El grueso de la armada estadounidense ya se encuentra en aguas del golfo Pérsico, a distancia de fuego de Irán. Después de una oleada de protestas histórica en la República persa, el régimen de los ayatolás se prepara para responder en caso de un ataque por parte de Washington.
El rial iraní alcanza un mínimo histórico mientras el gobierno persa asegura estar “preparado” para la guerra
El grueso de la armada estadounidense ya se encuentra en aguas del golfo Pérsico, a distancia de fuego de Irán. Después de una oleada de protestas histórica en la República persa, el régimen de los ayatolás se prepara para responder en caso de un ataque por parte de Washington.
Según la oenegé con sede en Estados Unidos Human Rights Activists News Agency (HRANA), los disturbios que se esparcieron por todo Irán a principios de este mes dejaron al menos 6.126 fallecidos, aunque otras estimaciones elevan ese número hasta 30.000 muertes en dos semanas. La organización también ha informado de 41.880 detenciones, aunque matiza que la recolección de datos es complicada por el corte general de internet impuesto por el gobierno el día 8 de enero.
El presidente Donald Trump amenazó con intervenir en Irán en apoyo a los manifestantes; unos días después descartó un ataque inminente y declaró que sus homólogos persas estaban dispuestos a negociar. A pesar de que las manifestaciones han cesado, la Casa Blanca ha enviado su flota militar a la región.
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El portaviones USS Abraham Lincoln, escoltado por tres buques de guerra equipados con misiles Tomahawk, llegó al mediodía del lunes a la llamada “área de responsabilidad” del Mando Central en el océano Índico occidental. En cuestión de días podría lanzar ataques sobre la infraestructura iraní si Trump da la orden. El refuerzo armado también incluye una docena de aviones F-15, que prevén reforzar la capacidad defensiva.
El presidente mantiene versiones contradictorias sobre la posibilidad de una ofensiva en el país persa. Este martes alertó de que EE.UU. tiene “una gran armada cerca de Irán. Más grande que en Venezuela”, en alusión a las operaciones estadounidenses que llevaron a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro a comienzos de enero.
Pocas horas después, cambió de versión y aseguró que aún hay posibilidad de diálogo: “Quieren llegar a un acuerdo. Lo sé. Han llamado en numerosas ocasiones. Quieren hablar”. Al mismo tiempo, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí se han opuesto a que se lancen ataques desde las bases de EE.UU. en sus países.
Teherán no se ha amedrentado ante el despliegue militar norteamericano. Lejos de ello, el régimen de los ayatolás asegura estar “totalmente preparado” para un escenario bélico. “En medio de estas amenazas, escuchamos los tambores de guerra resonando en la prensa extranjera”, dijo la portavoz del gobierno, Fatemeh Mohajerani, en una conferencia de prensa en Teherán. “No es la primera vez que nos enfrentamos a una amenaza de este tipo. Anteriormente hemos soportado una guerra en múltiples etapas”.
El gobierno ha conseguido aplacar el grueso de las protestas. El portavoz rebajó la cifra de fallecidos a 3.000 y redirigió las culpas de los disturbios a “terroristas armados y alborotadores”, a los que vincula directamente con EE.UU. e Israel, los principales enemigos del poder persa.
El rial iraní se hunde mientras la inflación aumenta la presión sobre el régimen
Sin embargo, la situación económica en Irán —motivo principal del malestar social— continúa agravándose y añadiendo presión interna a un país enterrado en sanciones internacionales. La divisa iraní cayó el martes a un nivel récord de 1.500.000 riales por dólar estadounidense, según algunas web iraníes que hacen un seguimiento de las divisas. En total, el rial ha perdido más de un 5 % de su valor durante el mes de protestas.
El recién nombrado gobernador del Banco Central de Irán, Abdolnaser Hemmati, declaró el martes que “el mercado de divisas sigue su curso natural”. Como medida inmediata, el gobierno ha substituido las tasas de cambio preferenciales para importadores por transferencias directas a los ciudadanos, con el objetivo de aumentar su poder adquisitivo en bienes esenciales.
A pesar de esta medida, la inflación mensual para los hogares sigue en aumento, alcanzando un 60 % interanual entre el 21 de diciembre y el 19 de enero, según datos del Centro de Estadística de Irán. La economía digital del país también se ha visto golpeada por un apagón de internet impuesto desde el 8 de enero, que aún persiste en gran medida. Un portavoz del gobierno reconoció que, aunque se prefiere un acceso libre a la red, mantendrán las restricciones por motivos de seguridad nacional.
Hizbulah y los hutíes, dispuestos a defender a Irán en caso de un ataque estadounidense
Washington ha sido informado de la debilidad del régimen, en el poder desde la revolución islámica de 1979, que acabó con el reinado del sha. Según The New York Times, Trump tiene sobre la mesa informes de inteligencia que certifican la crisis interna de los ayatolás y que podrían propiciar un ataque.
Pero Irán no es Venezuela, y cuenta con una red de aliados en toda la región, que durante los dos últimos años han sido claves en su conflicto indirecto con Israel. La milicia chií Hizbulah —ausente en la guerra irano-israelí de los 12 días en junio pasado— ha anunciado que, en esta ocasión, se uniría a la contienda.
El secretario general del grupo armado, Naim Qásem, advirtió el lunes que el grupo “no permanecerá de brazos cruzados ante ningún ataque contra Irán”. Según el clérigo, un ataque contra el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, significaría “la eliminación de la estabilidad y del statu quo en la región y en el mundo”. Los hutíes de Yemen, aliados de Teherán, también han prometido actuar y volver a bloquear las aguas del golfo Pérsico, como ya hicieron durante los dos años de guerra en la franja de Gaza.
Toda la región aguanta el aliento ante la decisión de Trump, que tiene la capacidad de incendiar una de las zonas más conflictivas del mundo.
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