George Jaques se las ingenia para sortear con emoción, gusto y mucha prudencia los riesgos infinitos de un melodrama sobre el cáncer infantil Leer George Jaques se las ingenia para sortear con emoción, gusto y mucha prudencia los riesgos infinitos de un melodrama sobre el cáncer infantil Leer
Hay relatos cuya virtud y sentido no consiste en desvelar o inventar nada, sino en sencillamente acompañar la mirada del espectador, cumplir con su expectativa, recordar quizá lo olvidado. No en balde, Borges, siempre él, llevaba el razonamiento al extremo hasta concluir que cuatro son las historias posibles. No hay más por mucho que se empeñen los thrillers con muchas sorpresas dentro. Todo se reduce en el ideario del argentino a los relatos de la ciudad cercada, del regreso del héroe, de la búsqueda de quizá la nada y, finalmente, del sacrificio de un dios. Sunny Dancer podría encajar en cualquiera de ellos. Su héroe se encuentra acosado por una enfermedad, desea regresar a ese hogar que fue antes la llamada normalidad, busca otra vida más allá de la infancia que abandona y, por desgracia, buena parte del éxito de su aventura se encuentra lastrada por la muerte de sus dioses que son, en buena medida, sus amigos. Hablamos de cáncer, de cáncer infantil.
Se cuenta la historia de una joven aquejada de leucemia ahora en remisión que acude a regañadientes a un campo de verano donde asisten jóvenes con un padecimiento similar. Lo que sigue, comandado por una Bella Ramsey sencillamente cautivadora y un no menos convincente Neil Patrick Harris, es exactamente lo que cualquiera de nosotros es capaz de esperar. Y no nos referimos a lo de Borges que siempre queda tan lucido recordarlo, sino al patrón clásico de este tipo de películas. Primero, un amago de revolución, luego más revolución y, por último y con la excusa del carpe diem en tiempos desesperados, más revolución todavía. Se haya o no visto Pulsera rojas, nadie se puede perder.
Sin embargo, y precisamente por lo trillado del terreno, los peligros son infinitos. De un lado, el más evidente de la sensiblería. Del otro, el menos habitual, pero igual de peligroso y dañino, del exceso de vaciamiento o desdramatización. Y en medio, todas y cada una de las trampas que siempre acechan a las películas que tratan el paso de la infancia a la edad adulta (o solo juventud) empeñadas en dar con una mirada imposible que igual valga para los aún por crecer y los ya crecidos, los que van y los que vienen.
Pues bien, George Jaques se las arregla para componer con emoción, gusto y mucha prudencia un melodrama no solo digno, sino entrañable y, lo más difícil, cierto. Sin alardes, quizá más pendiente de lo que no se puede decir que de lo que se dice, Sunny Dancer acaba por ser una película perfectamente abrazable. Los números musicales irritan un poco, pero, se lo perdonamos. Está en la naturaleza de un número musical amateur dar un poco de vergüenza.
—
Director: George Jaques. Intérpretes: Bella Ramsey, Daniel Quinn Toye, Ruby Stokes. Duración: 106 minutos. Nacionalidad: Reino Unido.
Cultura // elmundo
