Los japoneses volverán a las urnas el próximo 8 de febrero, cuando apenas han pasado quince meses desde las últimas elecciones generales. Así lo ha anunciado este lunes la primera ministra Sanae Takaichi, que pretende blindar su programa de rearme, envuelto en unos presupuestos generales expansivos. La mandataria derechista también necesita refrendar su ascenso al poder, que se produjo de rebote, tras acceder al liderazgo del Partido Liberal Democrático (PLD) en octubre pasado.
La primera ministra derechista no quiere que cuaje la recién anunciada Alianza Reformista de Centro
Los japoneses volverán a las urnas el próximo 8 de febrero, cuando apenas han pasado quince meses desde las últimas elecciones generales. Así lo ha anunciado este lunes la primera ministra Sanae Takaichi, que pretende blindar su programa de rearme, envuelto en unos presupuestos generales expansivos. La mandataria derechista también necesita refrendar su ascenso al poder, que se produjo de rebote, tras acceder al liderazgo del Partido Liberal Democrático (PLD) en octubre pasado.
A Takaichi le precedía su fama de política ultranacionalista y militarista. Su elección por parte de la militancia del PLD abocó a la ruptura de la coalición por parte de Komeito, tras un cuarto de siglo. El anuncio, el viernes pasado de la fusión entre esta formación de inspiración budista y el Partido Democrático Constitucionalistas de Japón habría acelerado los planes de Takaichi de convocar elecciones anticipadas. De este modo, a menos de tres semanas de los comicios, pone muy cuesta arriba la popularización de la nueva Alianza Reformista de Centro, encabezada por el líder de la oposición, Yoshihiko Noda, y el de Komeito, Tetsuo Saito.

A pesar de la gran apatía política y del hartazgo con la corrupción endémica del PLD, Sanae Takaichi espera rentabilizar la popularidad que le dan los sondeos. Del 62 %, según la televisión pública NHK. Sin embargo, según otra encuesta, del diario Asahi Shimbun, el 50% de los japoneses estaba en contra de la disolución de la Cámara Baja. Aunque esta era una cuestión de tiempo, dada la precaria mayoría de la coalición gubernamental, de un solo diputado, gracias a su coalición alternativa con los neoliberales del Partido de la Innovación, con sede en Osaka. Estos últimos apoyan una política de rearme.
En tres meses, la primera mujer que alcanza la jefatura de gobierno en Japón tiene aún poco que mostrar. Sin embargo, confía en seducir al electorado con su promesa de eliminar durante dos años el IVA del 8% en los alimentos. Algo que ha obligado a la oposición a pedir su abolición permanente.
Exprimer ministro Noda
El líder de la oposición gira al centro como respuesta a la derechización del gobierno
Los japoneses renovarán la totalidad de los escaños de la Cámara Baja, donde el anterior primer ministro y jefe de coalición, Shigeru Ishiba, perdió la mayoría hace dos octubres. Otro tanto le ocurrió meses después en la Cámara Baja, mientras su partido obtenía los peores resultados de su historia en las municipales de Tokio. Todo ello precipitó la salida de Ishiba y, con él, del conservadurismo clásico.
Takaichi sintoniza mucho más con el populismo que le llega desde el otro lado del Pacífico. Promete ya para este año un gasto del 2% del PIB en Defensa (el doble de lo habitual) y aumentos más sustanciales en caso de refrendar su mandato.
Incluso ha ido más allá de lo que se esperaba, al declarar en sede parlamentaria que una acción militar de China en Taiwán desencadenaría una intervención militar de Japón.

La reacción de China a dicha “injerencia nipona” no se hizo esperar. Tanto por parte del gobierno como de la ciudadanía, que ha degradado a Japón en su lista de destinos turísticos. Pekín dio una nueva vuelta de tuerca a principios de mes, al anunciar restricciones a la exportación de productos “de doble uso civil y militar”. Algo que, a su vez, ha acrecentado la determinación de Japón de reducir la dependencia de su industria respecto a las tierras raras de China, aunque tenga que ir a buscarlas al fondo del mar.
A cuenta de Taiwán
Takaichi ha conseguido en tiempo récord que la relación con China toque fondo
A pesar de la insistencia del gobierno chino, Takaichi no ha rectificado sus palabras. Ahora espera que un sector importante del electorado la recompense por ello. Pero si tiene a la palabra a su favor -y luego al silencio- los números juegan en su contra. El más doloroso es un porcentaje: 3%. Corresponde a la inflación, en un país acostumbrado a la estabilidad de precios, cuando no a la deflación.
El 3% es también el porcentaje de población nacida en el extranjero. Una cifra modesta, que sin embargo ha bastado para insuflar vida a un partido xenófobo, Sanseito. Que a su vez justifica este nuevo giro a la derecha del PLD, a manos de una discípula del desaparecido Shinzo Abe (de quien retoma la voluntad de derogar el pacifismo de la Constitución, así como el expansionismo fiscal). Sin embargo, la seguridad nacional, obsesión de Takaichi, solo constituye la principal preocupación de uno de cada seis japoneses.
Todo en ello, en el mismo momento en que la economía japonesa (que en 2025 creció un 0,7%, frente al 5% de China) se ve relegada al quinto lugar mundial, adelantada por India, dos años después de haber cedido el cuarto puesto a Alemania.
Cabe señalar, por último, que la fecha escogida por Takaichi coincide con la de las elecciones en Tailandia.
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