La subida del IVA a la electricidad impulsó la inflación de los hogares con rentas bajas por encima del IPC general en 2025

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El pasado 2025 ha quedado muy alejado en términos de inflación respecto a los peores años de la crisis inflacionaria en los años inmediatamente posteriores a la pandemia, esencialmente 2021 y 2022. Hasta noviembre, el IPC general creció un 2,6%, pero con una composición muy diferente entre los grandes grupos de bienes y servicios que define el Instituto Nacional de Estadística (INE). Por ejemplo, el crecimiento de precios de bienes integrados en vivienda y suministros ha sido prácticamente del doble respecto al crecimiento del IPC general, seguido por el crecimiento de los precios en restaurantes y hoteles (4,4%) y bebidas alcohólicas y tabaco (3,6%).

En el caso de los alimentos y bebidas no alcohólicas, aunque ha habido subcategorías que han protagonizado algunas de las subidas de precios más icónicas del año, como el caso de la carne (5,6%), los lácteos y huevos (6,2%) o el café (14,5%), se han visto en buena medida compensados por el derrumbe del precio del aceite de oliva respecto a diciembre de 2024, que ha bajado un 65% de acuerdo con los últimos datos. Esta gran heterogeneidad de cambios de precios, que se reproduce en buena parte de los subgrupos de bienes, da lugar a una situación en la que, dependiendo de los pesos que cada grupo de productos tiene en el consumo de un grupo de hogares, unos hogares se han visto más expuesto al crecimiento de los precios respecto a otros.

Para ello, los microdatos de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), permiten descomponer a los hogares españoles en función de su capacidad económica (por deciles de gasto equivalente), donde el decil 1 sería el 10% de hogares con un menor gasto equivalente y el decil 10 correspondería al 10% de hogares que presentan un mayor gasto. Además, la encuesta permite desagregar el gasto de cada uno de estos grupos de hogares al máximo nivel de producto/servicio posible dentro de la clasificación de productos del INE, lo que permite conocer su estructura de gasto y, a partir de ahí, estimar el IPC hasta noviembre para cada uno de los grupos de hogares.

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El resultado de esta estimación apunta a que los hogares de rentas más bajas afrontaron subidas de precios superiores respecto al hogar medio en 2025, con una inflación media del 3% entre el primer decil, que va descendiendo progresivamente hasta el 2,4% entre el decil

10. Esta imagen es marcadamente similar con respecto a la que se observó en 2024, cuando el diferencial estimado de inflación entre ambos extremos de la distribución fue también de 0,6 puntos. De forma agregada, los hogares del primer decil han afrontado una inflación acumulada desde 2021 ligeramente inferior al 23%, tres puntos por encima respecto al 10% de hogares con mayor capacidad económica.

La fuente de las diferencias entre deciles en 2024 y 2025 es bastante transparente, y tiene que ver con la recuperación de los impuestos indirectos sobre la electricidad que se redujeron al mínimo durante 2022 y 2023, tanto IVA como impuestos especiales. En 2024 la progresiva recuperación del impuesto especial marcó gran parte de la diferencia entre deciles, del mismo modo que en 2025 la recuperación del IVA al 21% para la electricidad que entró en vigor en enero fue responsable del encarecimiento del 10% de la misma, y concentra 0,3 de las 0,6 décimas de diferencia entre deciles. Otro factor más reducido pero importante que ha contribuido a esta diferencia en 2025 ha sido el fuerte crecimiento de las tasas de basuras en muchos municipios, que se han encarecido cerca de un 30% y han sumado una décima adicional a la diferencia por su mayor peso en el gasto total de los hogares de menores ingresos, como en el caso de la electricidad.

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En el caso de los alimentos, el encarecimiento por encima del IPC general de la mayor parte de las categorías impulsó el IPC en un punto entre los hogares de menores ingresos frente a 0,5 puntos entre los deciles 9 y 10. Sin embargo, el efecto corrector de la caída del precio del aceite de oliva ha logrado mitigar una buena parte de esa diferencia, entre una y dos décimas. Más allá de ejemplos concretos, puede apreciarse como, en media, los grupos de bienes y servicios que presentan un mayor consumo entre los hogares de menores ingresos han tendido a crecer ligeramente por encima respecto a los grupos de gasto con un mayor peso entre los hogares acomodados.

En el lado opuesto se sitúan los servicios de restauración y alojamiento, que han registrado subidas de precio del 4% y del 9,5% respectivamente, han sido responsables de buena parte de la inflación registrada entre los hogares con mayor renta, entre 0,6 y 0,7 puntos sobre 2,4. Adicionalmente, los seguros de salud han tenido un crecimiento de precios especialmente notable este año, cercano al 10%, que ha sumado cerca de dos décimas adicionales en el IPC de los hogares de la parte alta de la distribución, que cada ves presentan una mayor cobertura, frente a una cobertura casi inexistente en los primeros tres deciles.

En suma, los datos evidencian como la retirada de las rebajas fiscales a la electricidad a lo largo de los últimos años ha tenido un impacto distributivo profundamente negativo que, de hecho, puede explicar gran parte de la brecha en el impacto directo de la inflación entre hogares ricos y pobres en 2024 y 2025. Esto representa una gran oportunidad perdida, puesto que la rebaja de impuestos a la electricidad entraba dentro del libro blanco de la reforma fiscal habitualmente citado por el gobierno, tanto por motivos distributivos como de eficiencia económica, como una palanca e incentivo necesario para la progresiva electrificación de los hogares.

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