Llegó 1921 y el mundo no salía del vertedero. Por supuesto, la Unión soviética estaba en guerra, con Polonia, igual que ahora Rusia. En 1921, una turba de blancos destruyó centenares de casas en el próspero vecindario negro de Greenwood, Tulsa (Oklahoma). Murieron decenas, sino cientos, de afroamericanos.
La condecorada combatiente austro-francesa, encargada de la contrapropaganda y célebre por sus evasiones de la cárcel, era una de las últimas grandes figuras vivas de La Resistencia francesa y belga
Llegó 1921 y el mundo no salía del vertedero. Por supuesto, la Unión soviética estaba en guerra, con Polonia, igual que ahora Rusia. En 1921, una turba de blancos destruyó centenares de casas en el próspero vecindario negro de Greenwood, Tulsa (Oklahoma). Murieron decenas, sino cientos, de afroamericanos.
“Hay muy buena gente en los dos lados”, hubiera dicho Donald Trump del mismo modo que exoneró a una parte de los supremacistas de Charlottesville en 2017, donde murió una antifascista y 35 quedaron heridos. En 1921, los Estados Unidos seguían técnicamente en guerra contra Alemania. No contra Irán, por entonces Persia, pero allí ya se encargaban entre ellos de mancharse de sangre a goldes de… estado.
Especialista en contrapropaganda
Mélanie se llamó Anna o Nelly en la clandestinidad, o no tenía nombre, pero sí sombra… o disfraz de hombre
Ese año, un tal Benito Mussolini lograba el acta de diputado en un parlamento que hoy preside una mujer cuya ideología es heredera de la del Duce. Y otro tal para cual, Adolf Hitler, que fue joven pintor frustrado que vivía en un cuchitril con sus amigos judíos, se convirtió en el líder del Partido Nazi en Alemania, país donde en 2026 la ultraderecha franqueó las puertas del poder regional.
1921 estaba quedando la mar de feo hasta que el 8 de octubre nació, también en Viena y en el seno de una familia judía, un bebé se llamaría Mélanie, o Anna o Nelly. O no tendría nombre, pero sí sombra. O se disfrazaría de hombre si su trabajo lo requería. Esta semana, aquella niña murió a los 105 años y con ella se fue uno de los pocos miembros de la Resistencia francesa contra el nazismo que quedaban.

Mélanie Berger-Volle huyó de la Austria ocupada con 17. Subió y bajo montañas por media Alemania hasta cruzar a Bélgica sin papeles, como tanta gente en todo el mundo. Escondida, la chica que tenía manos de costurera fina, que había estudiado corsetería, llegó luego a Francia vestida de trabajador ferroviario.
Berger tenía un apellido de lo más germánico, pero su nombre de pila Mélanie (como la actriz Mélanie Laurent, la Soshana vengadora de Malditos Bastardos, de Tarantino) era igual en francés. Y eso la salvó durante un tiempo de sus actividades subversivas: repartir octavillas, enviar mensajes… en definitiva jugar a la muerte con la Muerte.

Precoz como nadie: a los 13 años ya iba a manifestaciones. A los 15 se afilió al Partido socialista revolucionario de Austria (RSÖ). Para arrencarles una sonrisa, hay que hacer constar que lo hizo desnuda mientras debatía con sus correligionarios en la playa nudista de Lobau, junto al Danubio. A los 17 ya formaba parte del partido antiestalinista Partido revolucionario (RKÖ).
Detenida en Francia y subida a un tren de camino a un campo de internamiento, Berger saltó y se escapó. Luego volvió a ser detenida y condenada. En una operación desde fuera logró evadirse de una cárcel-hospital más o menos como sucedía en las películas sobre La Résistance de Jean Pierre Melville (maravillosas El ejército de las sombras o El silencio del mar).
Detenida, torturada, evadida
“En la cárcel, los golpes, las torturas eran terribles, no te daban de comer, no te dejaban dormir. Me despertaban cada noche cada hora”
Por entonces Berger ya había logrado mantener la red que la RKÖ tenía por media Europa libre para sabotear al nazismo a base de propaganda. Su figura empezó a tener tanto peso que la Gestapo la persiguió sin cesar. “Éramos un grupo austriaco, en el que también había alemanes. Publicábamos textos en alemán que explicaban a los soldados qué era el nacionalsocialismo.
“Desde luego -prosigue- no fue fácil, pues perdimos a muchos amigos a causa de ello, pero también ganamos otros. Entre ellos, un soldado alemán que ayudó a sacarme de la prisión. Los golpes, las torturas eran terribles, no te daban de comer, no te dejaban dormir. Me despertaban cada noche cada hora», recordaba a france Inter hace unos años.
La mujer de las mil caras y los mil nombres, integrada en la Resistencia, todavía sería detenida una vez más, en 1944, pero gracias a la Liberación de las tropas aliadas esquivó de nuevo la muerte.

“Mi padre se llamaba Adolf, pero se lo cambió a Abraham (reía en una entrevista a France Inter en su casa de Saint Etienne). Él era muy estricto y yo era una rebelde, no soportaba que pasaran las cosas sin que me la explicaran”.
No fue hasta su regreso a Austria que conoció al periodista francés Lucien Volle, alias Capitán Lulu, que había luchado con la brigada Lafayette. Al cabo de diez años regresaron juntos a Francia. A su muerte, la combatiente era Chevalier de la Legión de Honor, Medalla de los evadidos, Cruz de combatiente voluntario… y una larga retahíla de galardones y reconocimientos.
Ya de pequeña no lograba entender por qué había personas pobres y ricas. Siempre quise cambiar el mundo, todavía, pero, por desgracia, ya no podré hacerlo”.
“Ya de pequeña no lograba entender por qué había personas pobres y ricas. No lograba entender por qué algunos se creían superiores por tener un color de piel distinto o una religión diferente. Nunca quise entenderlo. Siempre quise cambiar el mundo. Todavía quiero cambiarlo, pero, por desgracia, ya no podré hacerlo”.
Mélanie Berger-Volle (1921-2026)
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