Había que tener muchas agallas para denunciar, en 1953, a los depredadores sexuales que campaban a sus anchas por lo largo y ancho de Hollywood. Faltaba más de medio siglo para que el movimiento MeToo se convirtiera en un grito de guerra global cuando una rubia tonta que acababa de tocar el cielo (“Puedo ser lista cuando importa, pero a la mayoría de los hombres no les gusta”) acusó públicamente a través de un artículo en la revista Motion Picture and Television Magazin a los hombres que la habían acosado. Marilyn Monroe tenía 27 años, llevaba sufriéndolo en carne propia desde que casi una década antes había comenzado su carrera como pin-up y no se anduvo con eufemismos. Lo tituló Los lobos que yo he conocido y en apenas sacaba a la luz todo aquello que sucedía en los estudios fuera de las pantallas y el silencio que lo rodeaba. “Hay muchos tipos de lobos. Algunos son siniestros, otros son simplemente idiotas que se divierten tratando de conseguir algo a cambio de nada y otros se lo toman como un juego”, escribió, dejando una puerta entreabierta, aún sin saberlo, para todo lo que vendría después.
Más de medio siglo antes del MeToo, la actriz, con 27 años, denunció públicamente a los predadores sexuales que la habían acosado Había que tener muchas agallas para denunciar, en 1953, a los depredadores sexuales que campaban a sus anchas por lo largo y ancho de Hollywood. Faltaba más de medio siglo para que el movimiento MeToo se convirtiera en un grito de guerra global cuando una rubia tonta que acababa de tocar el cielo (“Puedo ser lista cuando importa, pero a la mayoría de los hombres no les gusta”) acusó públicamente a través de un artículo en la revista Motion Picture and Television Magazin a los hombres que la habían acosado. Marilyn Monroe tenía 27 años, llevaba sufriéndolo en carne propia desde que casi una década antes había comenzado su carrera como pin-up y no se anduvo con eufemismos. Lo tituló Los lobos que yo he conocido y en apenas sacaba a la luz todo aquello que sucedía en los estudios fuera de las pantallas y el silencio que lo rodeaba. “Hay muchos tipos de lobos. Algunos son siniestros, otros son simplemente idiotas que se divierten tratando de conseguir algo a cambio de nada y otros se lo toman como un juego”, escribió, dejando una puerta entreabierta, aún sin saberlo, para todo lo que vendría después.
Cultura
