He visto que Lola Herrera esta noche del 8 de marzo será la protagonista de Lo de Évole (la Sexta, 21.35 h). No me la perderé. Por dos motivos. Primer motivo: Jordi Évole está regalándonos la mejor temporada de las que lleva de lo suyo. Ahí lo que hizo con Manu Sánchez, el domingo pasado. En el auditorio de La Cartuja de Sevilla mantuvieron una conversación emocionante por su radical sencillez y autenticidad –con los padres del andaluz entre el público más los sanitarios que le han salvado de un cáncer a vida o muerte. Y encima, el catalán se desmayaba –literalmente– de la risa con las historietas de Manu Sánchez. La cataplexia de Évole es un regalo que le hace el karma por haber sido “el follonero”: toca abrazarla. Vi una lección de humanidad, de buen humor y de grandeza de espíritu, de belleza. Y segundo motivo: la propia Lola Herrera, que en la Contra me contó hace dos años que a los 17 años su plan era matrimoniar con un mozo en su Valladolid natal, un abogado muy formal. La adolescente Lola Herrera informó de su plan a otro amigo de su misma edad –aunque con más mundo– llamado Chicho Ibáñez Serrador, que oyéndola dejó caer un “emocionante” tan desganado como elocuente. A Lola Herrera esa conversación –me confesaba ella– le cambió la vida: entendió lo asfixiada que vivía en Valladolid. Rompió con el abogado. Se largó a Madrid. A ser teatrera. Y hasta hoy. Lola Herrera lleva setenta años sobre los escenarios. Más que nadie. Sigue vital y lúcida. No me la pierdo esta noche.
He visto que Lola Herrera esta noche del 8 de marzo será la protagonista de Lo de Évole (la Sexta, 21.35 h). No me la perderé. Por dos motivos. Primer motivo: Jordi Évole está regalándonos la mejor temporada de las que lleva de lo suyo. Ahí lo que hizo con Manu Sánchez, el domingo pasado. En el auditorio de La Cartuja de Sevilla mantuvieron una conversación emocionante por su radical sencillez y autenticidad –con los padres del andaluz entre el público más los sanitarios que le han salvado de un cáncer a vida o muerte. Y encima, el catalán se desmayaba –literalmente– de la risa con las historietas de Manu Sánchez. La cataplexia de Évole es un regalo que le hace el karma por haber sido “el follonero”: toca abrazarla. Vi una lección de humanidad, de buen humor y de grandeza de espíritu, de belleza. Y segundo motivo: la propia Lola Herrera, que en la Contra me contó hace dos años que a los 17 años su plan era matrimoniar con un mozo en su Valladolid natal, un abogado muy formal. La adolescente Lola Herrera informó de su plan a otro amigo de su misma edad –aunque con más mundo– llamado Chicho Ibáñez Serrador, que oyéndola dejó caer un “emocionante” tan desganado como elocuente. A Lola Herrera esa conversación –me confesaba ella– le cambió la vida: entendió lo asfixiada que vivía en Valladolid. Rompió con el abogado. Se largó a Madrid. A ser teatrera. Y hasta hoy. Lola Herrera lleva setenta años sobre los escenarios. Más que nadie. Sigue vital y lúcida. No me la pierdo esta noche.Seguir leyendo…
He visto que Lola Herrera esta noche del 8 de marzo será la protagonista de Lo de Évole (la Sexta, 21.35 h). No me la perderé. Por dos motivos. Primer motivo: Jordi Évole está regalándonos la mejor temporada de las que lleva de lo suyo. Ahí lo que hizo con Manu Sánchez, el domingo pasado. En el auditorio de La Cartuja de Sevilla mantuvieron una conversación emocionante por su radical sencillez y autenticidad –con los padres del andaluz entre el público más los sanitarios que le han salvado de un cáncer a vida o muerte. Y encima, el catalán se desmayaba –literalmente– de la risa con las historietas de Manu Sánchez. La cataplexia de Évole es un regalo que le hace el karma por haber sido “el follonero”: toca abrazarla. Vi una lección de humanidad, de buen humor y de grandeza de espíritu, de belleza. Y segundo motivo: la propia Lola Herrera, que en la Contra me contó hace dos años que a los 17 años su plan era matrimoniar con un mozo en su Valladolid natal, un abogado muy formal. La adolescente Lola Herrera informó de su plan a otro amigo de su misma edad –aunque con más mundo– llamado Chicho Ibáñez Serrador, que oyéndola dejó caer un “emocionante” tan desganado como elocuente. A Lola Herrera esa conversación –me confesaba ella– le cambió la vida: entendió lo asfixiada que vivía en Valladolid. Rompió con el abogado. Se largó a Madrid. A ser teatrera. Y hasta hoy. Lola Herrera lleva setenta años sobre los escenarios. Más que nadie. Sigue vital y lúcida. No me la pierdo esta noche.
Una conversación con Chicho Ibáñez Serrador cambió la vida de Lola Herrera, ennoviada con un abogado en Valladolid
ÓNEGA. Muere Fernando Ónega, periodista ejemplar. Más de medio siglo en el día a día, contó todo desde la serenidad, la modestia, el buen humor, la sensatez. Lo admiré desde aquel célebre “puedo prometer y prometo” de –mi también admirado– Adolfo Suárez, salido de su pluma. Hoy personas así, tan ecuánimes y moderadas y corajudamente tibias, son para muchos unos socialcomunistas peligrosos, por apologetas de la concordia de la transición. ¡Tanto se ha desplazado la ventana de Overton política en España! Ojalá hubiese más Ónegas en nuestro periodismo: sabía mirar desde el fiel de la balanza, sin ametrallar a los de una trinchera desde la otra: Fernando Ónega logró algo tan valioso que a cada día que pasa se me antoja más difícil en España y en el mundo. – @amelanovela
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