¿Policía? ¡Oh, cielos, qué horror!

Firmes, ar! Derecha, ar! ¡Marchen, ar! Cualquiera diría que la iniciativa del Govern de la Generalitat de reforzar la presencia de los Mossos d’Esquadra en los centros de enseñanza equivaliese a la promulgación de la ley marcial. La llamada comunidad educativa , la parte organizada de un todo más amplio, ha puesto el grito en el cielo. Unos por convicción, otros por el qué dirán, otros para aprovechar el asunto en medio del conflicto laboral que enfrenta al Departament d’Educació con los sindicatos del sector.

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 Firmes, ar! Derecha, ar! ¡Marchen, ar! Cualquiera diría que la iniciativa del Govern de la Generalitat de reforzar la presencia de los Mossos d’Esquadra en los centros de enseñanza equivaliese a la promulgación de la ley marcial. La llamada comunidad educativa , la parte organizada de un todo más amplio, ha puesto el grito en el cielo. Unos por convicción, otros por el qué dirán, otros para aprovechar el asunto en medio del conflicto laboral que enfrenta al Departament d’Educació con los sindicatos del sector.Seguir leyendo…  

Firmes, ar! Derecha, ar! ¡Marchen, ar! Cualquiera diría que la iniciativa del Govern de la Generalitat de reforzar la presencia de los Mossos d’Esquadra en los centros de enseñanza equivaliese a la promulgación de la ley marcial. La llamada comunidad educativa , la parte organizada de un todo más amplio, ha puesto el grito en el cielo. Unos por convicción, otros por el qué dirán, otros para aprovechar el asunto en medio del conflicto laboral que enfrenta al Departament d’Educació con los sindicatos del sector.

El prejuicio domina el juicio. Prejuicio n.º 1: la realidad de las cosas no importa. Lo esencial es su apariencia, cómo deberían y nos gustaría que fuesen. Prejuicio n.º 2: la policía del 2026 no es una herramienta democrática para el bien, sino, en el mejor de los casos, un mal necesario. Su presencia será siempre contaminante, y hay que combatirla. Prejuicio n.º 3: la solución a cualquier problema es siempre material. Muerto el perro de la escasez, se acabó la rabia del conflicto.

La escuela no es inmune a como se vive y educa fuera de ella

Las escuelas e institutos de Catalunya no tienen un problema de seguridad. Verdad de la buena que admite la adversativa: sin embargo, pero, aun así. Porque hay lugares que, sin ser el Bronx peliculero de los ochenta o la Francia de banlieu del presente, sí presentan síntomas de deterioro grave de la convivencia. Puntos, por ejemplo, del mapa educativo del Baix Llobregat o de los dos Vallès sobre los que conviene actuar para hacer más visibles los límites de lo aceptable. Sea en el trato entre alumnos, entre estos y los profesores, entre padres y docentes, en el trapicheo o en cualquier otra cuestión que linde con el conflicto en el mejor de los casos y con el delito en el peor.

Un plan, presentado como piloto y abierto a la participación voluntaria de los centros, es, contra lo que se ha afirmado, una manera de endulzar el asunto y desdramatizarlo. El modo de no señalar, estigmatizar o avergonzar a los centros que, guste o no guste, sí requieren y demandan ese plus de atención policial. Las cosas, a la espera de que sean como nos placerían, son como son. Adiós al prejuicio número uno.

Un agente de los Mossos
Un agente de los MossosMossos

Seguimos. No son los grises del pasado quienes van a implicarse en una mayor prevención en estos centros. Son policías del 2026. Los mismos a los que las escuelas e institutos llaman y aplauden para que ofrezcan charlas sobre ciberseguridad, acoso u otras cuestiones. Hay en la comunidad educativa actores que siguen atados a las consignas de un mayo muy lejano, una época en la que lo único que debía considerarse bueno y plenamente democrático era comprar, leer y subrayar a las gentes de la Escuela de Frankfurt.

Pero estamos en el hoy. Y el modelo de policía de proximidad, cercana a las inquietudes y demandas de la ciudadanía y más centrada en la prevención que en la represión, es decir, el núcleo del plan piloto que tantas ampollas ha levantado, solo puede ser visto con total reserva por quien desconoce, o finge desconocer, una parte sustancial del trabajo policial de hoy en día. El plan busca que se note el efecto sin que se aprecie el cuidado. Sin uniformes, sin presencia diaria, sin intimidación, sin ánimo represor. Información, cuidado, seguimiento, prevención. Policía nada ruidosa al servicio del bien comunitario. Adiós al prejuicio número dos.

Más recursos pedagógicos y materiales. Claro que sí. Solo que siempre serán insuficientes. Y aunque lo fueran. Porque la escuela no es inmune a cómo se vive y educa fuera de ella. No es una isla. Y menos hoy, con la figura del docente a los pies de los caballos, sin autoridad alguna para hacerse valer en su territorio. Los recursos materiales son prescripción necesaria, pero insuficiente. ¿Quiere decir esto que está naufragando el sistema educativo? Más bien significa que escuelas e institutos no están, ni lo estarían aunque sus suelos se construyeran con mármol de Ferrara, a salvo del temporal que en algunos lugares se vive fuera de ellos.

A estas alturas deberíamos saber dos cosas como mínimo. La primera, que lo ideal no es más que una aspiración que no nos exonera de lidiar con los hechos. La segunda, que lo que exige y dice en público una parte de la comunidad educativa no siempre resulta beneficioso. Máxime cuando lleva años secuestrada por el pedagogismo ideológico de las buenas intenciones y cerrando los ojos a las señales que insistentemente emite la realidad. Adiós al prejuicio número tres.

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