Marruecos celebra el aniversario de su toma del Sáhara Occidental coincidiendo con el fin de la misión de la ONU

Marruecos conmemoró este viernes los 51 años de la marcha verde, la movilización masiva que, en 1975, sirvió para que Rabat pudiera tomar el control de la mayor parte del Sáhara Occidental, entonces todavía bajo dominio español.

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 La retirada de la Minurso supone un punto de inflexión en un conflicto que se arrastra desde la década de los setenta  

Marruecos conmemoró este viernes los 51 años de la marcha verde, la movilización masiva que, en 1975, sirvió para que Rabat pudiera tomar el control de la mayor parte del Sáhara Occidental, entonces todavía bajo dominio español.

Este aniversario coincide con el inicio de una nueva fase diplomática del conflicto, al concluir la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), el organismo que desde 1991 se encargaba mediar en la disputa territorial que desde hace décadas mantienen Marruecos y el Frente Polisario en la antigua colonia española.

En El Aaiún, la ciudad más grande del territorio saharaui ocupado por Marruecos, las señales de la efeméride podían apreciarse en los espacios públicos: escolares ondeaban banderas marroquíes, retratos del rey Mohammed VI adornaban las plazas y el escudo marroquí lucía en las principales avenidas. 

Esta efusión contrastaba con lo que sucedía al otro lado del desierto, más allá del muro erigido por Rabat. Ahí, el aniversario tiene un significado diferente: para los saharauis que apoyan la independencia, la marcha verde marca el comienzo de la pérdida de soberanía en la mayor parte del territorio y el desplazamiento de miles de personas. 

Algunos familiares han pasado décadas en lados opuestos de la división territorial actual, viviendo en ciudades controladas por Marruecos o en campos de refugiados en la provincia argelina de Tinduf, con pocas oportunidades de verse. 

Este año, su separación se sitúa en un nuevo punto de inflexión diplomático. El pasado 30 de octubre, el Consejo de Seguridad de la ONU no logró renovar el mandato de la Minurso, que desde hacía 35 tenía la misión de supervisar un alto el fuego y organizar un referéndum sobre el futuro del territorio. El desmantelamiento de este organismo ha sido acogido con gran satisfacción por Marruecos, que cuenta con un apoyo creciente de poderosos aliados, incluidos Estados Unidos, Francia y España, para su propuesta de otorgar autonomía al Sáhara Occidental bajo soberanía marroquí. 

El Frente Polisario, el movimiento independentista respaldado por Argelia y Rusia, afirma que se debe permitir a la población del territorio elegir la independencia mediante un referéndum, y ha expresado su pesar por la no renovación de la misión de la ONU. 

La disputa ha convertido al Sáhara Occidental en uno de los conflictos territoriales más prolongados de África. La zona es rica en recursos pesqueros y depósitos de fosfato. Marruecos controla la mayor parte, y se refiere a ella como sus “provincias de sur”, mientras que el Polisario administra hoy los territorios más orientales.  Pese al fin de la Minurso, la ONU continúa considerando al Sáhara Occidental como un territorio no autónomo en espera de descolonización. 

La marcha verde comenzó el 6 de noviembre de 1975, cuando el rey Hassan II hizo un llamamiento a los marroquíes para que entraran en el Sáhara, aprovechando la agonía del franquismo. España se retiró al año siguiente, pero el Polisario, fundado en 1973 para poner fin al dominio español, rechazó el acuerdo y continuó luchando por la independencia. Posteriormente, Marruecos consolidó su control sobre la mayor parte del territorio y construyó el muro que lo divide actualmente. 

En todo este tiempo, Rabat ha invertido fuertemente en el territorio, construyendo carreteras, puertos e infraestructura industrial y promoviendo proyectos de energías renovables. El reino alauita presenta este impulso al desarrollo como prueba de que su administración ha mejorado el nivel de vida de la población. Sin embargo, los residentes de ciudades como El Aaiún siguen lidiando con las presiones económicas cotidianas, como el costo de vida y el acceso al empleo.

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