Las bodas de los famosos nos fascinan por razones menos frívolas de lo que pensamos Leer Las bodas de los famosos nos fascinan por razones menos frívolas de lo que pensamos Leer
Dijeron que no querían regalos, pero ellos hicieron uno a cada invitado: un pequeño pañuelo bordado con sus iniciales y una frase. Así que será para siempre. Cursi y encantador. No olvidemos que la frase pertenece a una canción de la novia, la favorita del novio. No olvidemos que hablamos de la boda de Taylor Swift y Travis Kelce.
Este fin de semana he devorado todos los detalles sobre la boda real de Manhattan (palabra de TheNew York Times). Todos lo hemos hecho. Lo dicen las cifras de tráfico -no olvide, lector, que sabemos en tiempo real lo que se está leyendo- y los datos de Google. La mañana después de la ceremonia, Taylor Swift era uno de los nombres más buscados en España. Más que Donald Trump y Pedro Sánchez. Más que Lamine Yamal y Kylian Mbappé. ¿Qué tienen las bodas que tanto nos fascinan?
Por supuesto, está el cotilleo. Quiénes asistieron, qué se pusieron. Qué (ex) amiga no fue invitada, qué íntima dio la nota. Qué comieron, qué bailaron. Queremos saber cómo viven los ricos y famosos, sí. Pero las bodas también nos cautivan porque nos gustan los finales felices.
Aunque el matrimonio sea en realidad un comienzo, Hollywood nos ha enseñado a verlo como un happy ending. Y deseamos presenciarlo, incluso desde el otro lado de la pantalla.
En ese afán por ser testigos del amor hay algo que conecta con lo que festejamos en las bodas reales, las de aquellos a quienes realmente queremos. Eso sí que son auténticos finales felices, los de historias que viviste desde el inicio. Aquel chico al que besó F. una noche de Reyes, el que pidió a M. su e-mail, el que se declaró a S. una Navidad…
Hoy tendemos a pensar que las bodas se nos han ido de las manos. Entre fotomatones, barras de sushi y demás artificios para Instagram. Pero, en esencia, siguen siendo ese momento en el que tu amigo reúne a toda la gente importante de su vida para celebrar su amor.
Y es bonito formar parte de ello.
Hace poco, me encontré con la tarjeta en la que S. me pedía ser testigo en su enlace «por todo lo que hemos vivido juntas». Han pasado 15 años y todavía la guardo. Es esa vivencia compartida lo que hace tan especial la boda de un amigo: has visto su historia crecer y estás ahí para festejarlo. Puede que sea tan cursi como Taylor Swift, pero por eso me gustan las bodas.
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