La noche que tembló Kyiv

El perro callejero que entraba y salía cada cierto tiempo de la estación de metro de Kontraktova ploshcha, en el central barrio de Podil, era el termómetro perfecto para entender cuándo se intensificaban los ataques que lanzó Rusia en la madrugada de domingo sobre Kyiv y que es uno de los más duros, sino el mayor, de lo que ha lanzado contra la capital ucraniana desde el comienzo de la invasión en febrero de 2022.

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 La capital ucraniana sufrió la madrugada del domingo uno de los mayores ataques en los cuatro años de guerra  

El perro callejero que entraba y salía cada cierto tiempo de la estación de metro de Kontraktova ploshcha, en el central barrio de Podil, era el termómetro perfecto para entender cuándo se intensificaban los ataques que lanzó Rusia en la madrugada de domingo sobre Kyiv y que es uno de los más duros, sino el mayor, de lo que ha lanzado contra la capital ucraniana desde el comienzo de la invasión en febrero de 2022.

Cuando el cielo tronaba, el animal se abría paso en quienes estaban sentados en las escaleras y bajaba corriendo hasta el corredor central, la parte más profunda de la estación. A esa hora decenas de personas de todas las edades, muchos con sus animales, habían buscado refugio en el lugar alarmados por la advertencia que había hecho horas antes el presidente Zelenski de que Moscú podría lanzar el misil hipersónico Oréshnik, que no puede ser detenido por ninguna batería antiaérea.

A lo largo de la noche las estaciones de metro se fueron llenando, incluso con los más reacios a dejar sus casas

Este temor se había ido intensificando con el pasar de la noche cuando los drones, pero especialmente los misiles sacudían los edificios y dejaban destrucción a su paso. En los canales de Telegram, donde se actualizan noticias sobre los ataques, iban apareciendo poco a poco fotos o videos de grandes explosiones en distintos lugares. Todos dejaban grandes llamaradas y columnas de humo.

Aseguraban, incluso, que el Oréshnik había caído en la población de Bila Tserkva, al sur de la ciudad de Kyiv. Esta sería la tercera vez que Moscú utiliza este misil en los últimos años.

“Mira el incendio en el mercado Lukianivska”, le señalaba Marina, a su marido que a su vez observaba el combate del boxeador e ídolo ucraniano Oleksandr Usyk que a esa hora peleaba para conservar el título de campeón mundial de peso pesado en Guiza, Egipto. “Sé que ahora mismo hay ucranianos en refugios antiaéreos; mi hija también, desde un refugio, me envió un mensaje que decía: ‘Papá, te quiero, ganarás’”, dijo Usyk después de la victoria.

Para entonces, alrededor de las tres de la mañana, más y más personas se acumulaban en este y otros refugios de la ciudad. Las explosiones no solo eran mayores, también se hablaba de heridos y múltiples edificios dañados, incluido el famoso mercado al que se refería Marina, que estaba totalmente en llamas. La estación de metro cercana del mismo nombre también sufrió impactos y se reportaba que el techo tenía daños, lo que agravaba la tensión entre quienes buscaban protección en los subterráneos.

Al final terminarían por ser más de 600 drones y 90 misiles de diferentes clases. “Yo casi nunca vengo al metro, pero hoy no podía estar en casa, estoy muy nerviosa”, contaba Irina, una arquitecta de 36 años que bajó con sus dos perros a los que acomodó sobre una manta. Ella intentaba descansar en una silla de camping en la parte alta de las escaleras mecánicas. Los tres estaban tranquilos, como el resto, cuando sonó una gran explosión en la parte superior que los levantó.

Desde lo más profundo se oyó como caían las vidrieras. El primero en bajar corriendo fue el perro callejero. Minutos después empezaron a entrar decenas de personas con los ojos desorbitados, la mayoría en pijama. Los niños envueltos en cobijas. “Cayó en el Museo de Chernóbil”, advirtió uno de los que entró. Es decir, había caído en el corazón de Podil como se pudo comprobar cuando el peligro disminuyó.

Un misil había alcanzado la manzana donde se ubican el museo que recuerda la tragedia de la planta nuclear de la que este año se conmemora su 40.º aniversario y el edificio administrativo de los servicios de rescate de Ucrania, es decir los bomberos y rescatistas que todos los días salvan a los ucranianos en cada rincón del país.

Una humareda dominaba el sector y varios carros de bomberos intentaban apagar el fuego. Todos los vidrios de edificaciones en las calles siguientes estaban quebrados, muchos edificios no tenían puertas porque el impacto de la explosión las había hecho volar por los aires, como los de esta corresponsal que vive enfrente del edificio. La onda de la explosión fue tan fuerte que las ventanas salieron de su marco.

“Solo en Kyiv, unos 30 edificios han sufrido daños o han sido destruidos”, aseguró Zelenski, que ayer en la mañana visitó este lugar y otros como el Museo Nacional de Arte de Ucrania, ubicado en el Maidan de Kyiv, también alcanzado por un misil. Las autoridades hablan de dos muertos y 36 personas heridas, incluido dos niños.

Al caer la tarde los bomberos seguían trabajando al igual que los voluntarios que corrían para que ninguna ventana se quedara sin tapar. Y es que después de una de las noches más oscuras que recuerde Kyiv, la ciudad ha demostrado una vez más que sigue luchando. Era así como decenas de personas hacían fila frente a un café que había sido inaugurado un día antes y estaba sin una sola cristalera en pie.

“No nos dejaremos vencer a pesar de lo duro que es este momento”, decía Dimitri un empresario que ayer reparaba su oficina.

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