Frenético y ácido cara a cara entre Laporta y Font Frenético y ácido cara a cara entre Laporta y Font

Candidato Laporta
Joan Laporta llegó al debate con el zumbido del misil de Xavi aún atravesando el aire. La entrevista en La Vanguardia flotó sobre el plató como una nube baja. Y Laporta, que cuando se siente herido prefiere la ironía al silencio, la mala leche a la amabilidad, respondió con un dron directo a la línea de flotación del exentrenador: “Con los mismos jugadores que Xavi perdía, Flick gana”. Pocas palabras, mucha pólvora.
A partir de ahí activó su viejo instinto de combate. La rauxa como método, el “y tú más” como gramática. Frente a él, Víctor Font intentaba ordenar el debate con argumentos y cifras, subiendo a la red una y otra vez. Laporta, en cambio, eligió jugar desde el fondo de la pista, devolviendo cada pelota con gesto agrio y memoria larga. Entre ambos no había tanto un diálogo como un intercambio de golpes envueltos en sonrisas tensas.
El mejor Laporta apareció cuando el debate se volvió sociológico, casi costumbrista. Entonces dibujó su pequeño fresco culé: macarrones del Bar Bocata (el espónsor gratuito de estas elecciones), tractores y madrugones en Mercabarna. Un Barça de manos ásperas y café temprano frente al Barça, según Laporta, de ordenador y pantalla. Fue una escena casi literaria: Laporta apelando a una épica doméstica, al club de la gente que empieza el día cuando aún no ha amanecido.
Hubo también un instante extraño, casi físico. Victor Font le tocó la mano mientras hablaba y Laporta la apartó con un gesto seco. “Ay que aparecerá el búfalo” – pensamos. Durante un segundo temimos que el debate se convirtiera en un ring. Pero la tensión se disolvió como suele hacerlo en el teatro del barcelonismo: con una encajada de manos pero no un apretón. Fue una encajada rápida y blanda, ligeramente incómoda, muy de Núñez y poco de Laporta. Y con la sensación que Jan intentaba comerse un limón sin hacer muecas. Un debate ácido. .

Candidato Font
Víctor Font dejó una de las frases más desconcertantes de la mañana: “No tengo ordenador”. Dicho así, en 2026, suena casi a manifiesto. La principal acusación de Laporta contra su rival era que vive detrás de una pantalla… y Font decidió defenderse declarando, poco menos, que es un hombre de papel y bolígrafo. El tecnócrata sin ordenador. Una afirmación tan improbable que por un momento el debate pareció entrar en el terreno de la comedia bufa.
Font, en todo caso, ya no es el de las últimas elecciones. Ha ganado escenario, se ha elevado, juega al ataque y sostiene la mirada con más seguridad. Ya no parece el invitado en su propio proyecto… aunque a veces se le va la mano.
En el terreno económico, donde se siente claramente más cómodo que Laporta, desplegó una catarata de nombres de empresas, comisionistas, testaferros y cifras que terminó pareciendo más una auditoría que un debate. Durante unos minutos embotelló a Laporta… y también a los oyentes. Demasiados datos en poco tiempo. Y jugó con mucha habilidad a la provocación. Llamó sistemáticamente “expresidente” a Laporta, dejando pequeñas chinchetas verbales sobre la mesa. Lo hacía mirándole siempre a los ojos, buscando que cada palabra aterrizara donde más dolía. Y apareció otra de sus cartas: Xavi. Font sabe que hace cinco años el exentrenador era su gran bandera y acabó aterrizando en el proyecto de Laporta. Esta vez, con la entrevista aún caliente, Xavi volvió al tablero como la deuda pendiente. Una jugada silenciosa pero calculada: si entonces se lo llevaron, ahora “te la devuelvo”.
(Y un dato menor: a diferencia del 2021, Font debatió sin gafas). Por eso tuvimos la sensación de que Victor intentaba comerse un limón sin hacer muecas. Un ácido debate
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