Ya candidato oficial del Partido de los Trabajadores (PT) para las elecciones presidenciales de octubre, Lula celebrará el arranque de la campaña electoral en un simbólico evento este domingo en São Bernardo dos Campos, la ciudad del automóvil cerca de São Paulo donde el veterano presidente brasileño inició su epopéica carrera política.
Estrena en la ciudad del automóvil donde empezó su ascenso al poder desde el sindicato metalúrgico
Ya candidato oficial del Partido de los Trabajadores (PT) para las elecciones presidenciales de octubre, Lula celebrará el arranque de la campaña electoral en un simbólico evento este domingo en São Bernardo dos Campos, la ciudad del automóvil cerca de São Paulo donde el veterano presidente brasileño inició su epopéica carrera política.
La escenografía sera idónea para una campaña “retro” del PT centrada en la extraordinaria biografía del veterano líder de la izquierda brasileña que llegó a São Paulo en 1959 desde la pobreza rural de Pernambuco, hizo un aprendizaje de tornero, y subió al liderazgo del sindicalismo industrial brasileño
“Trabajador y de familia, con el alma del pueblo, se enfrentó al sistema…” reza el nuevo rap con ritmo forró de la campaña de Lula, junto con imágenes de las famosas asambleas del sindicato metalúrgico que lanzaron a Lula a la fama en los años setenta y ochenta. Así se pretende convencer a millones de jóvenes de que Lula, pese a que dispute, a los 80 años, sus séptimas elecciones presidenciales en busca de un cuarto mandato presidencial, no es del establishment, sino del “pueblo”.
El nuevo volumen de la elogiada biografía de Lula escrita por el periodista Fernando Morais se suma al proyecto, recordando —entre anécdotas sobre la máquina de tornillos que le arrancó el meñique de la mano izquierda de Lula en junio de 1964— el célebre realismo del mítico líder de la izquierda brasileña.
São Bernardo dos Campos, uno de los tres municipios de São Paulo dedicados a la industria manufacturera, conocidos como ABC, es un elemento clave de la narrativa también porque fue donde se hizo la famosa foto aérea de Lula rodeado de miles de simpatizantes antes de ser encarcelado en 2018 tras un juicio posteriormente anulado.
Experto en el arte de lo posible y del equilibrio de fuerzas, Lula necesitará de sus dotes más pragmáticas en estas elecciones. Lidera las encuestas frente a su principal rival, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraconservador encarcelado por golpismo. Pero el histórico líder de la izquierda lidia con una elevada tasa de rechazo. El 46% de los brasileños manifiesta un sentimiento de desaprobación respecto al héroe de las nuevas biografías y canciones de rap, según las encuestas,
Lula es favorito, pero registra una desaprobación del 46% por “antipetismo”
Aunque Lula es favorito, crece la preocupación en el PT de que, en una segunda vuelta, Flávio tenga más posibilidades de aumentar su voto, debido al “antipetismo”, un rechazo visceral de millones de brasileños al histórico partido de la izquierda, creado por Lula y otros en 1980.
De ahí la cautela de la campaña. Ante el temor a una reacción negativa en los mercados, Lula ha descafeinado su programa de reformas económicas, retirando las promesas de revertir privatizaciones, establecer controles de capitales y crear una tarifa cero en el transporte público. Todo con el fin de garantizar la credibilidad fiscal. En busca de los votantes de centro, incluso llegó a decir el mes pasado en una reunión con directivos del Fondo Monetario Internacional que “nunca he sido de izquierdas”.
El programa electoral “no debería incluir objetivos explícitos y detallados”, según fuentes del PT citadas en Folha de Sao Paulo. Se apuesta todo por el carisma y la épica historia de superación personal de Lula y en ataques a Flavio Bolsonaro, que registra un rechazo aún mayor —el 47%— que Lula. Al mismo tiempo, atacará la injerencia de Washington en las elecciones, con Marco Rubio más que Trump como blanco, destacando los lazos entre el secretario de Estado y la familia Bolsonaro.
Los otros candidatos son también “antipetistas”: los exgobernadores de Goiás y Minas Gerais, respectivamente, Ronaldo Caiado y Romeu Zema, así como el joven líder de la derecha libertaria Renan Santos, que creó el Movimiento Brasil Livre durante las manifestaciones contra el Gobierno de Dilma Rousseff en 2013.
Aunque ninguno supera el 4 % en las encuestas, si todos sus votos los hereda Flávio, el resultado final podría ser muy apretado. Según la encuestadora Quaest, la ventaja de Lula podría reducirse a solo cinco puntos , dentro del margen de error. “Lula no quiere que vayamos diciendo que vamos a ganar”, confesó un diplomático en una conversación en Brasilia.
El trasfondo de este electorado escéptico e insatisfecho es una economía que no infunde optimismo. En un momento de creciente precariedad laboral, aquel líder sindical de las plantas de São Bernardo dos Campos parece pertenecer a otro mundo. Ya apenas existe una clase trabajadora industrial para impulsar al PT como antes. El paro ha caído al mínimo del 5,4%, pero esto se explica en gran medida por la llamada uberización del mercado de trabajo.
Uberización : ya apenas existe una clase trabajadora industrial para impulsar al PT
”Millones ya trabajan solos en la informalidad o conectados a plataformas digitales. Desaparecen esos espacios donde las dificultades eran compartidas, la fábrica pierde importancia…”, escribe Preto Zezé en el diario O Globo. “Esto explica por qué “tanta gente va a votar con rabia”.
“La uberización no necesariamente crea apoyo a la extrema derecha”, dijo el politólogo brasileño Rodrigo Nunes en una entrevista telefónica. Pero “los ciclistas y a los motoboys (mensajeros en moto)” que “sortean el tráfico congestionado” en ciudades como Río y Sao Paulo, “tienen una visión más individualista y escéptica” que la clase trabajadora de antes.
El gobierno de Lula, que llegó al poder, en gran parte, gracias a la pandemia y la negligente gestión de Bolsonaro padre (2019-2023), ha cumplido con sus promesas de borrar los estragos del COVID. Ha logrado reducir la pobreza al mínimo histórico del 23% tras el aumento durante la pandemia. Brasil incluso ha entrado en la categoría de elevado nivel de desarrollo humano.
El gobierno ha subido el salario mínimo hasta 1.600 reales mensuales (300 euros) y ha creado una exención de impuestos para contribuyentes que cobran menos de 5.000 reales al mes. En una medida reciente, ayudará a las familias endeudadas a renegociar su deuda con tipos de interés más bajos.
Pero no es suficiente como para aliviar el agobio de las clases populares y medias bajas . Según los cálculos del instituto intersindical, haría falta un salario mensual de 8.000 reales —más de cuatro salarios mínimos— para cubrir todos los costes de una familia media brasileña. La renta per cápita en Brasil no ha subido desde mediados de la década pasada. Aunque la inflación ha caído en los últimos meses, aún merma el poder adquisitivo de los brasileños, y la campaña de Flávio Bolsonaro rentabiliza la percepción de que es más alta de lo que es.
“Lula ha cumplido. Le tocó una herencia maldita y nos ha sacado del mapa del hambre. Prometió que la gente volvería a comer picanha (solomillo) y lo ha cumplido, pero el nivel de exigencia cambió; la gente ya quiere más”, dijo Juca Kfouri, el célebre periodista de política y fútbol que participó junto a Lula en las primeras campañas contra la dictadura. “Lula es favorito, es la figura del siglo en Brasil”, añadió en un almuerzo en Sao Paulo. “Pero Flávio Bolsonaro tiene chance …puede ganar
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