El cantautor asturiano celebra un cuarto de siglo de carrera en solitario con ‘Vidas semipreciosas’, un disco heterogéneo que remite a sus mejores composiciones y se deja llevar por la ternura. «Escucho canciones de hace años y pienso: ‘Joder, qué intensito era'», asegura Leer El cantautor asturiano celebra un cuarto de siglo de carrera en solitario con ‘Vidas semipreciosas’, un disco heterogéneo que remite a sus mejores composiciones y se deja llevar por la ternura. «Escucho canciones de hace años y pienso: ‘Joder, qué intensito era'», asegura Leer
Nacho Vegas cumple un cuarto de siglo de carrera en solitario. Media vida. Y lo hace con Vidas semipreciosas (Oso Polita), su mejor disco en 15 años. Es un álbum activista, pero sin caer en el panfleto. Con puntería. Mantiene cierto desencanto ácrata marca de la casa, pero también busca el entusiasmo y la jovialidad desde una nueva épica del asombro y la ternura. Suena muy a Nacho Vegas y suena, sobre todo, muy inspirado, con canciones memorables como Alivio, Llueven moscas, Piedras semipreciosas o Mi pequeña bestia. Encima, la portada remite a los Smiths, y eso siempre eleva el conjunto.
- Vidas semipreciosas es un disco heterogéneo. Da la sensación de que ahora te dejas llevar más por las canciones. ¿Es así?
- Sí. Resulta difícil encontrar qué es lo que hace que tenga sentido que las canciones estén en un álbum. Al final, te lo van diciendo ellas. Va tomando forma como una unidad, a pesar de que sea heterogéneo. Yo siempre he querido hacer un disco conceptual, pero nunca me sale. Nunca fui capaz.
- La pieza central del disco es Mi pequeña bestia, precisamente, una canción sobre componer canciones y sobre cómo ellas hacen lo que les viene en gana. Y con un sonido muy San Remo y con ecos franceses.
- Sí, sí. Precisamente, fue la última canción que escribí para el disco. Cuando la escribía tenía ese aire que a mí me recordaba un poco a George Moustaki o Gainsbourg, pero tuvimos la idea de hacerla un poco más intimista o llevárnosla a San Remo. Tiene este rollo de metacanción, pero también habla de cómo dejas que tus propios demonios campen a sus anchas para luego encontrar algo de luz en ellos. Es jugar a ese contraste de claroscuros.
- Ahora parece que te esfuerzas por desmarcarte del cliché del cantautor atormentado. ¿Es un esfuerzo consciente?
- Al final la vida te va llevando por donde te lleva. Al escuchar algunas canciones de hace años digo: «Joder, vaya intensito que era».
- Justo se cumplen 25 años de tu primer disco, Actos inexplicables. ¿Cómo te llevas con tu yo de entonces?
- Las canciones que más me urgía escribir partían de sentimientos complejos que a veces tenían que ver con el dolor, pero precisamente para exorcizarlo, para confrontarlo, no para regocijarme en él, que es algo de lo que siempre intenté huir. Esas canciones antiguas las puedo resignificar, si hace falta. Pero hay alguna que me costaría más rescatar.
- ¿Por ejemplo?
- En En lugar del amor digo algunas cosas que no me gustan, sobre todo a la hora de hablar de relaciones. Ahora no me expresaría así. Pero no tendría ningún problema en reescribir algunos versos. Así es como siempre se mantuvo viva la música tradicional, a través de la oralidad. Reescribiendo. Es una cosa que me parece muy chula y que se perdió en gran medida con la llegada de la música grabada. Ahí llegó este celo por la autoría. A mí jamás se me ocurriría acusar a nadie de plagio. Si alguien copiara una canción mía letra por letra, me sentiría halagado.
- Ahora abres rendijas más claras que antes al optimismo. Reivindicas la «semipreciosura».
- La semipreciosura es lo contrario al individualismo con el que nos bombardean. La imperfección es más hermosa que la preciosura, que sería como una especie de postureo elitista y y pijo. Debemos cultivar el asombro ante lo imperfecto: en algunas ocasiones maravillarnos, y en otras ocasiones horrorizarnos. Eso es lo que, al final, nutre las canciones.
- Leonard Cohen decía que hay una grieta en todo y así es como entra la luz.
