Explica Domènec Torrent, ayudante de Pep Guardiola en el Manchester City hasta 2018, que Vincent Kompany ( Vinny para los amigos), ahora entrenador de un Bayern Munich que amenaza el Bernabéu y antes central solvente de aquellos que perseguía a los técnicos para que le explicaran el porqué de las cosas y quien no salía del despacho del de Santpedor, que un día casi se asfixia en la sauna del Etihad. Allí entró tan tranquilo cuando se topó con el belga (Bruselas, 1986), pero tuvo que salir por patas porque el calor empezaba ya a incomodar y Kompany, enfrascado en debates futbolísticos, no hacía ademán de detenerse. “Habla cinco idiomas, es listo e inteligente y lo que buscaba era aprender. Hablábamos mucho de fútbol, venía a buscarme en los desayunos o en las comidas y preguntaba y preguntaba”, insiste.
Vincent Kompany, el central que no paraba de preguntarle a sus entrenadores, es el técnico de moda en Europa con su estilo arrollador y su personalidad al mando de un equipo que no pierde
Explica Domènec Torrent, ayudante de Pep Guardiola en el Manchester City hasta 2018, que Vincent Kompany ( Vinny para los amigos), ahora entrenador de un Bayern Munich que amenaza el Bernabéu y antes central solvente de aquellos que perseguía a los técnicos para que le explicaran el porqué de las cosas y quien no salía del despacho del de Santpedor, que un día casi se asfixia en la sauna del Etihad. Allí entró tan tranquilo cuando se topó con el belga (Bruselas, 1986), pero tuvo que salir por patas porque el calor empezaba ya a incomodar y Kompany, enfrascado en debates futbolísticos, no hacía ademán de detenerse. “Habla cinco idiomas, es listo e inteligente y lo que buscaba era aprender. Hablábamos mucho de fútbol, venía a buscarme en los desayunos o en las comidas y preguntaba y preguntaba”, insiste.
Valga la anécdota para situar a uno de los entrenadores con más proyección de Europa, que ha transformado en un año al Bayern en una “máquina que cuida todos los detalles, donde todos se esfuerzan por el compañero y con un ataque desequilibrante”, añade Dévy Rigaux, director deportivo del Brujas, que lo sufrió este curso en la Champions (4-0). Solo han perdido dos partidos (Arsenal y Augsburgo) y son favoritos a todo, incluso a asaltar a un Real Madrid ciclotímico. Álvaro Arbeloa también se rinde al belga: “Kompany tiene merecido cada uno de los elogios porque está haciendo un trabajo tremendo en el Bayern de Munich”.
Hay entrenadores que lo han tenido todo a mano y otros que se han buscado la vida desde niños, como Kompany, natural de Uccle, uno de los 19 municipios de Bruselas, hijo de un inmigrante congoleño (su padre le hace de representante) y de madre belga, víctima de una larga enfermedad y fallecida en 2007, cuando el jugador del Hamburgo por aquel entonces contaba con 21 primaveras. Ella, “casi comunista”, fue la que le inculcó su pasión por el aprendizaje (“si hubiera querido vender droga, solo tenía que bajar a mi calle y podría haber entrado en una banda”, dijo en The Guardian) y por eso Kompany se licenció en Administración de Empresas por la Manchester Bussines School. En el discurso de graduación pronunció: “Sigue educándote, sigue aprendiendo para ser el dueño de tu propia vida”.
El Bayern es una máquina que cuida los detalles y donde todos se esfuerzan”
Y Kompany se lo tomó al pie de la letra. Fue nombrado mejor jugador de la Premier en 2012, donde llegó a ser una institución y su estatua luce en los exteriores del estadio del City. Allí, el futbolista vivió sus mejores años (jugó once temporadas): se casó, se sacó la carrera y se empapó de fútbol con tipos como Manuel Pellegrini y especialmente Pep Guardiola. Ya le veían madera de “líder” y de “entrenador”, hombre de convicciones y personalidad que incluso le cambió de fecha un entrenamiento al técnico catalán a su llegada. Pero Kompany quiso volar solo y regresó al Anderlecht en 2019.
Después de su aventura en el Burnley, Karl Heinze Rummenigge telefoneó al propio técnico del City para pedirle opinión sincera por Kompany, y el de Santpedor no vaciló en aconsejarlo. Y acertó, visto lo visto; al menos en Munich, tras las dudas iniciales, están encantados con sus resultados y su personalidad. “Muchos están desarrollando más potencial bajo su dirección. Es muy exigente. Eso es muy bueno para nosotros como club. Se siente como una gran época para nuestro entorno y todos vienen contentos”, explicó ayer en una entrevista en As Serge Gnabry.
Pero si hay un momento que define a este joven técnico que se resistió a hablar alemán aunque sabía (le unen a Flick muchas cosas) fue su reacción al supuesto insulto de Prestriani a Vinícius en el Benfica-Real Madrid. “Mourinho cometió un grave error, eso no es buen liderazgo”, dijo abiertamente en un discurso de ocho minutos en el que habló de racismo, de la vida y del papel del fútbol en esta lacra. Habló con conocimiento de causa, lo vivió en la calle, y dio la vuelta al mundo.
Esperamos al mejor Real Madrid, pero nosotros estamos muy preparados”
Amante del juego ofensivo y del compromiso defensivo de todos los jugadores, Kompany no ocultó su sonrisa en la sala de prensa del Bernabéu, ayer, aunque no confirmó que Harry Kane podría estar en el equipo (“todos sabemos lo importante que es el partido, pero lo discutiremos”). “Jugaría hasta en silla de ruedas”, se atrevió a añadir Kimmich. Un Kompany que no dio pistas al ser preguntado sobre Mbappé y Vinícius, ni tampoco sobre el factor emocional del Bernabéu (“nosotros tenemos mucha experiencia”, añadió). Lanzó flores a su equipo, al aprendizaje de estos meses (“estamos preparados, mejor que el año pasado, esperamos también a la mejor versión del Real Madrid”). El técnico reiteró lo de ser uno mismo y no centrarse en el rival, aunque entiende que los “detalles” decidirán. Es tanta su aura que los periodistas le hacen preguntas sobre la vida. “¿Qué le aconsejarías a alguien si falla?”, le espetaron. “Quizás es un cliché. Todos fallamos. Es importante el entorno, rodearte de buena gente…”. Ahora ya no es él quien hace las preguntas. Ni en el césped ni en la sauna.
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