Puedes recordarlo, pero no puedes experimentarlo de nuevo de esta manera. Tienes que estar satisfecho con las sombras.
“Correr puede ser tanto una salvación como una perdición”, nos cuenta la directora novel, mejor Ópera Prima en el Festival de Málaga; la obra está en los cines
Puedes recordarlo, pero no puedes experimentarlo de nuevo de esta manera. Tienes que estar satisfecho con las sombras.
‘El corredor’, John L. Parker
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–Wow, qué recuerdos –dice Laura Garcia Alonso (36) cuando pisamos las pistas de atletismo de La Mar Bella, frente a las aguas de Barcelona.
Y saluda al grupo de atletas que sestea como los guepardos tras las series de velocidad, saluda a Sara Gallego, que aparece de extra en Corredora , la película de Laura Garcia Alonso que recibió el premio ASECAN a la mejor Ópera Prima en el Festival de Málaga y está en todas las carteleras y ya es objeto de culto entre los atletas. Y me habla del CAR de Sant Cugat, de las pistas de atletismo de Granollers, de un estadio en Zaragoza, incluso de las preciosas pistas de Olot, tan bonitas que tuvo que descartarlas como escenario para la película “de tan bonitas que son”.
Más tarde, sentados a la sombra, con una Coca-Cola y unas patatas chips de por medio, Laura Garcia Alonso me dice:
–Una de las cosas que más me gusta hacer es profundizar en los universos que me son desconocidos. El CAR y el atletismo me despertaban curiosidad. Es un deporte bonito, humilde, austero, sin las florituras ni el glamur del tenis ni la pasión por el dinero del fútbol. En un coloquio dije que el atletismo es como el cine independiente. No se trata de ganar dinero con él, sino de disfrutarlo.

–¿Y cómo lo exploró usted?
–Me sumergí. Fui a ver los Campeonatos de España del 2023 y el 2024. Junto a Pol Cortecans, que es mi pareja y el coguionista, hablamos con la Federació Catalana y la Española. Conversamos con Marta Pérez, Esther Guerrero, Marta Galimany y Jordi Toda, Lorea Ibarzábal, Daniela García, Zoya Naumov, Lucía Pinacchio. De Lucía nos gustaba su forma de estar en la pista, cómo compartía sus pensamientos en Instagram, cómo gestionaba las crisis y las caídas. Y luego está Andreu Novakosky…
Novakosky fue un magnífico ochocentista y hoy es técnico y se dejó la vida en la película: se comprometió a entrenar a Alba Sáez, la protagonista, actriz que fue bailarina, elástica, y se enfrascó en el papel.
Alba Sáez pasó un año entrenándose a las órdenes de Novakosky. Corrió decenas de series en La Mar Bella. Practicó trotes por el frente marítimo. Atletizó su cuerpo, le dio más tono, más fibra. Llegó a correr 200m en menos de 34 segundos.
Conoció el sufrimiento, la renuncia y la tolerancia al dolor. Sufrió periostitis.
(Periostitis, el síndrome del atleta novel: una inflamación en la zona tibial).
Me inspiré en un ser querido que hace unos años pasó por un brote psicótico que le desestabilizó a él y a la familia”
–Tuvimos miedo de que fuera hacia algo más grave. Ella quería filmar como fuera, era como Tom Cruise o Leonardo di Caprio, que hablan de que la sangre debe ser real. Pero cuando filmábamos en el CAR, sentíamos la espada de Damocles. Así que trajimos un fisio al set y en algunos momentos pusimos dobles, a Julia Munté y Noelia Medina, y cuando al fin lo teníamos todo claro, entonces filmábamos a Alba.
–Y ella, ¿se identificó como atleta?
–En la escena final, en el estadio de Zaragoza, cuando estaba en la cámara de llamadas y luego en la pista, se metió tanto en el personaje que se sintió en estado de shock.

La reflexión es literal y nos lo demuestra el rostro de la protagonista, nos lo demuestra en ese pasaje final pero también en cada una de las escenas: su mirada atraviesa la pantalla, siembra el desconcierto, se perfila como algo tan previsible como irresoluble. Corredora explora en las servidumbres de la salud mental.
–Me inspiró un ser querido que hace unos años pasó por un brote psicótico muy desestabilizador para él y para la familia. Este es un ejercicio de identificación con la protagonista. Sentí que en otras películas, ese tema se abordaba de un modo sesgado, manipulador, morboso, y no sentía consuelo al verlas.
–¿Y cómo encaja eso en el atletismo?
–Lo vi desde el punto de vista de la lesión invisible, cómo se gestiona eso en el deporte de élite. Y encontramos en el correr un valor ambivalente. Para la protagonista, correr es una salvación y una perdición, una forma de calmarse y desahogarse pero también, en la parte más competitiva, es un peligro porque la empuja a un límite. El correr expresa externamente algo que ocurre internamente. Y también es una forma de huir en busca de una meta.
(Ahora, tras coloquios y festivales, Laura Garcia Alonso explorará de nuevo en lo desconocido: en otoño será madre).
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