Dos guerras interminables y cada vez más entrelazadas definen el segundo mandato de Donald Trump y amenazan las mayorías republicanas en el Capitolio de cara a las elecciones legislativas de noviembre. El difunto senador republicano Lindsey Graham, del que se ha despedido esta tarde el presidente y su gabinete en un funeral de estado en la Catedral Nacional de Washington, ha sido uno de sus principales consejeros en ambos conflictos. Murió el 11 de julio a sus 71 años de un repentino desgarro en la aorta, y fue en vida un firme aliado de Ucrania en su guerra de resistencia contra Rusia, así como de Israel en Gaza, en Líbano y en la batalla contra el enemigo común en Oriente Medio: la República Islámica de Irán.
El presidente recuerda en el funeral del republicano su espíritu belicista: “Os lo aseguro, nunca vio una guerra que no le gustara”
Dos guerras interminables y cada vez más entrelazadas definen el segundo mandato de Donald Trump y amenazan las mayorías republicanas en el Capitolio de cara a las elecciones legislativas de noviembre. El difunto senador republicano Lindsey Graham, del que se ha despedido esta tarde el presidente y su gabinete en un funeral de estado en la Catedral Nacional de Washington, ha sido uno de sus principales consejeros en ambos conflictos. Murió el 11 de julio a sus 71 años de un repentino desgarro en la aorta, y fue en vida un firme aliado de Ucrania en su guerra de resistencia contra Rusia, así como de Israel en Gaza, en Líbano y en la batalla contra el enemigo común en Oriente Medio: la República Islámica de Irán.
Este apoyo, que logró alejar a Trump de los ideales aislacionistas de su America First, explica la presencia del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, y del primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, hoy en Washington, donde se han reunido con Trump en el despacho oval de la Casa Blanca horas antes de rendir tributo al fallecido senador. Ambos han buscado en sus encuentros convencer a Trump, así como a los miembros de su Administración y a los legisladores, de la necesidad de mantener su apoyo militar, económico y logístico a sus aliados en ambas guerras.
En su discurso durante el funeral, Trump ha definido a Graham como un político “extremadamente belicista”, un “halcón” de la vieja guardia republicana, durante sus tres décadas como congresista y senador. “Os lo aseguro, nunca vio una guerra que no le gustara”, ha añadido. “Sentía en lo más profundo de su ser que nuestro destino era ganar, y que su deber era hacer todo lo posible para garantizar que nuestros enemigos perdieran. Fue esta convicción la que le llevó a casi todos los países del mundo, enfrentándose a los adversarios y defendiendo a los amigos de EE.UU.”
Precisamente, Graham murió un día después de regresar de Kyiv, tras una reunión con su amigo Zelenski, en la que reveló un acuerdo bipartidista en el Senado para aumentar la presión sobre Rusia con nuevas sanciones a su petróleo. El presidente de Ucrania ha expresado ante Trump sus “condolencias” en lo que ha definido como una “gran reunión”, donde ha agradecido al mandatario “todo lo que hacemos juntos para proteger las vidas de los ucranianos”.
Ambos líderes han avanzado en la emisión de licencias para la producción de interceptores Patriot, defensas antiaéreas prometidas por Trump a principios de mes en Ankara, en el marco de la cumbre de la OTAN, una concesión que Zelenski lleva años buscando en Washington. “Estoy agradecido a EE.UU. por su firme apoyo”, ha sentenciado a través de X. Antes del funeral, se ha reunido con representantes de Lockheed Martin, productora de los sistemas Patriot, para zanjar la “producción conjunta e intercambio de tecnologías”.
“Graham sentía que nuestro destino era ganar. Fue esta convicción la que le llevó a enfrentarse a los adversarios de EE.UU. y a defender a sus amigos”
Atrás quedó el día en el que el Zelenski fue expulsado de la Casa Blanca por “no mostrar gratitud” por la ayuda estadounidense en su resistencia contra Rusia. Y quizás han tenido algo que ver los susurros del senador Graham. El líder ucraniano, al que Trump dijo en febrero del 2025 que no tenía las “cartas” para exigir concesiones, ha demostrado en el despacho oval que sí cuenta con una baraja de alto valor geoestratégico para EE.UU.
Para tratar convencerlo de la necesidad de más ayuda militar, así como de la reactivación de las negociaciones de paz con Rusia, Zelenski tenía en su mazo el papel crucial que puede librar Kyiv en la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán, un conflicto cada vez más relacionado con la guerra de Ucrania.
