Teixits Vicens, el ‘ikat’ como acto de resistencia

Emplear tres meses para confeccionar 200 metros de tela puede significar la autoinmolación de un negocio o su valor añadido. Sin ese convencimiento, sin esa cabezonería, no hay singularidad. Convertir metros de tela en cojines (46 euros), cortinas (75 euros un metro), manteles (340 euros), bolsos (62 euros) y otros productos de calidad y resistentes, fruto de mezclar algodón con lino, requiere tiempo, paciencia, conocimiento, concentración y rebeldía. Teixits Vicens se fundó en 1854 en Pollença, al norte de la isla de Mallorca. Es la casa de las telas lisas, rayadas y de llengües, realizadas mediante la técnica artesanal del ikat, un término que proviene del malayo-indonesio mengikat, que significa “atar, enlazar, sujetar”. Y esa es, precisamente, la base de esta técnica ancestral, que llegó a la isla en el apogeo de la Ruta de la Seda en el siglo XVI, urdir y atar los hilos antes de teñirlos para que el tinte no llegue a ciertas zonas. Así, una vez tejidos, los hilos revelan unas llengües, llamas o lenguas de fuego de color azul o verde o amarillo o rojo, de contornos difusos, que hacen única cada pieza que las luce.

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 Esta empresa familiar nacida en Pollença en 1854 se ha hecho un hueco entre locales, turistas, hoteles e interioristas por cómo trabajan la técnica ancestral y artesanal de urdir y atar los hilos antes de teñirlos. “Necesitamos tres meses para confeccionar 200 metros de tela”, dice una de sus propietarias  

Emplear tres meses para confeccionar 200 metros de tela puede significar la autoinmolación de un negocio o su valor añadido. Sin ese convencimiento, sin esa cabezonería, no hay singularidad. Convertir metros de tela en cojines (46 euros), cortinas (75 euros un metro), manteles (340 euros), bolsos (62 euros) y otros productos de calidad y resistentes, fruto de mezclar algodón con lino, requiere tiempo, paciencia, conocimiento, concentración y rebeldía. Teixits Vicens se fundó en 1854 en Pollença, al norte de la isla de Mallorca. Es la casa de las telas lisas, rayadas y de llengües, realizadas mediante la técnica artesanal del ikat, un término que proviene del malayo-indonesio mengikat, que significa “atar, enlazar, sujetar”. Y esa es, precisamente, la base de esta técnica ancestral, que llegó a la isla en el apogeo de la Ruta de la Seda en el siglo XVI, urdir y atar los hilos antes de teñirlos para que el tinte no llegue a ciertas zonas. Así, una vez tejidos, los hilos revelan unas llengües, llamas o lenguas de fuego de color azul o verde o amarillo o rojo, de contornos difusos, que hacen única cada pieza que las luce.

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