Tras medio año en el cargo, la popularidad del canciller de Alemania, Friedrich Merz, está por los suelos. El grueso de la ciudadanía germana le mira con desconfianza mientras él brega por cumplir sus promesas de relanzar la economía con inversiones en infraestructuras y con un enfáticamente anunciado “otoño de reformas” que no acaba de concretarse.
La valoración del líder cae en picado en Alemania por sus promesas pendientes La popularidad del hombre que dirige la primera economía europea está en horas bajas después de seis meses en el cargo
Tras medio año en el cargo, la popularidad del canciller de Alemania, Friedrich Merz, está por los suelos. El grueso de la ciudadanía germana le mira con desconfianza mientras él brega por cumplir sus promesas de relanzar la economía con inversiones en infraestructuras y con un enfáticamente anunciado “otoño de reformas” que no acaba de concretarse.
La coalición de gobierno de conservadores y socialdemócratas afronta disensiones cotidianas: desde la finalmente sellada pugna por una posible obligatoriedad parcial del nuevo servicio militar hasta las tensiones por el restrictivo modelo de migración y asilo, entre otros temas. Además, el líder democristiano nota en el cogote el aliento del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que acecha en las encuestas a su bloque conservador, CDU/CSU, y con la que Merz asegura que no pactará jamás.

TOBIAS SCHWARZ / AFP
Pero una cosa son las encuestas sobre partidos y otra las de popularidad de políticos. En estas últimas, la valoración de Merz es catastrófica. Según el reputado barómetro quincenal de la televisión pública ZDF, hecho público el pasado viernes, el 56% de los alemanes considera que Merz hace mal su trabajo, cuando a finales del pasado mayo, al poco de su toma de posesión, hacían una valoración negativa solo el 35% de encuestados. El dato actual representa la mayor caída de valoración registrada por el canciller desde su llegada al poder.
En los sondeos, el 56% de alemanes considera que Merz hace mal su trabajo como gobernante
Para más inri, el martes 11 de noviembre, fecha en que Merz cumplía 70 años, otro sondeo indicaba que solo el 18% de los alemanes quiere que se presente a las elecciones del 2029 para repetir como canciller. Incluso entre los votantes conservadores, solo el 47% desea que vuelva a presentarse como candidato, según el sondeo de Forsa para la cadena privada RTL.
El desplome en la aprobación de Merz puede analizarse en el contexto de los aprietos en que se ven los gobernantes europeos de partidos clásicos, tanto conservadores como socialistas, ante el auge de partidos extremistas. La cuña aritmética hincada por la extrema derecha en el espectro de partidos (la AfD fue la segunda formación más votada en las elecciones del pasado febrero) fragmenta los apoyos. Así, la actual coalición de gobierno de CDU/CSU (el bloque más votado) y SPD (tercero en las urnas) suma el 45%, un porcentaje de respaldo menor a anteriores coaliciones entre ambos. No es de extrañar, pues, que el canciller que la lidera no sea muy popular.
Sin embargo, en el caso de Merz influye también la decepción por las elevadas expectativas depositadas en él por haber logrado, ya antes de ser investido canciller, que el Parlamento aprobara un plan multimillonario con deuda incluida para modernizar infraestructuras y rearmar Alemania, objetivos que se topan con una realidad que avanza muy lentamente.
Con un estilo de liderazgo adquirido en el sector privado, tiende a dictar más que a convencer
Además, el hecho de haber auspiciado una reforma constitucional para endeudarse cuando en la campaña electoral juró y perjuró que nunca lo haría disgusta a muchos votantes conservadores, apegados al rigor fiscal en las cuentas públicas. Su falta de experiencia de gobierno, su estilo de liderazgo y algunos excesos verbales le están pasando factura.
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“El señor Merz no está haciendo lo suficiente para atraer al centro político; él considera que sí, que automáticamente tiene los recursos políticos para conectar con la ciudadanía y con su propio partido, pero en realidad todavía hace muchas cosas dictando más que haciendo campaña activa”, advierte el politólogo Karl-Rudolf Korte, profesor emérito de la Universidad de Duisburgo-Essen. “Pero los recursos políticos no caen del cielo; en ese sentido, necesita esforzarse más”.
Friedrich Merz (Brilon, Renania del Norte-Westfalia, 1955) se formó políticamente en una época más estable para los dos principales partidos del país –fue eurodiputado y diputado, pero nunca ejerció tareas de gobierno– y pasó luego años trabajando en el sector privado antes de regresar a la política nacional en el 2018.
Confía demasiado en sus capacidades y es un hombre propenso a los errores de comunicación
Ahora como canciller está teniendo dificultades para gestionar la coalición e incluso su partido. Los 18 diputados de las juventudes conservadoras (Junge Union) amenazan con no votar a favor del proyecto de ley de reforma de las pensiones cuando el texto llegue al Bundestag (Cámara Baja del Parlamento), y entonces la ajustada suma de escaños de la CDU/CSU y del socialdemócrata SPD no bastaría para aprobarlo. Esta ley busca fomentar que los jubilados trabajen, permitiéndoles ganar hasta 2.000 euros al mes libres de impuestos independientemente de su pensión.

JOHN MACDOUGALL / AFP
“Merz ha trabajado durante mucho tiempo como director ejecutivo, empresario o emprendedor; es un ámbito en el que es más probable dar órdenes, no necesitó luchar por cada centímetro de influencia –prosigue el politólogo Korte–. En este momento, no logra organizar mayorías políticas y sigue confiando demasiado en su capacidad para actuar, cuando lo que necesita, por supuesto, es una red de personas que lo hagan por él”.
El lenguaraz Merz se muestra propenso a errores de comunicación. El más reciente se produjo al volver de su corta participación en la cumbre del clima de la ONU en Belém (Brasil). En una conferencia comercial en Berlín el 13 de noviembre, Merz habló así: “Señoras y señores, vivimos en uno de los países más hermosos del mundo. La semana pasada, pregunté a algunos periodistas que me acompañaban en Brasil: ‘¿Quién de ustedes quiere quedarse aquí?’. Nadie alzó la mano. Todos estaban encantados de estar de vuelta en Alemania y de haber dejado ese lugar”.
Hay descontento porque la economía no se reactiva y un “otoño de reformas” que no se concreta
El comentario provocó lógica indignación en Brasil. El alcalde de Belém, Igor Normando,
replicó que el canciller alemán había demostrado “arrogancia y prejuicios”.
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