Tiananmen, Deng Xiaoping y la transformación de China en el gran supermercado del mundo

“Una economía planificada no equivale a socialismo, el capitalismo también tiene planes; de la misma manera que una economía de mercado no equivale a capitalismo; el socialismo también tiene mercados”.

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 Tras el duro episodio de represión que puso al país en el disparadero internacional, las reformas políticas y la firme apuesta por un ‘socialismo de mercado’ auspiciada por un líder en su Naxun o gira por el sur convirtió el país en una gran y respetada potencia  

“Una economía planificada no equivale a socialismo, el capitalismo también tiene planes; de la misma manera que una economía de mercado no equivale a capitalismo; el socialismo también tiene mercados”.

Sin ser una gran aportación doctrinaria al socialismo, al menos en función de la tradición occidental, la máxima con la que Deng Xiaoping definió la nueva economía socialista de mercado, que replica los modelos corporativos y financieros del capitalismo, sí supuso la transformación de China en la gran potencia económica y foco de poder que ha acabado sustituyendo al extinto bloque oriental.

A Deng le debe China su segundo y decisivo Gran Salto Adelante, tanto durante su etapa como líder supremo tras la muerte de Mao Zedong, un papel que abarcó desde diversos cargos a lo largo de toda la década de los 80 del siglo pasado, como ya apartado de la primera línea política. De hecho, su gira por el sur de enero y febrero de 1992 –conocida como Naxun utilizando la expresión china– supone el impulso a las reformas políticas con la que el país logró superar la crisis que abrió el episodio de represión de Tiananmen de 1989.

Tras ese viaje de un Deng octogenario, que incluyó diversos actos en Wuhan, Shenzhen, Zhuhai y Shanghai, el Partido Comunista Chino siguió sus directrices al pie de la letra y en su XIV Congreso Nacional, celebrado ese mismo, adoptó esa nueva economía de mercado acallando a los sectores conservadores. El venerado líder, además, bendijo las zonas económicas especiales de la provincia de Cantón, y las dos bolsas de valores que funcionaban en el país desde poco antes: la de Shanghai y la de Shenzen, que otorgaban un hasta entonces desconocido potencial financiero a las pujantes empresas manufactureras.

Aunque, según diversos analistas, la presencia de Deng Xiaoping en la región supuso un aval tanto para los nuevos empresarios y hombres de negocios chinos como para los dirigentes locales, que vieron perdonados su ‘pecados’ de ver como Cantón –una provincia con lengua propia e históricamente conectada al mundo– avanzaba con pasos de gigantes ante una China interior aún deprimida. En su éxito, dejó dicho el líder, radicaba también el de los campesinos de esa otra China.

Deng señaló que el futuro de China está en la innovación y la tecnología, la última frontera del socialismo de mercado

La visita fue también el preámbulo del paso definitivo del país para explotar todo su potencial productivo en un decisivo valor competitivo: la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio, que se materializó menos de una década después y que convirtió al país en el gran proveedor mundial de todo tipo de productos consolidando y acelerando la globalización.

En los discursos que ofreció Deng en estas visitas, recogidos en el tercer volumen de los Textos Escogidos de Deng Xiaoping (1982-1992) que publicó en 1993 la Editorial del Pueblo –seis textos contenidos en un mismo capítulo que ofrecemos extractado–, el exmandatario también advierte que, más allá del sector secundario, el futuro de China está en la innovación y la tecnología, la última frontera del socialismo de mercado.

Estuve aquí en la provincia de Cantón en 1984. En aquel entonces, la reforma rural llevaba varios años en marcha, y apenas estábamos empezando a implementar la reforma urbana y a establecer zonas económicas especiales. Han pasado ocho años desde entonces. Esta vez, durante mi viaje, he comprobado que el rápido crecimiento de las zonas económicas especiales de Shenzhen y Zhuhai, así como de otras zonas, ha superado mis expectativas. Después de lo que he visto, tengo aún más confianza.

La revolución significa la emancipación de las fuerzas productivas, y también lo es la reforma. El derrocamiento del régimen reaccionario del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático ayudó a liberar las fuerzas productivas del pueblo chino. Esto fue la revolución, porque revolución significa la emancipación de las fuerzas productivas. Una vez establecido el sistema socialista básico es necesario cambiar fundamentalmente la estructura económica que ha obstaculizado el desarrollo de las fuerzas productivas y establecer una vigorosa estructura económica socialista que promueva su desarrollo.

En esto consiste la reforma, porque reforma también significa la emancipación de las fuerzas productivas. En el pasado, sólo enfatizábamos la expansión de las fuerzas productivas bajo el socialismo, sin mencionar la necesidad de liberarlas mediante la reforma. Esa concepción era incompleta. Tanto la liberación como la expansión de las fuerzas productivas son esenciales.

