la misión no era una advertencia a Estados Unidos, sino a China y Rusia”, ha comentado un portavoz de Downing Street. Al hombre más poderoso del mundo, que se considera con derecho de pernada, no se le dice nunca que no.

El populista de ultraderecha Nigel Farage saltó a la palestra para celebrar que “gracias a Dios, Trump se dispone a vetar la devolución de las islas Chagos”, pero él sí que estaba mal informado porque –como ha dejado bien claro Downing Street– el tratado para la entrega del archipiélago a Mauricio ya está firmado y a estas alturas no hay vuelta de hoja posible.

El archipiélago ha sido entregado a Mauricio, que mantiene unas excelentes relaciones con el Gobierno chino

Tanto las Chagos como Mauricio se convirtieron en colonias británicas tras la derrota de Napoleón y la firma en 1814 del tratado de París. Pero así como Mauricio obtuvo la independencia en 1968, el archipiélago siguió siendo una dependencia de la corona, y en la isla de Diego García (la mayor en extensión y la más poblada) se estableció una gran base militar de uso conjunto británico-estadounidense. Para hacerle lugar, miles de lugareños fueron expulsados.

Mauricio llevaba tiempo reclamando ante los tribunales internacionales la soberanía sobre las Chagos, las Naciones Unidas le habían dado la razón en una sentencia no vinculante, y Starmer temía verse forzado a entregar el territorio. Para evitarlo, negoció la devolución voluntaria a cambio de poder continuar utilizando la base durante 99 años (prorrogables de mutuo acuerdo), mediante el pago de un alquiler de 120 millones de euros anuales. El Partido Conservador y la prensa de derechas pusieron el grito en el cielo, como Trump ahora.

Pero el presidente estadounidense, en su eterna incoherencia, no lo vio siempre así, y de hecho dio el visto bueno a la renuncia británica a las Chagos cuando Starmer le planteó el asunto el año pasado. “Se trata de un logro monumental”, manifestó el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Ahora, en el contexto de la campaña para anexionarse Groenlandia, le interesa a la Casa Blanca un discurso diferente. Como decía Groucho Marx, “estos son mis principios, y, si no le gustan, tengo otros”.

En el archipiélago de las Chagos no hay tierras raras como en Groenlandia, ni petróleo como en Venezuela, y el uso conjunto de la base militar (punto de partida de bombarderos estadounidenses en misiones a Irak, Afganistán y el Oriente Medio) está atado y bien atado. De hecho, es uno de los lugares más pobres del mundo, pero de repente –o tal vez alertado por su amigo Farage– Trump se ha dado cuenta de que China tiene una relación amistosa y una considerable presencia en Mauricio, y no le ha gustado lo más mínimo.

El año pasado, Trump aprobó la entrega del enclave índico a Mauricio y dijo que era “un logro monumental”

El titular de la Casa Blanca tiene seguidores en todas partes, y no solo en Estados Unidos. La líder conservadora Kemi Badenoch ha comentado que “en esto tiene razón, y la renuncia por parte de Starmer a las Chagos es efectivamente una estupidez, además de un acto de autosabotaje y una pérdida de soberanía que nos hace más débiles como país”. A la defensiva como es habitual, Downing Street ha respondido que no es cierto y “nunca hará concesiones sobre la seguridad nacional”.

Una encuesta publicada ayer indica que un 33% de los británicos es partidario de responder a las presiones de Washington con sanciones económicas equivalentes, un 14% con una acción militar, mientras que un 30% (entre ellos Starmer) prefiere limitarse al diálogo y la diplomacia. A Trump no hay que decirle nunca que no, aunque te llame estúpido. La teoría educativa tradicional era que a los niños hay que ponerles límites para que aprendan a controlar sus impulsos, a comprender que hay normas y que las cosas no pueden ser siempre como ellos quieren.

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