Cuando en agosto del 2019, durante su primer mandato en la Casa Blanca, Donald Trump verbalizó por primera vez su obsesión por apoderarse de Groenlandia –en aquel momento por vía de compra–, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, calificó la mera discusión de “absurda”. El Gobierno de la isla ártica, territorio autónomo dentro del reino danés, y la propia Frederiksen afirmaron, casi incrédulos, la evidencia: Groenlandia no está en venta. Era una idea tan estrafalaria que la líder danesa llegó a decir: “Espero fuertemente que esto no se diga en serio”.
La líder socialdemócrata danesa crece tras desplegar una serena defensa de la isla ártica frente al acoso del presidente de Estados Unidos
Cuando en agosto del 2019, durante su primer mandato en la Casa Blanca, Donald Trump verbalizó por primera vez su obsesión por apoderarse de Groenlandia –en aquel momento por vía de compra–, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, calificó la mera discusión de “absurda”. El Gobierno de la isla ártica, territorio autónomo dentro del reino danés, y la propia Frederiksen afirmaron, casi incrédulos, la evidencia: Groenlandia no está en venta. Era una idea tan estrafalaria que la líder danesa llegó a decir: “Espero fuertemente que esto no se diga en serio”.
Seis años y medio después, el torrente de amenazas lanzadas este enero por Trump contra Groenlandia, incluido el recurso a la fuerza militar, y la decidida actitud de Frederiksen de mantener el pulso sin arrugarse, han catapultado a la primera ministra danesa al escenario global.
La hemos visto prodigarse en declaraciones públicas de rechazo en Copenhague, Bruselas y Nuuk; y pronunciar la frase de alerta a Europa sobre las implicaciones de esta crisis para la Alianza Atlántica: “Si Estados Unidos ataca a otro país de la OTAN, todo se acaba”. Dio un paso arriesgado al pedir a algunos países que enviaran soldados a la isla para un ejercicio ártico, pero funcionó.
Los pasos de la primera ministra danesa
Frederiksen alertó a Europa del riesgo de fin de la OTAN, llamó a la isla a tropas amigas para un ejercicio, y se deja ver a menudo con el primer ministro groenlandés
Consciente de los agravios de los groenlandeses por algunos abusos coloniales, y de su deseo de independencia –ahora aparcado por el factor Trump–, Frederiksen siempre subraya que “Groenlandia pertenece a los groenlandeses”. Lo dice ahora y lo dijo varias veces en enero del 2025, cuando Trump inició su segundo mandato y volvió a la carga en su acoso a la isla.
En este sentido, y para visualizar la entente con Groenlandia, la socialdemócrata Frederiksen ha comparecido en ruedas de prensa o se ha dejado ver a menudo con el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen. El martes estuvieron ambos en Berlín y se entrevistaron con el canciller alemán, Friedrich Merz, y este miércoles estarán en París para verse con el presidente francés, Emmanuel Macron.

Como ella misma confirmó, el Gobierno danés siempre estuvo al corriente de los movimientos del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para intentar amansar a Trump. Los rasgos del preacuerdo alcanzado por Trump y Rutte el pasado miércoles durante el Foro de Davos tenían el visto bueno de Copenhague. Pero cuando la crisis entró en la actual fase de desescalada y el presidente de Estados Unidos se jactó de que “tendremos todo lo que queramos”, Frederiksen se apresuró a replicar que la soberanía danesa y groenlandesa es una línea roja que no será traspasada.
La serena firmeza y determinación de Mette Frederiksen –quien tiene ahora 48 años– han disparado su popularidad en Dinamarca. En un reciente sondeo de Voxmeter para la agencia de noticias Ritzau, el apoyo al Gobierno de coalición de la socialdemócrata con liberales y centristas ha subido al 40,9%, la valoración más alta en dos años. El país escandinavo celebra elecciones este año –en fecha aún por determinar, probablemente en septiembre u octubre–, y los sondeos sugieren que ella podría lograr la reelección para un tercer mandato.
Urnas prometedoras
La popularidad de la socialdemócrata Frederiksen en Dinamarca sube; este año hay elecciones generales y ella aspira a un tercer mandato
Frederiksen se convirtió por primera vez en jefa del Gobierno en junio del 2019 –es la segunda mujer en el cargo y la persona más joven en ocuparlo, tenía entonces 41 años–, y siguió como tal tras ganar las elecciones anticipadas de noviembre del 2022. Antes de todo esto fue ministra de Empleo (2011-2014) y de Justicia (2014-2015). Es presidenta del Partido Socialdemócrata desde el 2015.
Nacida en 1977 en la ciudad portuaria de Aalborg, de padre tipógrafo y sindicalista y madre educadora social, creció en ambiente socialdemócrata. Durante dos años trabajó de asesora juvenil en la Federación Danesa de Sindicatos, hasta que en el 2001, a los 24 años, fue elegida diputada. En el 2007 se licenció en Administración y Ciencias Sociales en la Universidad de Aalborg, y luego cursó un máster en Estudios Africanos en la Universidad de Copenhague.
Desde su llegada al poder en el 2019, Mette Frederiksen ha priorizado el bienestar social y los servicios públicos, junto a una restrictiva política migratoria, muy criticada por las oenegés de su país. En política exterior, el apoyo danés a Ucrania en la guerra contra el invasor ruso es de los más sólidos de Europa.
Está casada con el cineasta Bo Tengberg y tiene dos hijos, chica y chico, apenas veinteañeros, de su primer matrimonio. Refugiarse en la casa de verano familiar, donde cocina y prepara conservas, y como deporte practicar spinning, son sus respiros fuera de la política.
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