PP y Vox, jugando al gato y al ratón

María Guardiola obtuvo un resultado agridulce en las elecciones del pasado 21 de diciembre. Ganó los comicios y provocó un duro revés para el PSOE, pero al mismo tiempo aumentó la dependencia de Vox, que fue el partido que experimentó el mayor ascenso en las urnas. En teoría, el adelanto electoral respondía a las discrepancias con el partido ultraderechista para aprobar unos presupuestos; ese era el motivo oficial. Sin embargo, tras esa justificación se escondía la intención de la dirección del PP de someter al PSOE a un verdadero vía crucis electoral en cuatro comunidades autónomas, con el objetivo de evidenciar la debilidad territorial de los socialistas.

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 María Guardiola obtuvo un resultado agridulce en las elecciones del pasado 21 de diciembre. Ganó los comicios y provocó un duro revés para el PSOE, pero al mismo tiempo aumentó la dependencia de Vox, que fue el partido que experimentó el mayor ascenso en las urnas. En teoría, el adelanto electoral respondía a las discrepancias con el partido ultraderechista para aprobar unos presupuestos; ese era el motivo oficial. Sin embargo, tras esa justificación se escondía la intención de la dirección del PP de someter al PSOE a un verdadero vía crucis electoral en cuatro comunidades autónomas, con el objetivo de evidenciar la debilidad territorial de los socialistas.Seguir leyendo…  

María Guardiola obtuvo un resultado agridulce en las elecciones del pasado 21 de diciembre. Ganó los comicios y provocó un duro revés para el PSOE, pero al mismo tiempo aumentó la dependencia de Vox, que fue el partido que experimentó el mayor ascenso en las urnas. En teoría, el adelanto electoral respondía a las discrepancias con el partido ultraderechista para aprobar unos presupuestos; ese era el motivo oficial. Sin embargo, tras esa justificación se escondía la intención de la dirección del PP de someter al PSOE a un verdadero vía crucis electoral en cuatro comunidades autónomas, con el objetivo de evidenciar la debilidad territorial de los socialistas.

 El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo y el líder de Vox, Santiago Abascal, a la salida de un pleno del Congreso de los Diputados
 El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo y el líder de Vox, Santiago Abascal, a la salida de un pleno del Congreso de los DiputadosBorja Sánchez-Trillo / EFE

Pero para Guardiola, esta operación destinada a afianzar su gobierno y reducir su dependencia de terceros no está resultando como esperaba. Las negociaciones para la investidura se han convertido en un escollo persistente que retrasa la formación del Ejecutivo. Ayer, durante la constitución de la Asamblea extremeña, quedaron de manifiesto las profundas diferencias que separan a ambas formaciones, que se acusan mutuamente de no querer negociar.

A los populares no les conviene ceder en Extremadura antes de las elecciones de Aragón

Santiago Abascal ya había dejado entrever que el PP quizá necesitaba cambiar de candidato si no estaba dispuesto a sentarse con Vox, y ayer Ignacio Garriga subió el tono al afirmar que “Guardiola se está riendo de la única formación política que ha crecido en representación parlamentaria”. Mientras tanto, la presidenta en funciones teme que cada concesión se convierta en un nuevo recordatorio de que Vox no solo le exige poder, sino que también dicta las reglas del juego.

Al PP no le conviene ceder en Extremadura ni dar entrada al partido de Abascal en el gobierno antes de las elecciones de Aragón del 8 de febrero. Los sondeos sonríen a Jorge Azcón, que necesita diferenciarse claramente de Vox. El pacto con la formación ultraderechista en la asamblea extremeña podría diluir sus aspiraciones y confundir a los votantes: sería como decirles que votar al PP o a Vox es lo mismo, porque podrían formar gobierno.

En esta competición dentro de la derecha, Vox está en la misma tesitura. Quizá por eso ha sido el único partido que se desmarcó del acuerdo de acatar los tres días de duelo por el accidente ferroviario de Adamuz, como si respetarlo le restara posibilidades en las urnas. Habrá que ver si esta estrategia no le pasa factura.

En el fondo, lo que se dirime ahora en Extremadura y lo que vendrá en Aragón, Castilla y León y Andalucía va más allá de la formación de gobiernos e investiduras. Está en juego cómo PP y Vox gestionan su convivencia política.

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