La kriptonita de Juanma Moreno

Durante casi 40 años Andalucía era considerada un feudo socialista. Parecía una enorme fortaleza inexpugnable. Los socialistas lograron mimetizarse con el paisaje de forma prodigiosa al identificar su marca con la construcción de la autonomía y el refuerzo de una identidad andaluza a principios de los años 80. El llamado “voto cautivo” hizo el resto: durante mucho tiempo el PSOE fue hábil atribuyéndose la concesión de ayudas agrícolas y la implantación de los servicios públicos. Todo ello le reportó una estabilidad política inapelable. Ahora es una de las pocas autonomías en las que el PP gobierna con mayoría absoluta, en un tiempo en que ese logro es una rareza. ¿Se ha vuelto Andalucía de derechas?

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 Hoy empieza la campaña electoral andaluza y el PP es el partido hegemónico indiscutible. ¿Era Andalucía de izquierdas y ahora se ha vuelto de derechas?  

Durante casi 40 años Andalucía era considerada un feudo socialista. Parecía una enorme fortaleza inexpugnable. Los socialistas lograron mimetizarse con el paisaje de forma prodigiosa al identificar su marca con la construcción de la autonomía y el refuerzo de una identidad andaluza a principios de los años 80. El llamado “voto cautivo” hizo el resto: durante mucho tiempo el PSOE fue hábil atribuyéndose la concesión de ayudas agrícolas y la implantación de los servicios públicos. Todo ello le reportó una estabilidad política inapelable. Ahora es una de las pocas autonomías en las que el PP gobierna con mayoría absoluta, en un tiempo en que ese logro es una rareza. ¿Se ha vuelto Andalucía de derechas?

El PP empezó a introducirse en esa comunidad en la época de José María Aznar, primero ganando algunas alcaldías de capitales de provincia. Los populares entraron aupados por un voto más bien urbano. A medida que el peso de las ciudades medianas y del sector de los servicios (el caso de Málaga es paradigmático) ha ido ganando peso, esa tendencia se ha acentuado. Después llegó la crisis del bipartidismo y Ciudadanos logró una nada desdeñable implantación en territorio andaluz. El giro hacia una derecha moderada se fue haciendo realidad y el desgaste de tantos años de gobierno del PSOE junto con los casos de corrupción, en especial el de los ERE, además del frenazo económico, acabaron por decantar la balanza en 2018, cuando Susana Díaz fue desalojada del Palacio de San Telmo.

El equipo de Moreno Bonilla toma como referencia las formas moderadas de Illa

No era Díaz, ni tampoco sus antecesores, José Antonio Griñán o Manuel Chaves, personajes que tendieran hacia un PSOE muy escorado a la izquierda. Al contrario. Todos esos indicios llevaron al candidato del PP, Juanma Moreno Bonilla, a trabajarse un perfil moderado, que evita la crispación y el choque agrio. Hoy en día, el equipo de Moreno suele fijarse en los discursos y movimientos del actual líder del PSC, Salvador Illa, que también se ha forjado un talante político que huye de las estridencias y el ruido. La apuesta del líder andaluz ha resultado un éxito.

Se trata de algo así como un centrismo andalucista que no es más que continuidad del que practicaba el PSOE en esa comunidad y que atrae a un voto que, por encima de todo, busca estabilidad y una gestión razonablemente correcta. Los presidentes andaluces evitan los conflictos demasiado subidos de tono con el Gobierno central. Eso no significa que no reclamen “deudas históricas” en financiación u otras exigencias cuando no coinciden las siglas políticas del gobierno andaluz y el central, pero no se busca un choque constante y una permanente presencia en la política española. La actitud conciliadora de Moreno Bonilla con el Gobierno central a raíz del accidente ferroviario de Adamuz es muy reveladora en este sentido. El votante andaluz parece preferir en su mayoría menos dosis de doctrina ideológica. Aunque es probable que se apunte al discurso de rebajar impuestos, también defiende con énfasis la sanidad y la educación públicas.

Haber sabido captar esa idiosincrasia sociológica ha sido un mérito indiscutible del actual inquilino de la Junta, de la misma forma que adoptar un perfil completamente opuesto constituye el motivo del éxito de Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Hubo un tiempo en el que el PP presumía de decir lo mismo en cualquier punto de España, pero al final se ha adaptado como un guante a la diversidad territorial, salvo en dos casos, el vasco y el catalán, donde sigue sin dar con una tecla que le garantice una aspiración hegemónica.

