Sin redes sociales, charla en los cafés

Abrir la ventana de internet después de días de desconexión es chocar con una realidad: Irán está en el centro de la atención mundial sin que la mayor parte de la población –internet se abre cada día unas horas y sólo para periodistas– tenga conciencia de serlo.

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 Con internet cortado por el régimen, los bares de la capital iraní se llenan de gente con ganar de hablar  

Abrir la ventana de internet después de días de desconexión es chocar con una realidad: Irán está en el centro de la atención mundial sin que la mayor parte de la población –internet se abre cada día unas horas y sólo para periodistas– tenga conciencia de serlo.

La represión, sumada a una semana sin acceso a internet internacional –el intranet al que están conectadas las aplicaciones nacionales funciona–, hizo que la atención se centrara en la realidad local sin entender muy bien cuál era la repercusión fuera de las fronteras, incluidas las amenazas bombardeo por parte de Trump.

En un café lleno de gente, Ali quiere que Trump ataque a los ayatolas, pero ha perdido la esperanza

Ha sido como vivir aislados y en silencio. Se podían ver algunos de los principales canales de televisión tanto en inglés como en persa, pero la televisión no tiene la interacción y el diálogo de internet. En el caso de los periodistas, no poder informar de lo que pasaba, o poder participar en el debate, o poder contradecir a quienes aseguraban que la caída de la República Islámica era inminente.

“Hemos vuelto a las conversaciones entre amigos. Nos reunimos, comentamos lo que ha pasado y tomamos decisiones”, dice Maryam, una escritora de 32 años. Asegura que en los últimos días se encuentra con amigos en cafés para contarse las ultimas noticias y hablar de lo que puede pasar en las próximas semanas. “Todos los días recibimos una noticia de que alguien murió”, explica.

Sentada en uno de los muchos nuevos cafés del centro de Teherán, llenos esta mañana de jueves, cuenta que si bien durante los meses que siguieron a la guerra con Israel su mayor preocupación, y de muchos de sus amigos, era la posibilidad de un segundo ataque por parte de Israel, o EE.UU., este fantasma ha desaparecido. “No hablamos casi de eso, ha dejado de ser nuestra preocupación. Yo personalmente no tengo miedo”, dice Maryam, que confiesa que, en este momento, le cuesta imaginarse lo que pasa fuera de Irán.

“Ha sido muy duro estar desconectada, es como estar en silencio”, insiste Maryam, que no es la primera vez que les cortan el internet. Pasa cada vez que hay una crisis, pero esta vez tiene la impresión de que lo ha llevado peor.

Su percepción no es única. La posibilidad de que un ataque de EE.UU. es más fuerte fuera que dentro de Irán. Todo esto a pesar de que los medios oficiales y los periódicos hablan sobre la posibilidad de que Trump decida lanzar una operación militar, y recogen las declaraciones de las autoridades que hablan de una respuesta contundente de Irán, contra las bases militares estadounidenses en la región y contra Israel.

Más tarde publicaban el encuentro de Reza Pahlevi, el hijo del derrocado sha de Persia ,al que un sector de la población sigue como líder a la oposición, con el
senador estadounidense Lindsey Graham, que volvió a prometer
lo mismo que Trump días atrás: “La respuesta está en camino”.

“Hay muchas especulaciones y cada cual cree lo que quiere creer”, explica Ehsan, un músico que estos días se ha dedicado a visitar a amigos en diferentes puntos de Teherán para entender lo que pasó en las protestas. Le llama la atención que en muchos lugares no queden rastros de los enfrentamientos y la gente intente hacer una vida normal, pero que al llegar la noche, si bien no hay toque de queda, todos prefieren volver a casa temprano. “La situación fue peor de lo que nos imaginamos, dispararon a los balcones de casa, entraron a apartamentos y se llevaron a los jóvenes”, cuenta este músico de 43 años.

“Muchos hablan de que la gente del régimen está sacando el dinero del país o de que los guardias revolucionarios no aparecen en los medios esta semana, que deben estar escondidos, pero yo no creo nada”, cuenta Ehsan, impactado porqué muchos ven un golpe de Trump como la única salida. “Mucha gente me dice que por más mala que parezca esa opción, lo importante es ponerles fin. Que la situación será peor si no se hace nada”, dice. No comparte la idea.

“Solo agravaría la situación”, dice el músico que, riéndose, dice que ha disfrutado de la desconexión de internet. No le importa estar alejado de lo que pasa en el mundo. “Hemos vuelto a vernos la cara, hay ansiedad, pero diferente”, cuenta.

En el mismo café donde encontramos a Maryam, donde las mesas están llenas y no para de entrar gente, Ali espera ser atendido. Tiene 32 años. Cuenta que él está de acuerdo con un ataque de EE.UU., aunque ha perdido la
esperanza de que Trump lo haga. “Dijo que si había muertos atacaría, luego que si había ejecuciones, ahora dice que ya le han dicho que no hay más muertos”, cuenta Ali, que trabaja como ingeniero en una firma privada.

Cuenta, sin embargo, que mucha gente ha tomado medidas por si deciden atacar. Muchos, especialmente con niños, se han ido al norte de Irán, al mar Caspio, aprovechando que ayer jueves empezaba un fin de semana festivo que se extiende hasta el domingo.

“Muchos están desesperados. Hay un sentimiento de que las limitaciones son aún mayores que antes sin internet y sin recibir llamadas”, explica Ali deseando que llegue el día que abran de nuevo internet y regresar, sobre todo, a las redes sociales.

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