- Este disco está escrito mirando esa grieta. El otro día me enseñaba Fee Rega un poema todavía inédito en el que habla, precisamente, de una grieta y de cómo dos amantes están mirando esa grieta, pero al mismo tiempo ella se pone en el lugar de la grieta y la grieta está mirando a los amantes. Y la grieta se asombra. Siempre es necesario que haya una grieta por la que entra la luz, claro.
«Jamás se me ocurriría acusar a alguien de plagio. Si alguien me plagiara letra por letra, me sentiría halagado»
- ¿Ya sólo encuentras consuelo en el hedonismo y en la belleza?
- También en la lucha. Desde la trinchera de la dignidad se puede encontrar belleza también.
- Fiu -una versión de Pablus Gallinazo- es un homenaje a tu madre en agradecimiento por inculcarte el izquierdismo. ¿Se lo debías?
- No lo tenía planificado, pero cuando se me pasó por la cabeza me pareció bien mencionarla con nombre y apellido, y hablar de mi vida a través de lo que ella tuvo que vivir y que aguantar.
- Es como si formase un díptico con El ángel Simón, dedicada a tu padre. Es como un contrapunto.
- Sí, ahí es inevitable trazar un arco. Una está escrita desde el duelo por la muerte prematura de mi padre, al que hago un reproche, pero también con humor y admiración. 25 años después, le canto a mi madre desde otro punto de vista más de admiración, sin ponerle ningún pero.
- Defiendes que antes que artista eres antifascista. El fascismo está cada vez más presente en el día a día del mundo. ¿Qué está pasando?
- Está pasando que hemos permitido que el fascismo tomara posiciones de poder, que fuera ganando la batalla cultural y que se colara en las instituciones. Lo hemos normalizado, incluso como una opción política igual de respetable que las demás. Es lo que piensa mucha gente, y a mí eso me espanta. Pero también creo que hay un problema en la izquierda, que no ha sabido atajar al fascismo. Tenemos que plantear por qué el discurso de la izquierda no ha llegado a las clases populares a las que tenía que apelar.
«Si el fascismo de Vox llega al Gobierno, habría que organizarse y multiplicar las trincheras desde las que combatirlo»
- Un error de la izquierda ha sido desatender la mejora de las condiciones materiales de esas clases trabajadoras. Anteponer las batallas identitarias a lo contante y sonante.
- Sí. La izquierda ha olvidado el igualitarismo y se ha centrado mucho el discurso en la igualdad de oportunidades, cuando no todo el mundo parte de las mismas condiciones materiales, precisamente. Creo que ese ha sido uno de los grandes errores, sí. Además, la izquierda que ha tomado posiciones de poder ha mirado mucho a la clase media, un invento del neoliberalismo para desactivar a gran parte de la clase trabajadora, y se ha olvidado de la gente más desfavorecida. Y, claro está, cuando no tienen a nadie que les dé ninguna respuesta, pues si llega la ultraderecha y les dice que su problema está en la inmigración, pues igual se aferran a esa respuesta, porque no tienen otra.
- ¿Te ha decepcionado mucho Podemos?
- No… a ver… no sé. Hubo momentos muy ilusionantes en los que creíamos que se podían cambiar las cosas, incluso desde espacios de poder. Ahora creo que aquello fue más bien una anomalía del sistema, más que un cambio. Es cierto que en materia de feminismo se ha avanzado mucho. No me gustaría hablar de decepción. Estuvimos muy ilusionados y luego la realidad nos dio un bofetón.
- ¿Qué pasaría en España si Vox llegase al Gobierno?
- Desde luego, tendríamos que organizarnos. Sería un toque de atención para que más gente se animara a autoorganizarse. Ese discurso de odio, de exclusión racista, antifeminista, xenófobo, antiLGTBi… no lo podemos permitir ni normalizar. Si el fascismo de Vox llegase al Gobierno, habría que multiplicar las trincheras desde las que combatirlo.
- ¿Todo tipo de trincheras?
- Sí, todo tipo de trincheras. Una de ellas es la trinchera cultural. Lo que estamos viendo en EEUU, con esta ola de redadas racistas del ICE, es algo que puede llegar a suceder aquí si gobernara el fascismo. Ahí necesitaríamos que el poder popular fuera el que se armara. Con «se armara» quiero decir organizarse.
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