Tanto la liberación como la expansión de las fuerzas productivas son esenciales

Para mantener la línea, los principios y las políticas formuladas desde la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central del Partido Comunista Chino es esencial adherirnos al principio de ‘una tarea central y dos puntos básicos’. Si no nos adhiriéramos al socialismo, si no implementáramos las políticas de reforma y apertura al exterior, si no desarrolláramos la economía y eleváramos el nivel de vida, nos encontraríamos en un callejón sin salida.

Debemos adherirnos a la línea básica durante cien años, sin vacilar. Esa es la única manera de ganarnos la confianza y el apoyo del pueblo. Cualquiera que intentara cambiar la línea, los principios y las políticas adoptadas desde la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central no sería tolerado por el pueblo; sería derrocado. Lo he dicho varias veces. De no haber sido por los logros de la reforma y la política de apertura, no habríamos podido resistir el 4 de junio [protestas de la plaza de Tiananmen de 1989]. Y si no hubiéramos superado esa prueba, habría habido caos y guerra civil.

La Revolución Cultural fue una guerra civil. ¿Por qué nuestro país pudo mantenerse estable tras el incidente del 4 de junio? Fue precisamente porque implementamos la reforma y la política de apertura, que han promovido el crecimiento económico y elevado el nivel de vida. Por lo tanto, el Ejército y el Gobierno deben salvaguardar el sistema socialista y estas políticas.

Si no implementamos las políticas de reforma y apertura, si no desarrollamos la economía, estaremos en un callejón sin salida

En el breve lapso de los últimos 12 años, el rápido desarrollo de nuestro país ha deleitado al pueblo y atraído la atención mundial. Esto basta para demostrar la corrección de la línea, los principios y las políticas adoptadas desde la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central. Nadie podría cambiarlos, ni aunque quisiera. Después de todo lo dicho, puedo resumir nuestra postura en una sola frase: nos mantendremos fieles a esta línea, estos principios y políticas.

Desde que introdujimos la reforma y la política de apertura, hemos elaborado numerosas normas y reglamentos que abarcan todos los ámbitos de actividad. Se han elaborado y expresado con precisión directrices y políticas claras en materia económica y política, ciencia y tecnología, educación, cultura, militar y asuntos exteriores.

(…)

Por supuesto, a medida que avanza la reforma, algunas de estas políticas deben mejorarse o modificarse según sea necesario. Pero debemos mantenernos firmes en nuestra dirección general. No importa mucho si podemos aportar nuevas ideas. Lo importante es que no cambiemos nuestras políticas ni dejemos que la gente sienta que las estamos cambiando. Entonces, las perspectivas para China serán excelentes.

De no haber sido por la reforma y la apertura no habríamos podido resistir el 4 de junio [protestas de Tiananmen]

II

Debemos ser más audaces que antes al llevar a cabo reformas y abrirnos al exterior, y tener el coraje de experimentar. No debemos actuar como mujeres con los pies vendados. Una vez que estemos seguros de que algo debe hacerse, debemos atrevernos a experimentar y abrir nuevos caminos. Esa es la importante lección que debemos aprender de Shenzhen. Si no tenemos espíritu pionero, si tememos correr riesgos, si no tenemos energía ni empuje, no podremos abrir un nuevo camino, un buen camino, ni lograr nada nuevo.

¿Quién se atreve a afirmar que está 100% seguro del éxito y que no corre riesgos? Nadie puede estar 100% seguro desde el principio de que lo que hace es correcto. Nunca he estado tan seguro. Cada año, los líderes deben revisar lo que han hecho, continuar con las medidas que han demostrado ser correctas, actuar con prontitud para corregir las que han demostrado ser erróneas y abordar los nuevos problemas tan pronto como se identifiquen.

Probablemente nos llevará otros 30 años desarrollar un sistema más maduro y bien definido en todos los ámbitos. Los principios y políticas que se aplicarán en cada sistema también estarán más firmemente establecidos. Constantemente acumulamos más experiencia en la construcción de un socialismo al estilo chino. A juzgar por la prensa local, las provincias han adquirido una experiencia considerable, cada una actuando según sus propias particularidades. Eso es positivo. La creatividad es justo lo que necesitamos.

Debemos ser más audaces que antes al llevar a cabo reformas y abrirnos al exterior y tener el coraje de experimentar

La razón por la que algunas personas dudan en implementar la reforma y la política de apertura, y no se atreven a innovar es, en esencia, su temor a que esto signifique introducir demasiados elementos del capitalismo y, de hecho, tomar la vía capitalista. La clave está en si la vía es capitalista o socialista. El criterio principal para juzgar esto debería ser si promueve el crecimiento de las fuerzas productivas en una sociedad socialista, aumenta la fortaleza general del Estado socialista y eleva el nivel de vida.

