La empresa Water Challenge ha patentado la tecnología que permite separar sólidos de líquidos con infinitos usos. Reducir los residuos mineros o multiplicar la capacidad de las desaladoras son solo dos de ellos. En 2026 prevé facturar 10 millones y cinco años después, llegar a 100 Leer La empresa Water Challenge ha patentado la tecnología que permite separar sólidos de líquidos con infinitos usos. Reducir los residuos mineros o multiplicar la capacidad de las desaladoras son solo dos de ellos. En 2026 prevé facturar 10 millones y cinco años después, llegar a 100 Leer
¿Se imaginan que de los residuos de una mina se obtuviera agua para regadíos? ¿Que gracias a los desechos de un dragado portuario se pudiesen limpiar los muelles? ¿O que de las sobras de una planta de biogás se extrajeran fertilizantes?
Todo esto lo imaginó, hace diez años, un grupo de ingenieros encabezado por Sebastián Vera empeñados en desarrollar una tecnología que permitiese reducir el consumo de agua al tiempo que purificar fluidos contaminados, sin importar de qué. Lo que imaginaron se plasmó en un sistema disruptivo al que bautizaron como ASEC. La a, de adiabático (porque se desarrolla en un entorno cerrado); la s, de sónico (por la velocidad del proceso); la e, de evaporación, en un solo proceso, en continuo; y la c, de cristalización, la de los residuos sólidos.
En realidad, y sin entrar en excesivos tecnicismos, es un tratamiento térmico, a 75 grados centígrados, y de una hora de duración que se puede aplicar a cualquier fluido contaminado. Una suerte de piedra filosofal pero muy científica con usos casi infinitos y que ya ha empezado a probar su eficacia en proyectos aún embrionarios pero prometedores. Por ejemplo, en el puerto de Huelva, donde se aplicar a los residuos de los dragados, o en una planta de biodiésel en Dos Hermanas.
La filosofía es sencilla y cien por cien economía circular: obtener agua pura y sólidos que puedan ser reutilizables a partir de esos fluidos contaminados que, en otro caso, no tendrían otro destino que un vertedero. Todo ello, señala Susana García, CEO de la empresa en la que se ha materializado el invento, Water Challenge, «sin químicos, sin consumibles, sin contaminar y con bajo consumo de energía o, incluso, usando calor residual».
Destaca García -que se «maravilló» durante la pandemia de la tecnología ideada por Vera- algunas de las aplicaciones, casi infinitas, de la piedra filosofal patentada por Water Challenge. Por ejemplo, para tratar el alpechín, ese líquido oscuro y maloliente que sobra de la extracción del aceite de oliva. Pero también puede servir, añade, para disparar la eficiencia de las actuales plantas desaladoras o, lo que es lo mismo, multiplicar el agua potable que se obtiene del mar y que sacia la sed de poblaciones en las que escasea.
Y es que, explica la máxima responsable de Water Challenge, ahora mismo una desaladora únicamente permite potabilizar la mitad del agua que extrae del mar, mientras que la otra mitad es desechada con toda la sal. Es ahí donde la tecnología ASEC podría suponer una revolución, teniendo en cuenta que el uso de su tratamiento para fluidos podría duplicar la producción de agua potable a partir del agua salada en plantas desaladoras. La sal, el desecho sólido que se obtendría, también podría ser utilizada, por ejemplo, para derretir la nieve en las carreteras. Economía circular cien por cien.
En zonas con escasez de agua o en períodos de sequía como el que ha sufrido recientemente buena parte de la Península Ibérica, sería algo así como la respuesta divina a las procesiones religiosas que suplican por algo de lluvia.
Aunque la tecnología ya ha sido probada, y con éxito, y hay pequeñas plantas en funcionamiento, Water Challenge se enfrenta estos días a su primer gran reto, el primer proyecto de envergadura en una planta de biometano de la que García, por obligación contractual, no puede dar más detalles, aunque en las instalaciones de la empresa, en Dos Hermanas (Sevilla), se ultiman los detalles de la instalación, con buena parte de los componentes ya en su destino.
Los ingenieros de Water Challenge han diseñado un sistema modular, del tamaño de un contenedor que, por tanto, puede transportarse fácilmente en camión o barco y que puede ensamblarse tantas veces como se quiera en función de la capacidad de tratamiento que se requiera. Algo así, apunta la CEO, como «un lego» que se monta.
Desde 50 metros cúbicos de agua al día, con la tecnología ASEC se puede purificar tanto líquido contaminado como se necesite, destaca García. Todo ello con un mínimo consumo de energía y con un proceso automatizado que se opera a distancia.
Ése es el negocio de Water Challenge, que se reserva la gestión de sus plantas y su mantenimiento para, de esta forma, no perder el control de su tecnología, patentada ya en más de 30 países y con el objetivo de llegar a más de 80 a corto plazo. Estados Unidos fue el primero y ya tienen la patente registrada en Brasil, Chile, México, Australia, Sudáfrica, Marruecos, Argelia, Israel, Turquía, Japón o Arabia Saudí, además de toda la cuenca mediterránea.
Al primer cliente, el de la planta que acaban de entregar, se pueden sumar en breve otros 50, con una cartera de pedidos potencial de 200 plantas de tratamiento en los próximos cinco años.
El 80% del negocio está en España de momento, pero Water Challenge tiene la vista puesta en otros países y en sectores como el fracking para diversificar, con su carta de presentación de diseños «llave en mano» por el que cobra un canon, además de un pago inicial.
La compañía sevillana tenía una previsión de cerrar el ejercicio 2025 con una facturación de 4 millones de euros, entre ingresos por ventas y subvenciones (que han sido muchas y variadas, incluyendo de la Unión Europea), aunque la idea es que en 2026 el negocio llegue a los diez millones de euros y que, en un plazo de cinco años, las ventas se sitúen entre los 100 y los 150 millones de euros.
Para eso, la empresa está embarcada en un plan de negocio que tiene como finalidad multiplicar su capacidad de producción para hacer frente a los pedidos que ya están en puertas y en un proceso de ampliación de capital con el que quieren captar diez millones de euros que les permita pisar el acelerador.
Las instalaciones actuales, que se han quedado pequeñas, se van a sustituir por otras con cinco veces más de superficie y la plantilla, que ahora no llega a la veintena de trabajadores, pasará a 50 con la meta de fabricar en serie sus plantas de tratamiento.
Todo eso pasará, cuenta Susana García, en un año 2026 que la compañía espera frenético y decisivo.
Actualidad Económica // elmundo

