Trump anuncia la paz, por 40ª vez

Donald Trump ha anunciado este sábado la firma, mañana domingo, del acuerdo de paz con Irán, pero se ha curado en salud y ha usado la fórmula “está previsto”. El portavoz de la diplomacia iraní, Esmaeil Baghaei, consideró sin embargo improbable que sea así. “No está excluido que se produzca en los próximos días”, agregó, con vaguedad calculada.

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 Teherán niega que la firma sea este domingo, víspera de la cumbre del G-7 en Francia  

Donald Trump ha anunciado este sábado la firma, mañana domingo, del acuerdo de paz con Irán, pero se ha curado en salud y ha usado la fórmula “está previsto”. El portavoz de la diplomacia iraní, Esmaeil Baghaei, consideró sin embargo improbable que sea así. “No está excluido que se produzca en los próximos días”, agregó, con vaguedad calculada.

La posible rúbrica -si esta vez va en serio- del compromiso entre Irán y Estados Unidos condiciona la cumbre del G-7 que arrancará el lunes en Évian-les-Bains, la elegante villa termal francesa a orillas del lago Lemán.

Los iraníes se resisten a regalar a Trump un éxito diplomático en su 80 cumpleaños y antes de la cita con los aliados

Horas antes del mensaje de Trump en su red Truth Social, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, principal mediador, dio por hecha la firma telemática en un plazo de 24 horas. Se trataría de un memorándum al parecer con capítulos esenciales aún no resueltos, como el nuclear.

Según el presidente norteamericano, “inmediatamente después de la firma, el estrecho de Ormuz se abrirá a todos”. La recuperación del uranio enriquecido se hará “en el momento apropiado” para ser destruido en Irán o EE.UU. Trump se jactó de ser el mejor presidente en la relación con Irán, arremetió contra Obama y auguró una buena colaboración en Oriente Medio, aunque avisó de que si el plan no funciona, “tenemos la alternativa última (la guerra), que ojalá no se use otra vez”.

La televisión francesa, tan escéptica como la mayoría de medios, se entretuvo en contar el viernes cuántas veces en los últimos meses ha anunciado Trump el final pactado de la guerra. Eran 39, 40 con la de hoy. El último freno iraní indicaría que Teherán no quiere regalarle mañana a Trump un éxito diplomático para su 80 cumpleaños. Si el anuncio tiene lugar durante el G-7, la noticia robará por completo el show y Trump acaparará aún más el foco, a pesar de que sea una paz precaria, muy lejos de los objetivos originales de la guerra lanzada en febrero.

El encuentro anual de los líderes de las siete democracias más industrializadas (Estados Unidos, Canadá, Japón, Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia) es un rito cuya efectividad real está cuestionada, especialmente por la alergia de Trump al multilateralismo y por la ausencia de China, “el elefante en la habitación”, según expresión del presidente de la patronal francesa, Patrick Martin.

El primer G-7 -entonces G-6, pues Canadá se incorporó un año después- se celebró en el castillo de Rambouillet, a 50 kilómetros al sur de París, en 1975. En este château se conserva la mesa tal como estaba dispuesta, con las cartulinas del menú y de los participantes, en la cena a la que asistieron, entre otros, el estadounidense Gerald Ford, acompañado de Henry Kissinger, el francés Valéry Giscard d’Estaing, el británico Harold Wilson, el alemán Helmut Schmidt y el italiano Aldo Moro (asesinado por las Brigadas Rojas pocos años después).

La iniciativa de reunir al selecto club de los grandes partió del presidente Giscard y del canciller Schmidt. Querían que fuera en un ambiente distendido. Había que coordinarse después del primer shock petrolero (por la guerra del Yom Kipur), que desestabilizó a las economías occidentales.

China es la gran ausente de la cumbre del G-7, que ha invitado a los patronos de la inteligencia artificial

Existen dos grandes diferencias entre las dos citas separadas por 51 años. En 1975 los reunidos representaban dos tercios del PIB mundial. Ahora es mucho menos. Y entonces la guerra fría, el enfrentamiento entre el bloque capitalista occidental y el soviético, estructuraba las relaciones internacionales. Hoy el mundo es mucho más caótico y multipolar. El G-7 siempre trata de poner orden, pero también es un espejo del creciente desgobierno global.

El encuentro continúa siendo entre países que son aliados militares, si bien Trump ha sembrado muchas dudas. Pese a las tensiones, la reunión en Évian-les-Bains tiene una agenda muy densa. A la situación en Oriente Medio se dedicará una sesión especial, el martes, con presencia de los líderes de Egipto, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Ese día el G-7 acogerá también a Volodímir Zelenski para reafirmar la solidaridad con Ucrania y buscar una salida al conflicto con Rusia.

Entre los asuntos económicos sobresale la relación con China y la urgencia de reducir los desequilibrios, y la discusión de una estrategia conjunta para asegurar el aprovisionamiento de minerales esenciales para la industria.

El miércoles, último día de la cumbre, habrá una mesa redonda y un almuerzo con algunos los patronos de las empresas de desarrollan la inteligencia artificial (IA), entre ellos el norteamericano Sam Altman, de Open AI, el francés Arthur Mensch, de Mistral AI, y el indio Pratyush Kumar, de Sarvam AI.

Por falta de consenso con Trump, no habrá en el texto principal de la declaración final una referencia al cambio climático. Sí se incluirá una iniciativa para promover la investigación contra el cáncer y para reformar la ayuda a los países en desarrollo.

Es la segunda vez que Évian-les-Bains acoge el G-7. La primera fue en el 2003 y era la época en que se llamaba G-8 porque estaba Rusia, excluida a raíz de la anexión de Crimea en el 2014.

La reunión supone una publicidad impagable para la célebre agua mineral que lleva el nombre de la localidad y que acaba de cumplir 200 años. Los presidentes y primeros ministros ocupan el complejo Évian Resort, con casino (dañado en parte por un incendio, en abril), campo de golf y cuatro hoteles, entre ellos el Royal, con vistas espectaculares al lago y a las montañas, un escenario ideal, como suele ser en estos encuentros, para intentar imbuir a los dirigentes el deseo de apaciguar el mundo.

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