En cuanto a la construcción de zonas económicas especiales, algunos discreparon desde el principio, preguntándose si no significaría la introducción del capitalismo. Los logros en la construcción de Shenzhen les han dado una respuesta definitiva: las zonas económicas especiales son socialistas, no capitalistas.

En el caso de Shenzhen, el sector público es el pilar de la economía, mientras que el sector con inversión extranjera representa sólo una cuarta parte. E incluso en ese sector, nos beneficiamos de impuestos y oportunidades de empleo. Deberíamos tener más empresas con inversión extranjera de los tres tipos [conjuntas, cooperativas y de propiedad extranjera]. No hay razón para temerles. Mientras mantengamos la calma, no hay motivo de alarma. Tenemos nuestras ventajas: contamos con las grandes y medianas empresas estatales y las empresas rurales. Y lo que es más importante, el poder político está en nuestras manos.

Las empresas con capital extranjero son complementos útiles para la economía socialista y son beneficiosas para el socialismo

Algunos argumentan que cuanto mayor sea el flujo de inversión extranjera y más empresas de los tres tipos se establezcan, más elementos del capitalismo se introducirán y más se expandirá en China. Estas personas carecen de conocimientos básicos. Actualmente, las empresas con capital extranjero en China pueden generar ingresos de acuerdo con las leyes y políticas vigentes. Sin embargo, el Gobierno grava a estas empresas, los trabajadores reciben salarios de ellas y nosotros aprendemos tecnología y habilidades gerenciales. Además, podemos obtener información de ellas que nos ayudará a abrir más mercados. Por lo tanto, sujetas a las limitaciones de las condiciones políticas y económicas generales de China, las empresas con capital extranjero son complementos útiles para la economía socialista y, en última instancia, son beneficiosas para el socialismo.

La proporción entre la planificación y las fuerzas del mercado no es la diferencia esencial entre el socialismo y el capitalismo. Una economía planificada no es equivalente al socialismo, porque también existe planificación en el capitalismo; una economía de mercado no es capitalismo, porque también existen mercados en el socialismo. Tanto la planificación como las fuerzas del mercado son medios para controlar la actividad económica. La esencia del socialismo es la liberación y el desarrollo de las fuerzas productivas, la eliminación de la explotación y la polarización y el logro final de la prosperidad para todos.

Este concepto debe ser claro para la gente. ¿Son los valores y el mercado de valores buenos o malos? ¿Conllevan algún peligro? ¿Son propios del capitalismo? ¿Puede el socialismo aprovecharlos? Permitimos que la gente se reserve su juicio, pero debemos probar estas cosas. Si, después de uno o dos años de experimentación, resultan viables, podemos ampliarlas. De lo contrario, podemos detenerlas y dar por terminada la experiencia. Podemos detenerlas de una vez o gradualmente, total o parcialmente.

Si queremos que el socialismo logre superioridad sobre el capitalismo, no debemos dudar en aprovechar sus logros

¿Qué hay que temer? Mientras mantengamos esta actitud, todo irá bien y no cometeremos errores graves. En resumen, si queremos que el socialismo logre superioridad sobre el capitalismo, no debemos dudar en aprovechar los logros de todas las culturas y aprender de otros países, incluidos los países capitalistas desarrollados, todos los métodos avanzados de funcionamiento y técnicas de gestión que reflejen las leyes que rigen la producción socializada moderna.

Emprender el camino hacia el socialismo implica alcanzar la prosperidad común paso a paso. Nuestro plan es el siguiente: donde las condiciones lo permitan, algunas zonas podrán desarrollarse más rápido que otras; aquellas que se desarrollen más rápido podrán ayudar a impulsar el progreso de las rezagadas, hasta que todas prosperen. Si los ricos se enriquecen cada vez más y los pobres se empobrecen más, surgirá la polarización. El sistema socialista debe y puede evitarla. Una forma es que las zonas que prosperen primero apoyen a las pobres pagando más impuestos o generando mayores beneficios para el Estado.

Por supuesto, esto no debe hacerse demasiado pronto. Actualmente, no queremos mermar la vitalidad de las zonas desarrolladas ni fomentar la práctica de que todos coman de la misma fuente. Debemos estudiar cuándo plantear esta cuestión y cómo resolverla. Me imagino que el momento adecuado podría ser a finales de este siglo, cuando nuestra gente viva una vida bastante cómoda. En ese momento, mientras las zonas desarrolladas continúan creciendo, también deberían brindar un fuerte apoyo a las zonas menos desarrolladas pagando más impuestos, generando mayores beneficios y transfiriendo tecnología. La mayoría de las zonas menos desarrolladas son ricas en recursos y tienen un gran potencial de desarrollo. En resumen, considerando el país en su conjunto, confío en que podremos reducir gradualmente la brecha entre las zonas costeras y las del interior.

