Llegó a Madrid en el 2009 previo pago de cuatro millones al Liverpool. Jugó 30 partidos (salió en la foto del Alcorconazo que dinamitó a Manuel Pellegrini) y recibió con los brazos abiertos al nuevo entrenador. Álvaro Arbeloa conoció a Jose Mourinho en julio del 2010 en plena hegemonía del FC Barcelona de Pep Guardiola que ya acumulaba dos Ligas y una Champions, y acabó tres años después convirtiéndose en el soldado más fiel del técnico portugués. Era un Madrid dominado por Jorge Mendes –que representaba al propio técnico, a Cristiano Ronaldo, Pepe, Carvalho, Coêntrao y Di María (la mitad de la alineación)– que generaba una dicotomía en el vestuario. Estaban los irreductibles y los suspicaces, aunque todos seguían al técnico portugués por mucho que le pusiera la cruz a Iker Casillas. Arbeloa era el primero en la lista de los irreductibles no representado por Mendes, y ese amor en territorio comanche generó devociones. “Mourinho sentó las bases de todo”, dijo, citando a Zinédine Zidane y Carlo Ancelotti, ganadores de tres Champions cada uno. “Es ‘uno di noi”, replicó.
La visita a Lisboa es el reencuentro entre Mourinho y su soldado más fiel, Álvaro Arbeloa, que sigue confesando devoción por el técnico portugués
Llegó a Madrid en el 2009 previo pago de cuatro millones al Liverpool. Jugó 30 partidos (salió en la foto del Alcorconazo que dinamitó a Manuel Pellegrini) y recibió con los brazos abiertos al nuevo entrenador. Álvaro Arbeloa conoció a Jose Mourinho en julio del 2010 en plena hegemonía del FC Barcelona de Pep Guardiola que ya acumulaba dos Ligas y una Champions, y acabó tres años después convirtiéndose en el soldado más fiel del técnico portugués. Era un Madrid dominado por Jorge Mendes –que representaba al propio técnico, a Cristiano Ronaldo, Pepe, Carvalho, Coêntrao y Di María (la mitad de la alineación)– que generaba una dicotomía en el vestuario. Estaban los irreductibles y los suspicaces, aunque todos seguían al técnico portugués por mucho que le pusiera la cruz a Iker Casillas. Arbeloa era el primero en la lista de los irreductibles no representado por Mendes, y ese amor en territorio comanche generó devociones. “Mourinho sentó las bases de todo”, dijo, citando a Zinédine Zidane y Carlo Ancelotti, ganadores de tres Champions cada uno. “Es ‘uno di noi”, replicó.
No lo conozco como entrenador; es mi niño, no es mi ex jugador, es alguien especial”
Hoy (21 h) se verán las caras en el Estadio da Luz de Lisboa, en un Benfica-Real Madrid en el que los portugueses deben ganar para pasar la liguilla y el equipo blanco hacer lo propio para mantenerse en el top 8. Hay que rebobinar para entender sus elogios. “Mi querido y admirado Mou”, resumió el propio Arbeloa en una entrevista en Marca en el 2016 horas antes de su despedida en el Bernabéu.
No lo conozco como entrenador; es mi niño, no es mi exjugador, es alguien especial”
Para combatir con un equipo sinfónico y dominador como aquel Barça, Mourinho, quien siempre ha sabido nadar mejor contracorriente, necesitaba gladiadores que le siguieran en sus cruzadas. Dentro y fuera del campo. No es de extrañar que Arbeloa, 15 años después de aquello, sea fiel al discurso de Florentino Pérez como en su día lo fue al de Mourinho. “Está en el podio de los jugadores más comprometidos que he entrenado”, dijo el técnico portugués en una carta en el 2016, cuando el lateral derecho se despidió del Real Madrid.
No me perdí la rueda de prensa de Mourinho, siempre veíamos todas en el vestuario”
Ayer, desde la sala de prensa de Da Luz, siguió en sus trece. “No puedo analizarlo como entrenador porque no le conozco”, introdujo. “Es mi niño, no es mi exjugador, es alguien especial”, añadió el portugués.
Esa sintonía es mutua. Arbeloa, que para Mourinho no fue un gran jugador pero sí “una gran persona”, respondió en una entrevista en El Chiringuito que era “mourinhista”. Preguntado sobre el término, lo definió así: “Una manera de hacer las cosas, ir de frente, no tener miedo a decir las cosas ni a ser como tú eres. Sí, intento ser lo más mourinhista posible”. Para Arbeloa, eso es ser sincero, tribal. E intenta aplicar esa máxima en su estilo en el Real Madrid después de tres victorias seguidas que han apaciguado las aguas en el entorno.
El técnico del Benfica, como hace Arbeloa, siempre defendió a sus jugadores (hay excepciones como Casillas o Pedro León) y cargó con la presión en una sala de prensa en la que, como bautizó Guardiola, “es el puto amo”. “No me perdí la rueda de prensa de Mourinho, siempre veíamos todas en el vestuario”, se sinceró Arbeloa, explicando que aquella etapa que hoy rememora fue mucho más que una rivalidad.
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