Sánchez ¿Nobel de la Paz?

El 80% de los españoles cree que Donald Trump es un peligro para la paz mundial. El dato del barómetro del CIS de enero evidencia un recelo hacia el presidente de Estados Unidos muy generalizado y transversal en la opinión pública, más allá de la polarización, persistente, de la escena política. Esta opinión cuajó antes de la guerra de Trump y Beniamin Netanyahu contra Irán. El presidente Pedro Sánchez enarbola la colisión con Trump como la bandera que más unidad genera. Plantarle cara tiene premio electoral.

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 El 80% de los españoles cree que Donald Trump es un peligro para la paz mundial. El dato del barómetro del CIS de enero evidencia un recelo hacia el presidente de Estados Unidos muy generalizado y transversal en la opinión pública, más allá de la polarización, persistente, de la escena política. Esta opinión cuajó antes de la guerra de Trump y Beniamin Netanyahu contra Irán. El presidente Pedro Sánchez enarbola la colisión con Trump como la bandera que más unidad genera. Plantarle cara tiene premio electoral.Seguir leyendo…  

El 80% de los españoles cree que Donald Trump es un peligro para la paz mundial. El dato del barómetro del CIS de enero evidencia un recelo hacia el presidente de Estados Unidos muy generalizado y transversal en la opinión pública, más allá de la polarización, persistente, de la escena política. Esta opinión cuajó antes de la guerra de Trump y Beniamin Netanyahu contra Irán. El presidente Pedro Sánchez enarbola la colisión con Trump como la bandera que más unidad genera. Plantarle cara tiene premio electoral.

Las encuestas dan a Mark Carney la mayoría absoluta en Canadá tras su discurso en el Foro de Davos, y la socialdemócrata Mette Frederiksen repunta en Dinamarca tras el choque por Groenlandia. Sánchez acumula más de un capítulo en su serial de enfrentamientos con el presidente de Estados Unidos. La negativa a ampliar la aportación a la OTAN es la gran piedra en el zapato de Trump, pero el Gobierno de Sánchez también ha sido crítico con sus actuaciones en Gaza, Venezuela y ahora Irán. Y con cada choque, el PSOE gana fuelle en las encuestas y el PP queda descolocado, lo que alimenta las tesis de un posible adelanto electoral.

Pedro Sánchez tras la cumbre hispano-portuguesa 
Pedro Sánchez tras la cumbre hispano-portuguesa CRISTINA QUICLER / AFP

Sánchez no compite con Trump en sus ansias de ganar el Nobel de la Paz, pero quiere ganar las elecciones librando una guerra política y moral. El Financial Times lo define como la “némesis” de Trump en Europa, y para The Washington Post es “la personificación de la resistencia europea a Trump”. La defensa del derecho internacional de Sánchez ha obligado a reconfigurar la posición de los socios europeos ante las amenazas de EE.UU. El ardor guerrero de Meloni, la mejor amiga de los MAGA en Europa, brilla por su ausencia; Macron ha pasado de la adulación a Trump a solidarizarse con Sánchez, y Merz recibe críticas por su tibieza en el despacho oval. El giro europeo tiene el reconocimiento del Estado palestino como precedente. Trump lo desacreditó, pero el paso de España lo siguieron Francia y el Reino Unido.

Los desmanes trumpistas ayudan. Mientras califica a España de “aliado terrible”, la Casa Blanca publica un vídeo promocional de la operación Furia épica con la música de la Macarena de fondo –“dale a tu cuerpo alegría”–, un tema fetiche para los demócratas en los años 90. Hasta Los del Río se plantan ante los excesos de Trump.

Sánchez puede estar ante su gran oportunidad electoral. En febrero del 2003, el “No a la guerra” sacó a la calle a más de tres millones de personas en España, convirtiéndose en uno de los epicentros de una repulsa global por la guerra de Irak. Entonces, la operación norteamericana se denominó Conmoción y pavor, y eso es lo que cuajó en la opinión pública. Sánchez puede ahora movilizar a sus votantes desnortados y sumar votos de la izquierda antibelicista, pero también corre riesgos.

Sánchez moviliza a su electorado con el “No a la guerra”, pero no lo puede fiar todo a un lema

El mantra de que la política exterior es una política de Estado quedó enterrado con José María Aznar fumándose un puro junto a George W. Bush en las montañas Rocosas. Nada queda de la máxima por la que las estrategias internacionales deben sobrevivir a los gobiernos de turno. Pero Sánchez no puede fiarlo todo a un buen lema. Con su comparecencia en el Congreso, busca ahondar en el perfil de un Alberto Núñez Feijóo desnortado. El PP ha difundido bulos sobre un inexistente apoyo de la ministra Margarita Robles a Trump, critica el “No a la guerra”al mismo tiempo que pide explicaciones por enviar una fragata a Chipre, y la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se va a Nueva York en busca de “inversiones” en plena ofensiva trumpista contra España.

Lo que puede hacer descarrilar la estrategia de Sánchez no es un remoto castigo comercial de Trump, es la guerra de Trump. El milagro económico de España puede verse truncado si las hostilidades se prolongan. En tres meses, las previsiones de Funcas sitúan la inflación en el 3% y una pérdida de dos décimas del PIB. El Gobierno está preparado para desplegar ayudas por las subidas de los combustibles y el gas, pero necesita los votos para convalidarlas. Junts insiste en que no les temblará el pulso. Los posconvergentes han tumbado el escudo social dos veces. “No pueden mezclar cosas y lo saben”, avisan. El pacifismo no lo puede todo.

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