La derecha puede destruir el socialismo, pero también la izquierda; China debe mantenerse alerta contra la derecha, pero principalmente contra la izquierda

Al principio, las opiniones sobre la reforma y la política de apertura estaban divididas. Era normal. La diferencia no se limitaba a las zonas económicas especiales, sino también a cuestiones más importantes, como la reforma rural, que introdujo el sistema de responsabilidad contractual familiar con remuneración vinculada a la producción y abolió el sistema de comunas populares. Inicialmente, en el país en su conjunto, sólo un tercio de las provincias emprendieron la reforma. Sin embargo, para el segundo año, más de dos tercios ya lo habían hecho, y al tercer año casi todas las demás se sumaron.

(…)

En la actualidad, nos vemos afectados tanto por tendencias de derecha como de izquierda. Pero son estas últimas las que tienen las raíces más profundas. Algunos teóricos y políticos intentan intimidar a la gente tachándola de política. Esa no es una táctica de derecha, sino de izquierda. Las tendencias de izquierda tienen una connotación revolucionaria, dando la impresión de que cuanto más izquierdista se es, más revolucionario se es. En la historia del Partido, estas tendencias han tenido consecuencias nefastas. Algunas cosas buenas se destruyeron de la noche a la mañana.

Las tendencias de derecha pueden destruir el socialismo, pero también las de izquierda. China debe mantenerse alerta contra la derecha, pero principalmente contra la izquierda. La derecha aún existe, como lo demuestran los disturbios. Pero la izquierda también está presente. Considerar la reforma y la política de apertura como medios para introducir el capitalismo, y ver que el peligro de una evolución pacífica hacia el capitalismo proviene principalmente de la esfera económica, son tendencias de izquierda. Si mantenemos la mente despejada, no cometeremos errores graves y, cuando surjan problemas, podrán solucionarse fácilmente.

No hay nada de qué preocuparse mientras prioricemos la eficiencia y la calidad y desarrollemos una economía orientada a la exportación

III

Si queremos aprovechar las oportunidades para promover el desarrollo integral de China es crucial expandir la economía. Las economías de algunos de nuestros países y regiones vecinos crecen más rápido que la nuestra. Si nuestra economía se estanca o se desarrolla lentamente, la gente hará comparaciones y preguntará por qué. Por lo tanto, no se debe obstaculizar el desarrollo de las áreas en condiciones de hacerlo.

Donde las condiciones locales lo permitan, el desarrollo debe avanzar lo más rápido posible. No hay nada de qué preocuparse mientras prioricemos la eficiencia y la calidad y desarrollemos una economía orientada a la exportación. Un crecimiento lento equivale a estancamiento e incluso retroceso. Debemos aprovechar las oportunidades; la presente ofrece una excelente. Lo único que me preocupa es que podamos perder oportunidades. Si no las aprovechamos, se nos escaparán de las manos con el paso del tiempo.

Al desarrollar la economía debemos esforzarnos por alcanzar un nivel superior cada pocos años. Por supuesto, esto no debe interpretarse como un estímulo a una velocidad irreal. Debemos trabajar con solidez, priorizando la eficiencia, para lograr un progreso constante y coordinado. Cantón, por ejemplo, debería intentar avanzar varios pasos y alcanzar a los cuatro pequeños dragones de Asia [Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwán] en 20 años.

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El rápido desarrollo de la economía sólo puede basarse en la ciencia, la tecnología y la educación, porque son una fuerza productiva primaria

La experiencia de otros países muestra que algunos de ellos —Japón, Corea del Sur y partes del Sudeste Asiático, por ejemplo— han atravesado uno o más períodos de rápido desarrollo. Dado que contamos con las condiciones internas necesarias y un entorno internacional favorable, y dado que, bajo el sistema socialista, tenemos la ventaja de poder concentrar nuestras fuerzas en una tarea importante, ahora es posible y necesario que, en el prolongado proceso de modernización, logremos varios períodos de rápido crecimiento con buenos resultados económicos. Debemos tener esta ambición.

El rápido desarrollo de la economía sólo puede basarse en la ciencia, la tecnología y la educación. He dicho que la ciencia y la tecnología son una fuerza productiva primaria. ¡Cuán rápido han progresado en los últimos 10 o 20 años! Un avance en el campo de la alta tecnología promueve el crecimiento de varias industrias. ¿Podríamos habernos desarrollado tan rápidamente en los últimos años sin la ciencia y la tecnología? Debemos promover la ciencia, porque ahí es donde reside nuestra esperanza.

Durante la última década, China ha logrado un progreso sustancial en ciencia y tecnología; espero que se puedan lograr avances aún mayores en la década de 1990. Las personas en todos los campos de esfuerzo deben establecer un objetivo estratégico claro y alcanzarlo. China también debe ocupar su lugar en el mundo en el campo de la alta tecnología.

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