El ucraniano ha puesto en valor que la ayuda de EE.UU. ya no es unidireccional. El sábado, su inteligencia reunió pruebas de que Rusia estaba proporcionando a Irán vigilancia por satélite de las bases estadounidenses y a los aliados en el Golfo Pérsico. Ese mismo día, Ucrania atacó un buque iraní en el mar Caspio, al que acusó de transportar carga militar entre Irán y Rusia. Fue el primer ataque de Kyiv contra el enemigo común en los cinco meses de agresión contra Teherán.
El incidente demostró que las dos guerras están relacionadas y podrían estarlo de manera más directa en un futuro. Ucrania lleva años advirtiendo de que Teherán ha proporcionado a Moscú drones baratos pero efectivos, así como misiles de corto alcance, lo que ha obligado a Kyiv a desarrollar nueva tecnología de defensa aérea. Pero sigue necesitando sistemas convencionales, por lo que la construcción de los Patriot en su territorio supondrá un gran avance.
El funeral del senador también ha llevado a Netanyahu a la Casa Blanca, donde ha entrado por una puerta lateral quince minutos después de la salida de Zelenski por el mismo lugar. Es llamativo que el vicepresidente de EE.UU., J.D. Vance, quien regañó a Zelenski hace un año y medio, no ha estado presente en la reunión con el ucraniano, pero sí en la del israelí.
Acorralado por unas encuestas que le alejan de la reelección, Netanyahu ha llegado con mayores urgencias a su primer encuentro con Trump desde que comenzó el 28 de febrero su agresión conjunta en Irán. Cinco meses después, su relación no pasa su mejor momento, después de que la guerra no haya dado resultados estratégicos tangibles a EE.UU. ni Israel.
Trump ha dejado entrever su tensión con Netanyahu, a quien ya reprendió públicamente el mes pasado, cuando lo culpó de que “todo el mundo odie a Israel” por su empeño belicista. En una entrevista con Fox and Friends, su programa favorito, el líder estadounidense ha respondido a las informaciones que señalaban que el israelí pretendía ponerle al día sobre un supuesto plan iraní para avanzar en su programa nuclear en una instalación en Pickaxe Mountain.
Tanto Trump como Netanyahu llegan a los próximos comicios legislativos con una creciente impopularidad en las encuestas
“Sé exactamente lo que está pasando en Pickaxe”, ha dicho, sobre un lugar con el que ha amenazado repetidamente con bombardear. Sea lo que sea que Irán está haciendo, “no es un gran problema”, ha añadido, y “Bibi me lo dice porque quiere que yo siga involucrado”. “¿Por qué tienes que anunciarlo al mundo?”, ha sentenciado en un tono frustrado.
Las conversaciones de paz entre Washington y Teherán, que se plasmaron en un memorando de entendimiento firmado el mes pasado, se han visto comprometidas por la disputa sobre quién debe controlar el estrecho de Ormuz. Pero también por la insistencia de Israel en seguir bombardeando objetivos de Hizbullah, la milicia aliada de Irán, en el frente de Líbano. El acuerdo terminó de saltar por los aires tras trece jornadas consecutivas de bombardeos de EE.UU. en Irán, que se han vuelto a suspender este fin de semana a la luz de nuevas negociaciones.
Netanyahu ha visitado a Trump con un sentimiento de urgencia, pues enfrenta en octubre unos comicios en los que, según las encuestas, podría perder el apoyo parlamentario necesario para su reelección. El primer ministro se envolvió de orgullo nacional con su agresión en Gaza, en Líbano y en Irán, pero el patriotismo bélico podría no ser suficiente para convencer al pueblo de la necesidad de un conflicto permanente.
El propio Trump, que llegó al poder prometiendo el fin a cualquier gasto innecesario en guerras externas, también ha visto como los dos conflictos le han pasado factura tanto a él como al Partido Republicano. Una encuesta publicada el lunes por Ipsos situó el apoyo a la guerra de Irán en su nivel más bajo desde febrero, alrededor del 30% de los estadounidenses.
El enorme gasto, que el Pentágono cifra en 37.500 millones de dólares, aunque organizaciones independientes lo sitúan en 150.000 millones, así como el fallecimiento de 13 soldados estadounidenses, son molestas piedras en los zapatos del presidente, que cada vez tiene menos argumentos para justificar su agresión continuada a Irán.
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