Hubo un tiempo en que ver a cualquiera de los equipos de las cuatro secciones profesionales del FC Barcelona perder un partido en el Palau era noticia. Aquello ya es historia. Los recortes económicos de la directiva, justificados todavía por la herencia recibida, pese a que han pasado cinco años, y condicionados (como en el fútbol femenino) por la estricta aplicación del fair play financiero que marca LaLiga al club, han afectado al baloncesto, al hockey patines, al balonmano y al fútbol sala. La rebaja del presupuesto, que llegó a oscilar entre el 15 y el 25 por ciento según los casos, ha ido repercutiendo en el rendimiento de los cuatro equipos, y también en la relación de los socios con el viejo Palau, puesto que la identificación con los jugadores, antes ídolos y hoy deportistas esforzados, ha derivado en una creciente desafección.
Los recortes y el ‘fairplay’ de LaLiga han afectado a la competitividad de las cuatro secciones profesionales, cada vez menos dominantes
Hubo un tiempo en que ver a cualquiera de los equipos de las cuatro secciones profesionales del FC Barcelona perder un partido en el Palau era noticia. Aquello ya es historia. Los recortes económicos de la directiva, justificados todavía por la herencia recibida, pese a que han pasado cinco años, y condicionados (como en el fútbol femenino) por la estricta aplicación del fair play financiero que marca LaLiga al club, han afectado al baloncesto, al hockey patines, al balonmano y al fútbol sala. La rebaja del presupuesto, que llegó a oscilar entre el 15 y el 25 por ciento según los casos, ha ido repercutiendo en el rendimiento de los cuatro equipos, y también en la relación de los socios con el viejo Palau, puesto que la identificación con los jugadores, antes ídolos y hoy deportistas esforzados, ha derivado en una creciente desafección.
El fin de semana pasado sirvió de muestra. El Barça de baloncesto cayó con estrépito 76-95 en casa ante el Madrid, derrota ante los blancos convertida en una (mala) costumbre; el hockey sobre patines sucumbió ante el modesto Calafell en las semifinales de la Copa y el fútbol sala perdió la final de la Copa de España ente el Jaén.
La falta de resultados, especialmente evidente y difícil de digerir en el baloncesto, ha provocado un carrusel de incorporaciones, tanto en el banquillo (cuatro entrenadores en cinco años: Jasikevicius, Grimau, Peñarroya y Pascual) como sobre el parquet, con un desfile de jugadores, la mayoría anodinos, que no se consolidan ni establecen vínculo emocional alguno con la grada. A años luz quedan los tiempos de los Epi, Solozabal y compañía, una idea de fidelización tan añorada como lejana.
Solo el balonmano resiste heroicamente la embestida, manteniendo su dominio en España y en Europa pese a que año tras año se le pasa el rastrillo perdiendo jugadores referenciales.
El gran papel de los equipos masculino y femenino de fútbol no debería maquillar una crisis que afecta a la esencia del club, también popular en el mundo por su naturaleza polideportiva.
Texto: Joan Josep Pallàs
Baloncesto
Tres años dando bandazos
Decir que el proyecto del baloncesto blaugrana se está desmoronando no sería ajustarse a la realidad, porque directamente no hay proyecto. En las tres últimas temporadas, la sección más importante del club ha ido dando bandazos de un lado a otro sin mucho sentido ni coherencia.
El declive empezó cuando se decidió desmantelar un proyecto ganador, que había alcanzado tres final fours de la Euroliga de manera consecutiva, justificándolo por motivos económicos. Los que estaban al otro lado de la mesa de negociaciones no están del todo de acuerdo. Pero el resultado fue el adiós precipitado de Jasikevicius y un conflicto espantoso con Mirotic, que dibujaron un fin traumático de una era triunfal.
