Los precios desgastan el poder adquisitivo: España acumula una inflación del 22,1% desde 2020, mientras los salarios han subido un 17%

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La inflación sigue desgastando el poder adquisitivo de las familias en España. Desde el año 2020, el Índice de Precios al Consumo (IPC) que publica mensualmente el INE acumula un incremento del 22,1%, lo que deja una subida promedio anual del 4,42%. Los salarios, sin embargo, no han aumentado al mismo ritmo.

Según la Estadística de Convenios Colectivos del Ministerio de Trabajo, el alza salarial aplicada en los últimos cinco años asciende al 16,7% en términos acumulados, cinco puntos menos de lo que han crecido los precios.

Esto se traduce en una pérdida de poder de compra: aunque haya subido el sueldo de los trabajadores en el último lustro, tienen menos dinero en términos comparativos que en el año 2020. Hay que tener en cuenta, además, que no todos los trabajadores se han beneficiado de subidas salariales -este dato es la media y se refiere sólo a los que están cubiertos por un convenio-, con lo que para algunas familias el empobrecimiento habrá sido superior.

Lo mismo sucede con la inflación, ya que el aumento del 22,1% en el nivel general de precios esconde que hay bienes y servicios, como los alimentos o la electricidad, que han registrado encarecimientos muy superiores, lo que afecta especialmente a los hogares con menor nivel de renta, ya que son los que habitualmente destinan una proporción superior de sus ingresos a sufragar estos gastos de primera necesidad.

Con datos hasta 2024 -ya que el INE aún no ha desglosado las subidas de precio de este diciembre por tipo de producto-, los alimentos acumulan un incremento del 34,6%, si bien el encarecimiento disparado de algunos productos concretos lleva a las familias a tener una percepción de que las subidas han sido muy superiores.

En el mes de diciembre la inflación se ha reducido una décima, del 3% al 2,9%, con lo que en el conjunto del año los precios han subido de media un 2,7%, frenándose el ritmo de reducción.

El problema de inflación en España surgió en el año 2021, a medida que la demanda -el deseo de consumir- se recuperaba en el país tras la pandemia mucho más rápido que la oferta -la capacidad de las empresas de producir-, lo que elevó los precios en promedio un 3,1%. Lo que entonces parecía un problema se agravó considerablemente al año siguiente, a raíz de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, lo que disparó el precio de la energía y llevó la inflación promedio al 8,4%. Ese año se superó el doble dígito algunos meses, llegando a niveles no vistos desde los años 80.

Desde entonces la inflación ha ido reduciéndose: en 2023 bajó en promedio al 3,5%, en 2024 se moderó al 2,8% y este año sólo ha bajado una décima, al 2,7%. Que la tasa interanual se modere, no obstante, es compatible con que los precios sigan subiendo año a año (aunque cada vez menos) y que el aumento se vaya acumulando.

Pese a que en los peores momentos de la crisis inflacionista España se mantuvo como uno de los países de la UE con menores tasas, debido a su menor dependencia de combustibles fósiles de Ucrania y Rusia y a su mayor fortaleza en renovables, lo que permitía tener una energía más barata, en este último ejercicio ha sido la gran economía europea con más inflación.

Se sitúa por debajo de otros países como Rumania, Hungría o Austria, con tasas mucho más desbocadas, pero su nivel de inflación supera la media de la UE y la del resto de las grandes economías. Alemania presentaba una inflación promedio hasta noviembre del 2,3%; Francia, del 0,9%, e Italia, del 1,7%.

«Sólo cuatro países muestran tasas de inflación inferior al 2%: Francia (0,8%), Italia (1,1%), Finlandia y Chipre [en noviembre]. En términos de contribución, España (3,2%) y Alemania (2,6%) representan las principales desviaciones al alza respecto a la meta del 2% del BCE», reconoce el propio Ministerio de Economía en su última nota de coyuntura. «La inflación general en España excedió la de la zona euro en 1 punto porcentual en noviembre, encadenando trece meses consecutivos en terreno positivo. Este diferencial, que ha mostrado una tendencia al alza desde marzo, se explica en gran medida por energía y, más recientemente, alimentos no elaborados e IPC subyacente, ambos con una presión al alza comparativamente intensa en España».

La pérdida de poder adquisitivo ha ido recortando poco a poco la capacidad de ahorrar de las familias en España.

En el tercer trimestre, la tasa de ahorro de los hogares se situó en el 12% de su renta disponible bruta (el equivalente a 11.084 millones de euros), una décima menos respecto al trimestre anterior y 1,1 puntos por debajo de la tasa registrada un año antes (cuando se preservaron 13.920 millones), según los datos publicados ayer por el INE.

Esta tasa desestacionalizada encadena cuatro trimestres consecutivos a la baja.

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