Quiso el calendario electoral que Andalucía fuera la primera comunidad en vivir la entrada de Vox en una institución relevante, su parlamento autonómico. Pese al ascenso del partido de Santiago Abascal, Moreno Bonilla mantiene opciones de renovar la mayoría absoluta, aunque sufra un ligero desgaste, influido probablemente por episodios como el de la grave crisis de los cribados del cáncer de mama. Aun así, las encuestas atribuyen al candidato popular más del 40% de los votos y aprobados holgados en las valoraciones de liderazgo. El PP necesita que sea en Andalucía donde se cierre el ciclo ascendente de Vox. En Castilla y León ese partido creció hasta rozar el 20%, si bien no tanto como en otros territorios porque allí ya partían de un suelo muy alto. A raíz de ese resultado, el PP ha abonado la tesis de que Vox ha tocado techo.

Vox aspira a hacer pasar a Moreno por el mismo suplicio que a Guardiola en Extremadura y arrebatarle el pedigrí centrista

Dicho de otra forma, que Moreno Bonilla pierda la mayoría absoluta este 17 de mayo es una pieza de caza mayor para Abascal, que le haría pasar por el mismo suplicio que a María Guardiola en Extremadura para arrebatarle algunos jirones de pedigrí centrista, la kriptonita que le da sus superpoderes. La dirección nacional del PP no quiere levantar demasiadas expectativas sobre el resultado electoral, pero confía en que el presidente andaluz no necesite de Vox para gobernar. Si Moreno Bonilla revalidara su mayoría absoluta sería una magnífica noticia para Alberto Núñez Feijóo por diversos motivos que van más allá de Andalucía.

No solo se consolidaría el granero de votos populares de cara a las generales (Andalucía cuenta con casi siete millones de electores), sino que quedaría demostrado que se puede ganar a Vox desde posiciones moderadas, sin necesidad de escorar el ideario ni las formas hacia la extrema derecha. La cereza del pastel para Feijóo sería un PSOE trinchado en la comunidad más poblada y nada menos que con la número dos del partido y mano derecha de Pedro Sánchez como candidata a la Junta. Un marco inmejorable para las próximas contiendas electorales, sean generales o municipales. Porque el PP sigue convencido de que Sánchez tendrá que adelantar las elecciones ante la presión de los casos judiciales en curso.

La irrupción de la hasta hace poco vicepresidenta y ministra de Hacienda en la batalla andaluza ha movilizado el voto fiel del PSOE, pero a Montero le cuesta entrar en esa franja del centro que puede decantarse por ambos partidos principales o quedarse en casa. El PSOE, según las encuestas, retiene alrededor de tres de cada cuatro votantes del 2022, pero al mismo tiempo tiene un elevado número de indecisos. Aunque Montero logre mejorar los resultados socialistas, lo haría sobre los peores de su historia, a años luz del PP. Para Feijóo, presentar a la más entregada de las dirigentes sanchistas como un fracaso será una tentación irresistible.

A la izquierda del PSOE se ha logrado confeccionar una precaria alianza entre el polo alrededor de IU y Sumar por un lado, y el de Podemos por otro. La coalición, bautizada Por Andalucía y encabezada por Antonio Maíllo, compite en ese espacio con Adelante Andalucía, el partido nacionalista de izquierdas que fundó Teresa Rodríguez y que sigue la estela del BNG en Galicia, Bildu en Euskadi o ERC en Catalunya. Las encuestas indican que sus dos diputados actuales podrían convertirse en seis. Algo similar a lo que ocurrió en Aragón con el resurgir de la Chunta Aragonesista (CHA), que pasó de tres a seis. Ante la falta de un referente claro, compacto e ilusionante a la izquierda del PSOE, se está produciendo un voto refugio de ese electorado hacia fuerzas con arraigo en su territorio. Pero ese fenómeno está pasando en la izquierda. En el centro derecha no funcionó así en Aragón, donde el PAR ha desaparecido en las últimas elecciones. Junts también sufre un descenso en las encuestas y el PNV parece estabilizado, aunque sufre la presión de Bildu.

Andalucía y Catalunya. Feijóo podría garantizarse el granero andaluz, con un censo de 6,8 millones de electores, además de un extenso poder territorial, mientras a Sánchez prácticamente solo le queda un feudo importante: Catalunya, con 5,7 millones de votantes. Habrá concluido este semestre de elecciones regionales encadenadas y nos adentraremos en la larga campaña hacia las generales.

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