Por aquel entonces, se optó por Roger Grimau, un técnico de la casa, asegurando que era una apuesta del club y podría trabajar a medio-largo plazo. Un año sin títulos acabó con la etapa en el banquillo del último capitán que ha levantado una Euroliga. No le dieron muchas explicaciones. Todo lo que valía el verano anterior se había convertido en nada. Otro bandazo. Su sustituto fue Joan Peñarroya, el único candidato que aceptó todas las condiciones que imponía el club, influenciadas por la escasez de recursos económicos. Pedro Martínez, por ejemplo, era la opción principal, pero no quiso ir al Palau atado de pies y manos.
Peñarroya tampoco reactivó al equipo, pero a él, a pesar de no ser de la casa, sí se le ofreció una segunda oportunidad. Pero con una plantilla muy limitada de recursos, con el fallido fichaje de Willy Hernangómez acaparando buena parte de la masa salarial sin rendir acorde a su estatus, el desastre estaba escrito y en un par de meses fue fulminado. El relevo lo ha cogido un mito del Palau como Pascual, alentado por las promesas de fichajes en verano. Hasta entonces, los nubarrones no escamparán.
Texto: Luis Buxeres
Balonmano
El proyecto aguanta, pero con más fugas
Amo intratable de la Liga Asobal (desde que desapareció el At. Madrid/Ciudad Real en el año 2013), dominador absoluto de las competiciones domésticas (Copa del Rey, Copa de España, antes la Supercopa…), y todavía el equipo más hegemónico en Europa (dos Champions en cuatro años), el Barça de balonmano posee credenciales que le convierten en la sección más fiable y en el proyecto que más aguanta el embate de la reducción presupuestaria. Laporta –asesorado por Enric Masip y Valero Rivera– eligió a Carlos Ortega para guiar al equipo, borrar el sello de Xavi Pascual y David Barrufet (destituidos en el 2021) y dar continuidad a la hegemonía blaugrana. La ha mantenido el malagueño a pesar de disponer de una plantilla cada vez con menos músculo (esta temporada salieron diez jugadores, el mayor éxodo visto en la sección, con nombres de peso como Pérez de Vargas, Ariño, Petrus, Richardson o Wanne), pero que sigue gozando de la columna vertebral de la era Pasqui.
Sin embargo, independientemente del éxito que tenga en una Champions con trayectoria impecable en la que vuelve a ser uno de los grandes favoritos (ahora en cuartos de final), el balonmano blaugrana seguirá perdiendo referentes y jugadores diferenciales. Las próximas salidas provocan vértigo: en junio se marcharán Emil Nielsen (al Veszprém), el mejor portero del mundo, y Domen Makuc (al Kiel), quien tenía que ser el central de presente y futuro. Y en el 2027, la gran fuga, la del capitán Dika Mem (al Füchse), el mejor lateral derecho del mundo, ídolo del Palau y líder del equipo; otros tres hijos de Pasqui, cuya huella “siguen queriendo liquidar”, señalaban desde el vestuario. El Barça del 2026-27 deberá buscar nuevos referentes (el portero Sergey Hernández, el central Janus Smarason, quizás los hermanos Kiko y Martin Costa) y apuntalar a sus jóvenes valores (los hermanos Cikusa, Ian Barrufet) para seguir siendo hegemónico.
Texto: Toni López Jordà
Fútbol sala
Ganar está cada vez más caro
El Barça de Javi Rodríguez (tercer entrenador en las últimas tres temporadas) ha recuperado la competitividad que se perdió el año pasado con Tino Pérez, quien ocupó el banquillo tras la salida de Jesús Velasco para dirigir a la selección española. La temporada 2024-25, condicionada por las lesiones, fue la primera en blanco de la sección en ocho años y le costó el cese al entrenador recién llegado.
A pesar de haber perdido solamente dos partidos este curso en la Liga y seguir vivos en las semifinales de la Copa del Rey, los culés cayeron en los penaltis hace una semana ante el Jaén Paraíso Interior en la final de la Copa de España, el primer título que podían ganar esta campaña.
