A media tarde en la sala de prensa del RCTB, contemplo dos historias en paralelo.
‘La Vanguardia’ conversa con el tenista suizo, campeón de tres títulos del Grand Slam en los tiempos del ‘Big Three’, que se retira a final de año
A media tarde en la sala de prensa del RCTB, contemplo dos historias en paralelo.
En una pantalla, Pedro Martínez Portero y Marco Trungelliti, el argentino melenudo y antisistema conocido como qualy man, se juegan una plaza para el cuadro grande del Trofeo Godó (se la gana Martínez Portero, por 5-7, 7-6 (5) y 6-1).
En la pantalla contigua, Carlos Alcaraz y Jannik Sinner se manejan en otras dimensiones, en la dimensión universal: en la final de Montecarlo, se apuestan el liderato del circuito (y al cabo de un rato se impone Sinner, líder otra vez tras las 22 semanas de imperio de Carlitos).
En pleno vértigo, la organización del torneo barcelonés viene a avisarnos: Stan Wawrinka (41) nos está esperando en la casa-club. Todos los miembros del equipo de La Vanguardia nos ponemos en marcha. Dejamos trás las pantallas: salimos a entrevistar a este supremo personaje del tenis, un tenista que está a un paso de ser leyenda, pues se retira a finales de este 2026.
(Rafael Nadal le ha pedido a Wawrinka una raqueta dedicada para incorporarla al museo Nadal de la academia de Manacor que se abre el 14 de mayo; y en la noche del sábado, el suizo ha disfrutado de la Cena de Gala del Masters 1.000 de Montecarlo, ha cenado junto al príncipe Alberto de Mónaco, y por la mañana se ha subido a un avión desde Niza hacia Barcelona).
Murray estuvo un paso por encima de mí; creo que no correspondía un ‘Big Five’ conmigo”
–Le veo relajado –le comento cuando chocamos de manos.
–Bueno, es como debes estar cuando afrontas el final de tu carrera, cuando ya no te juegas muchas cosas, pero ya veremos cómo me siento en las próximas horas, ahora que me espera Cameron Norrie.
(El Wawrinka-Norrie se juega este lunes, no antes de las 16h).
(…)
Stan Wawrinka ha sido casi siempre Stan the man, y así lo dice la sudadera con capucha que luce: un portento físico de revés fino, a una mano, algo así como el último mohicano, un talento que, a la chita callando, ha llegado a apropiarse de tres títulos del Grand Slam, y que lo ha hecho en los años del Big Three (Open de Australia 2014, Roland Garros 2015 y US Open 2016), y que luego ha vivido también los tiempos del Big Two, este Alcaraz-Sinner que ha llegado para quedarse.
Usted ha convivido con ambas generaciones, ¿de qué manera ha cambiado el tenis en estos años?
En este tiempo, el tenis ha evolucionado de un modo natural. Las pelotas son un poco diferentes, más blandas, y se pueden hacer menos cosas. Por eso, el juego sobre las diferentes superficies se parece cada vez más entre sí.
¿Y qué rivales eran más duros, aquellos o estos?
Los cinco, o los seis si añadimos a Murray, son atletas especiales, mejores que el resto. El Big Four (Federer, Nadal, Djokovic y Murray) lo demostraba semana tras semana, igual que Alcaraz y Sinner lo hacen ahora.
Tengo que hacerle esta pregunta, pero no se ofenda: Murray ganó tres Grand Slams, tantos como usted. Pero a él le incluyeron en el Big Four. ¿Por qué no hubo un Big Five, con usted?
Murray fue número 1 del mundo (Wawrinka llegó a número 3). Y estuvo en el Top 4 durante diez años, o quince, no lo sé. Creo que ganó catorce Masters 1.000, yo gané solo uno. Aparte de sus tres títulos grandes, Murray jugó otras siete u ocho finales (fueron ocho). Para mí no hay discusión ninguna: él tuvo doce años al más alto nivel, yo apenas tuve cuatro.
Me inspiraron Pete Sampras, aunque no nos parezcamos en nada, y Àlex Corretja”
¿Y qué le faltó a usted para perpetuarse en ese nivel?
Ya sabe, como digo, todos seguimos nuestros caminos hacia el más alto nivel. En mi caso, me costó más tiempo alcanzar mi madurez física, técnica y tenística. El tenis es un rompecabezas. Tienes que encajarlo. A mí me llevó más años y cuando llegué a mi máximo, tampoco era tan bueno como ellos. El objetivo era ser la mejor versión de mí mismo. Eso sí lo conseguí.
Sin el Big Three, ¿hubiera ganado usted más Grand Slams?
En el deporte cuenta la realidad, lo que realmente has logrado. Nunca sabremos lo que podría haber ganado. Pero enfrentarme al Big Three me hizo crecer como tenista.
¿Le costó decidir la retirada?
No. Ya llevaba unos años pensando en cuándo lo haría. Y fue el año pasado cuando algo en mi interior me dijo que marcharme sería lo correcto. Cuando ese pensamiento salió a la luz, fue bueno para mí. Tenía ganas de que llegara este año en el que puedo ir despidiéndome, y también tengo ganas de que termine.
Cuando era un niño y vivía en Lausana, ¿pensaba que alcanzaría todo lo que ha alcanzado?
He llegado mucho más allá. Mire, entonces mi sueño era ser un jugador profesional. Me refiero a jugar los Grand Slams y alcanzar el Top 100. Y sobre todo, ser mejor al día siguiente, y al año siguiente… Y así es como llegué al Top 3 y a los tres grandes títulos. Pero claro, un competidor siempre quiere más…
Y en aquella infancia, ¿en quién se inspiraba?
En Pete Sampras.
Nada que ver con usted.
Cierto. Pero me gustaba. También me fijaba en Àlex Corretja. Tuve la oportunidad de conocerle aquí.
(Y nos cuenta que, en su juventud, vivió durante varios meses en un apartamento en Barcelona, en la calle Sepúlveda, junto a un entrenador y junto a su hermano, que luego también fue entrenador, y que en aquellos tiempos iba a entrenarse en Castelldefels, y que se asomaba al Trofeo Godó a contemplar a David Ferrer; también nos cuenta que entiende el castellano, pero no lo habla).

¿Y por qué se instaló aquí?
Por varios motivos. Con quince, 16 o 17 años, venía con mi entrenador en las vacaciones escolares. Y aquí también tenía un preparador físico. Y Barcelona es magnífica para el tenis, con muchos clubs, jugadores y torneos satélites, como los Future de cuatro semanas. Podías jugar muchos partidos aunque perdieras, algo que me parece básico para crecer como tenista.
¿Qué hará al acabar este año?
Tengo muchas puertas abiertas, pero ahora estoy centrado en acabar de la mejor manera posible, cerrar este capítulo y poner cierta distancia emocional. Durante 25 años, solo jugaba, viajaba nueve meses al año, pasaba las noches en hoteles. Primero debo dejar todo eso atrás.
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