The Shards, la serie de la semana: una mezcla de Élite y Twin Peaks a partir de Bret Easton Ellis

La literatura y la televisión no carburan igual, así que el juego de realidad y ficción de ‘Los destrozos’ se traslada a la pantalla de formas a veces chirriantes. Claro que si alguien sabe hacer del chirrido sinfonía ése es Ryan Murphy Leer La literatura y la televisión no carburan igual, así que el juego de realidad y ficción de ‘Los destrozos’ se traslada a la pantalla de formas a veces chirriantes. Claro que si alguien sabe hacer del chirrido sinfonía ése es Ryan Murphy Leer  

A Bret Easton Ellis le gustan las cosas caras y molestar. A Ryan Murphy también. Tiene sentido que The Shards (Los destrozos en castellano), novela del primero, sea convertida en serie por el segundo. Su campaña promocional la vende más como una Élite ochentera con guarreo que como una adaptación literaria difícil. Es las dos cosas. En mi círculo, Los destrozos es un libro del que se ha hablado muchísimo. Y Bret Easton Ellis es un gamberro al que se venera. Estrenada en España por Disney+, su serie es obvia y retorcida, orgullosamente hortera como el cine de Brian de Palma, perturbadora como Twin Peaks y guarra… como Élite.

No tengo ninguna duda de que Ryan Murphy, responsable de Glee y American Horror Story, se ha entendido bien con Bret Easton Ellis. También asumo que el autor de American Psycho ha aceptado que, en manos de Murphy, su libro perdería algunos de sus mecanismos narrativos y trampas. La literatura y la televisión no carburan igual, así que el juego de realidad y ficción que Ellis propone en la novela se traslada a la pantalla de formas a veces chirriantes. Claro que si alguien sabe hacer del chirrido sinfonía ése es Ryan Murphy. Él traslada la extraordinaria (y ambigua) prosa del novelista a su muy reconocible universo televisivo: producción lujosa, acabado pulido y un reparto arriesgado y que funciona como guiño autorreferencial. Y musicón.

Y carne. En The Shards tenemos a los hijos de dos iconos de los 80 californianos, Richard Gere (Homer Gere) y Cindy Crawford (Kaia Gerber), presumiendo de genética. Igual se enrollan. Durante dos meses o durante dos minutos. Con los niños ricos uno nunca sabe. Lo tienen todo y sin embargo quieren más. Se les ofrecen todas las opciones de entretenimiento y ocio, pero se aburren. Lo mismo hasta les da por matarse entre ellos. Literal, metafóricamente o las dos cosas a la vez. Su decorado es una Los Ángeles pija que en 1981 todavía recuerda a Charles Manson. Y hay un asesino suelto.

The Shards es una serie adolescente que contempla la adolescencia con envidia (¡esas caras! ¡esos cuerpos!) pero también con sarcasmo: ese creer que lo sabes todo. Está protagonizada por un chico que se llama Bret y escribe los libros que escribe Easton Ellis, pero que no es Bret Easton Ellis. Es una cosa socarrona, seductora y desconcertante. ¿Las interpretaciones casi robóticas de algunos de sus actores son accidentales (es decir: malas) o buscadas (es decir: buenas)? ¿Y poner a Wes Bentley y Evan Rachel Wood, a los que tanto les cuesta dejar de ser percibidos como estrellas juveniles, en personajes adultos límite? En The Shards, Bentley y Wood no podrían dar más repelús. ¿Son sus personajes realmente tan abismales o es la mirada de un narrador de 18 años, incapaz de descifrar el mundo de los mayores, la que los deforma?

La voz en off de Brett empieza muy segura de sí misma, pero pronto flaquea. Por muy vivo que sea, no deja de ser una persona a medio hacer, que toma decisiones trascendentales sin comprender ni siquiera sus propias motivaciones para hacerlo. Por no hablar de las consecuencias. Bret no es fiable. Ninguno de los dos.

A Bret Easton Ellis siempre le han interesado los monstruos atractivos. Y los pijos. Los sube a un pedestal y luego los derriba. Ryan Murphy no ha producido jamás una serie cutre. La hija de Bret y Ryan es rica, guapa, sexy y muy mala persona. The Shards no pasará a la historia. El libro es una obra maestra; la serie no. A ella le da lo mismo. Sus papás pueden estar orgullosos.

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