Dos años han pasado desde el último trofeo que levantó la sección azulgrana, los mismos que lleva sin disputar la Champions, un deber para una entidad como el Barça y que pasa por conquistar este año la Liga. Porque, si gana la Liga de Campeones el Palma Futsal o el Jimbee Cartagena, los dos representantes españoles en la competición, a los culés no les bastará con alcanzar la final del campeonato liguero a no ser que el otro finalista sea el conjunto español que obtenga la Champions.
Levantar un título nacional se antoja cada vez más complicado por las inversiones que realizan algunos clubs como el Cartagena, ganador de las últimas dos Ligas. De los últimos 20 títulos nacionales que se han disputado, los tres equipos con mayor palmarés, Barça, Movistar Inter y ElPozo Murcia, que antes eran hegemónicos, solamente han ganado diez. Ocho de ellos se los han llevado los azulgrana.
Con la rebaja del presupuesto, el mánager de la sección, Jordi Torras, ha realizado malabares más que meritorios pero, por ahora, insuficientes para volver a ganar. Torras ha tenido que lidiar con el adiós de tres puntales como Sergio Lozano, Ferrão y Dyego Zuffo, ha renovado a piezas importantes como Dídac Plana, Matheus y Adolfo (los tres capitanes) y ha fichado a tres jugadores con un futuro brillante y cotizados por otros clubs: Antonio Pérez, João Victor y Luciano Gauna. La asignatura pendiente es firmar un pívot de referencia. Una figura que escasea en el mercado y que, a día de hoy, resulta una pieza indispensable.
Texto: Gerard Fermín
Hockey patines
Sin referentes y sin consistencia
La segunda sección más laureada del club blaugrana prosigue su singular transición en busca de consolidar un proyecto que ha dado tumbos. Tras despedir en el verano del 2024 a Edu Castro y perder a referentes como Pau Bargalló, João Rodrigues y Sergi Panadero (retirado), la dirección técnica –Gaby Cairo como mánager deportivo– entregó el timón a David Cáceres, que duró solo una temporada, tras ganar la Liga y descalabrarse en la Champions al quedarse fuera antes de cuartos. Un fracaso que abrió la puerta a Ricard Ares esta temporada. Con el bilbaíno en el banquillo tras su experiencia en el Porto, y sin ningún fichaje –además de la salida de Matías Pascual–, el Barça ha bajado prestaciones de manera notoria: ha dejado de ser el equipo dominante ya no solo en Europa, sino también en las competiciones domésticas, sin aquel aura de conjunto invencible y sólido. Perdió la final de la Lliga Catalana para abrir el curso, cedió el liderato de la OK Liga al Liceo tras cuatro derrotas y tres empates, y, el último varapalo, fue eliminado en semifinales de la Copa del Rey por el modesto Calafell, que le ha ganado tres veces, evidenciando que este conjunto blaugrana es vulnerable, sin consistencia, incapaz de cerrar los partidos, y sin referentes de peso en una plantilla joven, erosionada cualitativamente, en la que se echa en falta la calidad de los Bargalló, Helder Nunes, João Rodrigues, Panadero, Egurrola o el referido Pascual.
El panorama venidero no es muy esperanzador. El Barça aún puede aspirar a ganar este año la OK Liga (es segundo y se decidirá en formato de playoff) e intentar asaltar el cetro europeo que se resiste desde el 2018, pero hoy por hoy está un peldaño por debajo de las potencias portuguesas, que han sabido atraer a los mejores jugadores y técnicos catalanes. Los blaugrana, sin el potencial económico de antaño con un presupuesto ajustado y sin el atractivo de los proyectos ambiciosos de Portugal, seguirán escasos de figuras diferenciales y perderán a otros dos referentes como Pablo Álvarez y el portero Sergi Fernández. En el horizonte tampoco se divisan grandes fichajes.
Texto: Toni López Jordà
Deportes
